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crónicas del siglo pasado

REVISTERO

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Annie Besant

 

LA AUTONOMIA DE LA INDIA
"La India -dice- no es un enfermo sin voluntad; al contrario, es un gigante que empieza a despertar de su sueño letárgico"
(Revista PBT 1918)
"La India -dice- no es un enfermo sin voluntad; al contrario, es un gigante que empieza a despertar de su sueño letárgico"
(Revista PBT 1918)

 

 

 

Hace poco fue expulsada de la India la famosa teosofista Mrs. Annie Besant. Su expulsión fue debida a la intensa campaña efectuada por esta señora para conseguir el "home rule", es decir, la autonomía política de la más importante colonia británica, y al peligro de un levantamiento general que entrañaba su propaganda.
Mrs. Besant ocupa la presidencia de la sociedad Teosófica, organización internacional cuya sede principal está en Londres, y que en la India cuenta con muchos adeptos, sobre todo en la clase educada. Mrs. Besant es considerada la primera oradora de Inglaterra, y es, además, una distinguida escritora. residió durante muchos años en Madrás, donde estableció una escuela de teosofía que frecuentaban los más notables hindúes.
En Madrás, Mrs. Besant viste el traje típico del país, se alimenta a la usanza hindú y afirma que en su encarnación pasada ha pertenecido a la familia de los brahmanes.
En la calle, va siempre seguida por un crecido número de adeptos, hombres, mujeres y niños, que creen en su doctrina política y en su credo religioso.
Durante sus estadas en Londres da conferencias sobre teosofía y aboga por la autonomía política de la India. Sus conferencias han alcanzado gran notoriedad, y a ellas asiste siempre gran número de personas.
Pocas semanas antes de estallar la guerra que asola actualmente a Europa, Mrs. Besant publicó varios artículos sensacionales en algunos diarios londinenses criticando acerbamente al gobierno británico por no querer conceder la autonomía política a la India cuando por esa misma libertad había luchado la Gran bretaña durante siglos, no cansándose de proclamar al mundo entero que en eso estribaba, precisamente, el ideal británico.
"Los estudiantes hindúes -afirma Mrs. Besant- son recibidos con los brazos abiertos en las universidades de Oxford y Cambridge; en ellas se les enseña a respetar los derechos ajenos y a gobernarse por sí mismos, impidiéndoles, sin embargo, poner en práctica esas enseñanzas cuando regresan a su país.
"Inglaterra ha sido siempre el asilo predilecto de los refugiados políticos provenientes de países gobernados autocráticamente; los ingleses presentaban a los indios una Inglaterra amante de las libertades políticas y que creía en el gobierno del pueblo y por el pueblo, y, sin embargo, los indios han podido convencerse que esos mismos ingleses que tan alto colocaban el ideal de la libertad, adoptaban en su país esos mismos métodos que tanto criticaban en otras naciones, prohibían conferencias públicas, restringían la libertad de la prensa, sentenciaban a los transgresores de la ley británica sin formarles juicio previo y daban, por fin, su aquiescencia a los crímenes políticos.
"Los hindúes -continúa diciendo Mrs. Besant- quieren ser tratados al igual de los ingleses y no como una raza inferior; el color y la raza no justifican la preferencia que se da a los europeos en la administración y el gobierno de la India.
Los hindúes exigen, por fin, que se dé cumplimiento a la proclamación hecha en 1858 por la reina Victoria, en la cual se prometía la tan ansiada autonomía política a la India.
Muchos de los principales hindúes se abstienen de servir en el gobierno británico de su país, porque no quieren estar a las órdenes de ingleses, muchas veces inferiores, en muchos conceptos, a ellos.
"Mucho se ha hablado en los últimos tiempos de establecer el régimen federal en la Gran Bretaña y en las colonias inglesas. A la India se la excluye, sin embargo; no sería, pues, de extrañar si esta colonia se negase a seguir siendo considerada como una dependencia del imperio británico. Siempre se hace hincapié en el color y la raza de sus habitantes, como si entre los hindúes no hubiese personas que se distinguen por su inteligencia, carácter y por su cultura. El hindú educado, y no son pocos, es de un carácter amable, inteligente, y su patriotismo se inspira en los más altos ideales."
Las opiniones de Mrs. Besant, que se hicieron públicas desde las columnas de los principales periódicos londinenses, llegaron a interesar tanto al gobierno, que éste acabó por considerar seriamente las razones expuestas por la entusiasta defensora de los intereses hindúes, y la conveniencia que habría en ponerlas en práctica.
Sobrevino la guerra, y toda modificación proyectada en el régimen gubernativo de las colonias quedó postergado para cuando se hiciera la paz.

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El cuartel general de los teosofistas, en Adyar (India)


Se recordará los disturbios provocados no hace mucho en Irlanda por los partidarios del "home rule". También en la India se temía un levantamiento como el de Irlanda, pero el gobierno británico adoptó medidas enérgicas para sofocar cualquier tentativa de esta naturaleza.
Mrs. Besant no desmayó, sin embargo, y desde Bombay, su última residencia, redobló sus esfuerzos. En la última sesión celebrada por el Congreso Nacional Indio, propuso que se fundara una liga a favor de la autonomía india, proposición que fue aceptada por unanimidad. Luwendra Nath Banarji, uno de los miembros más distinguidos del Congreso, sometió al gobierno británico los deseos del mismo, que eran la voluntad del pueblo. Fue éste, indudablemente, el paso más importante y decisivo dado hasta ahora por el congreso indio.
"La India -dijo en esa memorable ocasión Mrs. Besant- no es un enfermo sin voluntad; al contrario, es un gigante que empieza a despertar de sueño letárgico. si los indios, descendientes de valientes guerreros, tuvieran más fe en su poderío, muy pronto obtendrían lo que desean. Ese momento no tardará en llegar. "
En diciembre de 1915 se instituyó la Liga pro Autonomía India, en Inglaterra, a semejanza de la que existía en Bombay. Miles de folletos se han repartido desde entonces en todas las ciudades de Inglaterra, en los cuales se expone netamente la voluntad de los hindúes, apelando al mismo tiempo al espíritu justiciero de todos los ingleses.
Las autoridades coloniales no se habían atrevido hasta ahora a adoptar medidas represivas contra la prédica de Mrs. Besant, pues bien sabían la gran popularidad de que gozaba entre los hindúes, y temían, además, las consecuencias que su arresto podría tener para el imperio británico.
Ultimamente, considerando el peligro que la actitud de Mrs. Besant entrañaba para la tranquilidad del gobierno británico, tan necesaria en esos momentos, las autoridades coloniales de la India decretaron la expulsión de esta singular mujer del territorio indio.
Difícil es saber las consecuencias que esta medida podrá tener, pero no puede dudarse que la semilla esparcida por Mrs. Besant fructificará algún día, y que la autonomía política de la India será un hecho.
Mrs. Besant contrajo matrimonio en su juventud con un clérigo inglés. Su inteligencia clara y su espíritu meditativo y profundamente religioso no se avinieron con el carácter de su esposo y con las doctrinas sustentadas por la iglesia anglicana. Pocos años después de su matrimonio, los esposos Besant se divorciaron, quedando los dos hijos a cargo del padre. Mucho se habló en Inglaterra de este divorcio; la conducta y el carácter de Mrs. Besant fueron reconocidos como intachables y fuera de todo reproche.
En Londres, Mrs. Besant se hizo cargo de una escuela de niños pobres, y pocas veces una maestra fue tan querida por sus alumnos como lo fue Mrs. Besant.
Se ocupó, además, en organizar la sociedad de obreras, sociedad de su índole que llegó a ser la más importante del mundo. Bajo su dirección se organizaron varias huelgas, hasta obtener mejores salarios y otras ventajas para las obreras.
Los estudios sobre teosofía la pusieron en contacto con Mme. Blavatsky, y algún tiempo después dedicó todas sus energías a obtener la autonomía de la India.
Sus hijos, al llegar a la mayoría de edad, abandonaron al padre para reunirse con la madre, Mrs. Besant ha estado también varias veces en Nueva York, donde se la recuerda como una mujer alta, esbelta, de fisonomía expresiva, realzada por unos ojos grandes e inteligentes. Su frente, despejada y blanquísima, forma contraste con la negrura de azabache de su cabellos. Su aspecto es, generalmente, el de una persona melancólica, pero al dirigir la palabra al público, toda su persona se agiganta, y su voz ejerce una influencia magnética sobre sus oyentes.