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crónicas del siglo pasado

REVISTERO

LA GUERRA DE LOS PACIFISTAS
Pacifistas

 

La opción es muy simple: "Si el gobierno no detiene la guerra, el pueblo detendrá al gobierno". Embanderados tras ese lema, cien mil jóvenes antibelicistas se lanzaron en los primeros días de la semana pasada, a una decidida campaña tendiente a debilitar al gobierno de Richard Nixon y a presionar para que el Pentágono cambie su actitud frente al problema de Vietnam.

 

 

 El plan de los manifestantes -nucleados en torno a la llamada Coalición Popular por la Justicia y la Paz- era bloquear la ciudad de Washington, cortar sus accesos, impedir el tránsito por los puentes y caminos y paralizar las actividades laborales de la capital de los Estados Unidos. Pretendían así repudiar la intransigencia de la Casa Blanca en la guerra de Indochina y debilitar el poder de Nixon para que el gobierno se decida a acelerar el retiro de las tropas americanas de Vietnam. No lo lograron decidido a reprimir todas esas intentonas, el mandatario estadounidense ordenó un inusitado despliegue militar en el que intervinieron 20 mil hombres del ejército -muchos de ellos pertrechados con armas largas-, elementos de la guardia nacional, de la policía y de un cuerpo especial integrado por 2.000 infantes de marina y 4.200 paracaidistas entrenados en acciones contra disturbios.

Claro que en este caso ese despliegue de fuerza no fue, como hasta ahora, innecesario: por primera vez los antibelicistas decidieron dejar de lado sus tradicionales tácticas no violentas y enfrentaron a la policía con una ejercitada estrategia de guerrilla urbana. Se produjeron entonces numerosos choques donde los jóvenes se apalearon con las fuerzas del orden, incendiaron autos, levantaron barricadas, se burlaron de los militares y convirtieron a Washington en un campo de batalla (en las fotos se observan las escenas en que los policías castigan a los rebeldes, mientras estos se resisten, se mofan o queman automóviles).

Cuando los ánimos se atemperaron un poco, ya era para muchos demasiado tarde; apañuscados en un estadio de fútbol y en el patio de una cárcel durmiendo a la intemperie con una temperatura bajo cero, alimentándose con raciones militares, siete mil estudiantes antibelicistas. detenidos como consecuencia de los desórdenes, aguardaban las decisiones de los jueces federales. El presidente Nixon entretanto felicitaba a la policía por "su excelente comportamiento durante el curso de los acontecimientos"

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Revista Siete Días Ilustrado 1971