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La Historia del Hospital Argerich
Roberto Litvachkes
robertolit1@yahoo.com.ar

CAPITULO 1
Los comienzos de la medicina o algo parecido en el Virreynato del Río de la Plata. 

La idea de hospitales como lugar de atención de los enfermos no tiene un significado unívoco, ni siquiera será igual en el Viejo Continente que en las nuevas regiones de América, así que para entender un poco mejor el sentido y funciones del Hospital moderno y como estas fueron cambiando a medida que la sociedad también cambiaba decidimos empezar con un breve recorrido por la historia de la ciudad de Buenos Aires.

Sucede que, en 1536, Pedro de Mendoza se pone de acuerdo con el Rey de España y decide venir a estas tierras a fundar la ciudad de Santa María de los Buenos Aires , trae a Hernando de Zamora, médico personal del adelantado quien se decía cirujano de su majestad, ser cirujanos en esa época no era garantía de nada, digamos que ahora tampoco pero en esa época menos, había Doctores recibidos en prestigiosas universidades europeas pero no era este el caso de los primeros cirujanos que vinieron a estas tierras.
Mendoza le promete fama y fortuna, pero como Zamora no se decide le ofrece también 50.000 maravedíes como honorarios, no hubo ni lo uno ni lo otro y el pobre Dr. Zamora se pasó años reclamando su dinero a quien quisiera escucharlo pero con escasa suerte.
Por lo que sabemos don Pedro de Mendoza, el 2 de febrero de 1536, funda la Ciudad de Santa María de Buenos Aires, muy cerca de la Boca, se cree que se asentó en la zona cercana a Parque Lezama, así que es razonable pensar que habrá pisado los terrenos del hospital hace mas de 400 años y que Mendoza habrá quedado bastante preocupado ya que el mismo todavía no estaba construido y era bien poca la confianza que este tenía sobre su médico personal. Esta situación, la naturaleza poco amigable de los indios y seguramente las discusiones con su "médico" minaron su salud. Y como cinco siglos era mucho tiempo para esperar un turno en el Argerich decidió volver a España, cosa que hizo apenas a tiempo para morir.
Otros médicos que también hubo en la zona fueron Sebastián León y Blas de Testanova : no queda claro si vinieron a ejercer el arte de curar o en pos de fortuna y aventura, ya hay testimonios de sus quejas por la miseria que que pasaban, es probable que hayan pensado que muy rápidamente se harían de oro y plata pero esta no era la realidad del Río de la Plata, y al igual que sus potenciales pacientes debían tomar la azada y la espada para sobrevivir mientras hacían uno que otro sangrado y ponían unas que otras ventosas, es de creer que al poco tiempo tomaban conciencia estos viajes al nuevo mundo eran un desafío en el que muchas veces se perdía la vida.
Pues bien, como es sabido, Mendoza regresa a España y sus hombres se dispersan principalmente hacia el norte así que su esfuerzo ha terminado en un fracaso.
Tanto Pedro de Mendoza como su predecesor harán acuerdos con el Rey que se llamaban Capitulaciones, por medio de las mismas el Rey autoriza la realización de la expedición, da al responsable el poder y autoridad para realizarla, le indica los límites de su poder y que actos deberá cumplir durante su tarea. Así mismo se fijaban porcentajes de las utilidades que habría para cada uno pero quedaba claro que el expedicionario y sus hombres arriesgaban su capital y sus vidas y si no conseguían o conquistaban nada, nada ganaban y nada se llevaban más debían pagar todos los gastos ocasionados por la aventura.
En líneas generales eso dicen las capitulaciones, mas allá de una serie de indicaciones y ordenes que se cumplían y controlaban de acuerdo a las circunstancias.
A Juan de Garay le corresponde el segundo intento, como veremos hay una serie de ordenanzas y decretos sobre el establecimientos de hospitales a fin de brindar asistencia a pobres y necesitados, Angel Jankilevich, merced a un riguroso trabajo de investigación ensaya una explicación de lo sucedido y porqué Buenos Aires tarda en tener su hospital.

"...llama la atención que un fundador de pueblos como Garay, no hubiera traído algún licenciado, cirujano o sangrador, cuanto menos civil o religioso, ya que algunos misioneros ejercían la medicina con verdadero acierto, tampoco hubo sacerdote alguno destinado a la nueva población, nació pues la ciudad de Buenos Aires, sin tener médicos, boticario, ni cura, trinidad infaltable en todo pueblo de habla hispana. "
" Ley 1 de las Leyes de Indias del 7 de Octubre de 1541
Que se funden hospitales en todos los pueblos de Españoles e Indios.
Encargamos y mandamos a nuestros Virreyes, Audiencias y Gobernadores, que con especial cuidado provean, que en todos los pueblos de Españoles e Indios de provincias y jurisdicciones, se funden hospitales donde sean curados los pobres enfermos, y se ejercite la caridad cristiana...".

En los comienzos de 1580 Juan de Garay intenta una nueva Fundación, no trae médicos, pero cuando ordena la ciudad en manzanas elige una para un futuro hospital. Este hospital va a estar regido por el Cabildo por administradores nombrados por el Cabildo y a pesar de que las órdenes para construir hospitales eran órdenes reales quienes eran responsables económicos de su construcción y mantenimiento eran los pobladores a través del órgano de gobierno de ellos o sea el Cabildo.
Llama la atención la similitud con la época actual en cuanto a responsabilidades y organización médica de la Ciudad, y no es esto un juicio de valor, solo una observación sobre un hecho que por lo menos debería mover a la reflexión.
Esto da a lugar que; al ser pequeña las cantidades de vecinos, a que la salud era relativamente buena, a que los recursos eran escasos y a que las costumbres hacían que fuese suficiente con algún "médico" que concurriera a la casa del enfermo a realizar curaciones que no se sentía la necesidad imperiosa de construir el hospital.


Para los vecinos: los cirujanos. Para los humildes y necesitados...

" El 11 de Noviembre de 1614, con motivo del solemne traslado de la imagen del Santo de San Martín desde la Iglesia Mayor hasta el hospital, situado en el cruce de las actuales calles México y Defensa ( en la manzana que completaban Balcarce y Chile) se inaugura oficialmente el Primer Hospital de Buenos Aires, para beneficio de los 930 habitantes con que contaba la ciudad en eso momento..."

Así que finalmente se designa un hospital, aunque sea en otra manzana de la acordada inicialmente.
En la misma época el Cabildo contrata con una muy buena asignación a Manuel Álvarez como "zurujano" de los españoles ya que esta tarea las personas pudientes preferían que se realizara en sus casas. El hospital estaba pensado como lugar de estadía de soldados heridos, pobres, indios o enfermos que carecían de sustento, pero en todo caso personas a las que no consideraban como formando parte del mismo vecindario.
Creemos que José Ingenieros, gracias al el estilo irónico de su pluma y a una excelente y bien documentada investigación hace una excelente descripción de la situación en Buenos Aires en ese momento:

" En enero de 1605, se presentó al Cabildo el sujeto Manuel Álvarez, "Médico Zurujano esamynado", ofreciendo sus servicios por un salario anual que pagarían a escote los vecinos; el Cabildo cerró con él formal contrato el 7 de marzo, obligándose Álvarez a servir "en esta ciudad a toda ella, a los vezinos y moradores y yndios esclavos dellos, en todas sus enfermedades que tubiesen de cualquier género que fuesen y sangrarlos y ventosearlos, pagándole el estipendio que buenamente fuesen para su sustento", aparte del salario anual que el Cabildo le pagaría en frutos del país (I, 120 y 127). El incauto sangrador intentó ausentarse a los dos meses, pero el Cabildo le ordenó permanecer en la ciudad, por el año de su contrata (I, 137); no lograba Álvarez cobrar su estipendio, reclamándolo en vano el 11 de julio (I, 147), y volviendo a reclamarlo el 27 de febrero de 1606 (I, 187). Desapareció de la ciudad, y en diciembre de 1608, el Procurador General pidió al Cabildo que "al vien de los vezinos y rrepública, convenía se asalariase a Francisco Bernardo Jijón, médico que reside en esta ciudad por tiempo de un año" (II, 113). A poco de atender su tareas, advirtió Jijón que le era imposible vencer la competencia de los frailes y curanderos, que le disputaban la clientela; Juan Cordero, Francisco de Villabánez, Jerónimo de Miranda y Francisco Bernardo, curaban "de zixuxía y medizina" sin haber presentado sus cartas de examen ni pedido licencia. El 30 de marzo de 1609, el Cabildo defirió a las quejas de, Jijón y los conminó a presentar sus títulos y justificaciones (II, 150). El 13 de abril exhibió Jijón los suyos, que eran muy buenos, y el Cabildo los aprobó; pero le haría poca gracia el ver que en la misma sección autorizó al "herrador y albeitar", Juan Cordero Margallo, para que "cure lamparones", enfermedad en que le consideró especialista (II, 251). Se habría marchado Jijón, que estaba en la ciudad por un año, cuando el Cabildo entró en alarmas, porque amenazaba ausentarse al Brasil el "barbero y zurujano" Antonio Navarro, desamparando a los que precisaran de sus lancetas y sanguijuelas; y en el acuerdo del 9 de enero de 1612, resolvió obligarlo a quedar, pidiendo al Gobernador que le impidiera embarcarse (II, 414). Así vivía la aldea, sin más médico ni botica que algún arribado con las tropas o en buque de registro, no hallando modo de conseguir que ninguno permaneciera; y era tal la común pobreza, que los mismos sangradores y ventoseros que por acá llegaban, huían hacia el Perú o el Brasil, en busca de mejor acomodo. Sólo curandeaba algún pícaro, y de tiempo en tiempo el Cabildo necesitaba conminar a los fingidos "zurujanos", para que presentaran sus títulos y pidiesen licencias, lo que bastaba para ahuyentarlos (III, 32).
El Hospital San Martín, formado en 1611, seguía sin enfermos y quemando cera en la capilla, consagrada a Nuestra Señora de Copa Cabana; sólo algún infeliz se atrevía a refugiarse en él, seguro de no hallar quien le asistiera, ni con qué. El vecindario creyó que mejoraría su situación cuando llegó a la ciudad un franciscano, Fray Polaino, que parecía estar examinado en medicina y cirugía, titulándose "especialista en ebacuaciones". Venía de España y pidió licencia al Cabildo para curar, la que le fue acordada el 24 de febrero de 1620; al mismo tiempo se acordó tratar con él sobre el tiempo que podría quedarse en la ciudad para asistir a los enfermos (IV, 360). Le prometieron buscar algunas limosnas "para las medicinas"; y como se cumpliría con él lo mismo que con su antecesores, Fray Polaino dejó la aldea en busca de mejor suerte."

Responsabilidad del Cabildo en el cuidado de la Salud

Los vecinos de Buenos Aires, estaban remisos a realizar los gastos que resultaban del mantenimiento de un hospital cuando los recursos y la población todavía eran escasos pero por otro lado ocuparse de la salud pública no era un tema que preocupara a la Corona.
Pero si es importante como antecedente de la situación sanitaria actual que la institución que pasaba a hacerse cargo de estos temas era el Cabildo, que no sólo no representaba a las autoridades de la Colonia sino que era el órgano de poder de los vecinos que representaba la descentralización del poder de la Corona y que incluso con el correr del tiempo la autonomía se transforma en oposición así que comienza a destituir virreyes para cambiarlos por otros y finalmente, durante los sucesos de Mayo, los cambia por un gobierno independiente de España.
En esos años el Cabildo regula con distintos individuos las autorizaciones para que estos " practiquen el arte de curar ya sea con ventosas, sangrados y otros menesteres que fueran necesarios." . Y el Cabildo debió recurrir a lo que sería una primitiva mutualización para que los vecinos aportaran una cantidad de bienes y dineros para los médicos a fin de que estos prestaran atención a ellos y sus familias.
Mientras tanto el Hospital presta atención solo con una especie de encargado o enfermero.
En 1634, con la ciudad en camino de contar con 2000 vecinos, Fray Alonso de Benavides Cadena, Vicario Provincial de la Orden San Juan de Dios, trata de llegar a un acuerdo con el Cabildo para traer religiosos al hospital a fin de mejorar las tareas asistenciales, pero la Corona le niega autorización al Cabildo para que se entregara o se construyera un nuevo Hospital con dinero de la Hacienda Real y que en todo caso encontraran la forma de mejorar la atención sin afectar sus recursos.
En 1642 se derrumba el pequeño rancho de paja y adobe donde funcionaba el Hospital San Martín y es reconstruido para uso de soldados accidentados y presos enfermos y sanos.
En 1663, con 3000 habitantes en Buenos Aires, asume José Martínez de Salazar con intenciones de cuidar los intereses de las autoridades de la Colonia luchando contra el contrabando, para esto debe acrecentar la guarnición y por lo tanto ocuparse del Hospital que formaba parte de las estructuras y necesidades militares.
Salazar escribe al Rey solicitando su ayuda para implementar una reestructuración completa de la atención sanitaria, pedía enfermeros, cirujanos y hermanos de la Orden de San Juan de Dios, quería lograr una solución más integral al problema. Pretendía transformar el Hospital Militar en General y obtener el apoyo de la población.
En su pedido detalla incluso las necesidades materiales, ( 2 cajas de medicinas y cirugía, sábanas, mantas, y el personal: un sacerdote, 2 cirujanos, practicantes y un enfermero).
En 1665 el Consejo Real le niega autorización para llevar adelante su emprendimiento, en 1667 Salazar, con el apoyo del Cabildo, insiste con un informe que sorprende con el detalle que ha planificado todos los aspectos de su propuesta.
El Consejo de su Majestad responde que no consideraba oportuno tomar ingerencia en el asunto y recomendaba resolver las cosas conforme a los propios recursos y posibilidades de la ciudad.
De allí en mas el Hospital pasaría a ser casa de religiosos y luego nuevamente hospital, de acuerdo a los gobiernos de turno de la Ciudad.
De alguna manera nos parece necesario citar estos antecedentes generales sobre los orígenes de la organización para la atención de la salud de la población y la relación de los Hospitales con la comunidad. En la etapa histórica que estamos considerando los vecinos de Buenos Aires veían en el Hospital parte del aparato y el poder colonial y de su poder económico policial al controlar el puerto, por lo que la opinión pública se sumaba a la idea de suprimirlo como institución. El Obispo de Buenos Aires en una carta de Enero de 1692 dirigida al Rey, plantea la inutilidad del hospital del cual dice los vecinos desconfían y en su defecto defiende la caridad con que se aplica la medicina casera.