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crónicas del siglo pasado

REVISTERO

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GUERRA EN ASIA
revista Primera Plana
febrero 1968)
(continuación)

 

VIETNAM II
VICTORIA DEMASIADO CARA

"Por tercera vez en mi vida volví a la guerra de nuevo. ¡Para la liberación de nuestros compatriotas del Sur, una situación de aceite hirviendo y fuego ardiente es necesaria! Una situación en la que el esposo está separado de la esposa, el padre del hijo, el hermano del hermano, es necesaria. Me sumé a las filas del Ejército de Liberación en respuesta a la llamada del Frente para la Liberación del Sur. Ahora mi vida está llena de fatiga, no tengo arroz suficiente para comer, ni sal para dar gusto a mi lengua, ni ropa suficiente para mantenerme caliente; pero en mi corazón sigo leal al Partido y al pueblo.Me siento orgulloso y feliz."

 

 

Esto escribió Do Loc, un soldado del Vietcong: fragmentos de su diario han sido publicados (bajo el número 7308) por el Departamento de Estado norteamericano.
El propósito de los bombardeos a Vietnam del Norte -afirma, hace tres años, el Gobierno norteamericano- es quebrantar el espíritu de su pueblo y forzar a sus líderes a negociar. Hasta ahora, es evidente que el espíritu norvietnamita no está quebrantado. Los viajeros que vuelven de Hanoi informan, casi unánimemente, sobre la moral en vilo y la difundida confianza en la victoria final. "Puede resultar difícil que los norteamericanos lo comprendan -dice un japonés que estuvo allí recientemente-; pero la gran mayoría de norvietnamitas los ven como invasores de su país. No están peleando por el comunismo, están peleando por su patria."
Es posible, por supuesto, que los viajeros estén despistados: a pocos de ellos se les permitió alejarse del área de Hanoi-Haiphong, y parece dudoso que un vietnamita común arriesgue su piel para expresar descontento ante un extranjero. El estudioso inglés P.J. Honey alega, de hecho, que los visitantes son embaucados. Destaca en la prensa norvietnamita ciertos artículos que piden vigilancia contra saboteadores y contrarrevolucionarios, y cree discernir en ellos el comienzo de una desintegración social. Un observador occidental dice: "Un gobierno que arma a sus masas, como lo hace el de Hanoi, se expone a la propagación de diferencias de criterio sobre si es o no sensato aceptar el tipo de castigo que los norteamericanos infligen a Vietnam".
Con todo, si esas diferencias existen, no hay indicios de que repercutan en el Politburó., el cual aparece como un modelo de solidaridad. Quizás ese cuadro parezca demasiado bello para ser cierto, y Ho Chi Minh -que la semana pasada festejó su 76º cumpleaños- está menos activo que en otros tiempos, tal vez demasiado enfermo para ejercer un control efectivo sobre los otros diez miembros de este organismo.
No es arriesgado presumir que, entre sus probables sucesores, las ambiciones prosperan. El Secretario del Partido, Le Duan, básicamente responsable por la decisión de lanzar una insurrección armada en el Sur, recoge los beneficios del éxito de esa táctica más que el Primer Ministro Pham Van Dong o el Ministro de Defensa Vo Nguyen Giap; en cambio, si el régimen debiera por fin someterse a una negociación desventajosa, obviamente sería acusado de "aventurerismo" y de "abuso de confianza", par preservar al indiscutible Presidente Ho.
En todo caso, parece remota la esperanza de que una parte de los miembros de la jerarquía se atreva a reclamar un arreglo basado en algo menos que los términos expuestos obsesivamente por todos ellos: retiro de las fuerzas extranjeras, período intermedio con garantías políticas en el Sur y, a la postre, unificación del Vietnam bajo un régimen comunista. Un diplomático occidental que residió un tiempo en Hanoi, asevera: "Estos hombres invirtieron demasiado de su prestigio en la lucha por la unidad de su país, para que puedan presentarse a la mesa de negociaciones en actitud capituladora". Vu Van Thai, ex Embajador survietnamita en Washington, sugiere que si renunciasen a la unificación, podrían ser derrocados por sus propios y desilusionados partidarios.
Por supuesto, es posible imaginar circunstancias que podrían persuadir a los hombres de Hanoi a aceptar, resignados, la existencia de un Vietnam del Sur no comunista. Un evidente esfuerzo de los chinos por tomar el control en la parte norte, en compensación por la precaria ayuda que otorgan a sus combatientes, podría ser una de esas circunstancias; otra, el afloramiento de un régimen fuerte y popular en Saigón; la tercera, que Washington decida introducir más fuerzas terrestres, en escala comparable a la invasión de Europa en 1944.
Pero la oportunidad de que ocurra una de estas tres cosas, o de que ocurra pronto, parece muy dudosa. La vida es ardua en Vietnam del Norte, pero no lo suficiente para convencer a su pueblo de que su capacidad para soportar no es mayor que la de USA.

LAS PERSPECTIVAS

¿Entonces USA pierde la guerra?
Como a los norteamericanos les resulta difícil ser objetivos ante esta pregunta, Newsweek acudió recientemente, en busca de un análisis del actual estado de la guerra, a la opinión de cuatro especialistas extranjeros: Sir Robert Thompson, ex consejero del Gobierno survietnamita, a quien se atribuye el éxito de la pacificación británica en Malaya; P. J. Honey, un académico inglés que conoce ampliamente el Vietnam; el general André Beaufré, un tiempo comandante en Jefe francés en Indochina, y Philip Goodhart, miembro conservador de la Cámara de los Comunes, perito militar. Los cuatros desean el bien de los Estados Unidos y simpatizan con sus intereses en aquella región.

Sir Robert - Ustedes no la están ganando. El retiro o la escalada sin término: así veo polarizada la opinión en los Estados Unidos. Pero el retiro significa perder; y una escalada sin fin implica otro tanto, perder roñosamente, para expresarme en la forma más torpe posible. el resto del mundo no querrá tener trato con ustedes en el aspecto humano; y, como resultado USA perdería su alma, se destrozaría. En esta guerra no se trata de derrotar fuerzas enemigas en el campo de batalla para después dictar condiciones políticas de paz; Israel ya lo hizo, y aún no puede imponer sus condiciones; ustedes estarían exactamente en la misma situación. Arrasar totalmente el Norte no sirve para nada, porque ellos no tienen por qué pactar con ustedes.
La ofensiva debería cumplirse en Vietnam del Sur. Una ofensiva política en dos tiempos: primero, reconstruir el país; segundo , y como consecuencia, reducir en él la estructura del vietcong. ¿Mi opinión sobre los bombardeos al Norte? Haría cualquier cosa por detenerlos; se han convertido en una guerra separada entre la Fuerza Aérea norteamericana y las baterías antiaéreas rusas. Es una guerra irrelevante. ¿Para qué continuarla?
Cuanto más grandes sean las posibilidades de restringir el área, tanto mayores las oportunidades de vencer. Ustedes no están ganando, pero tampoco perdiendo, con la condición de que aprovechen la mejor oportunidad para salir del paso. En verdad, yo no negociaría en este momento; no creo que ustedes estén en la posición correcta para negociar.

Honey - En las operaciones militares de envergadura, cuando importantes fuerzas comunistas luchan con tropas regulares de USA, no hay discusión posible: los norteamericanos están ganando. También me parece que, en el último año, los bombardeos dieron buenos resultados; los norvietnamitas están muy preocupados. Pero en un sistema comunista, especialmente uno muy duro (como el que impera en Vietnam del Norte), no es posible captar desde el exterior la paulatina declinación moral. Es una situación parecida a la de Hungría en los años 50: la moral sufre una lenta erosión, y un día, de pronto, llega al colapso.
En cuanto a las guerrillas locales del vietcong, creo que se hizo una campaña muy exitosa para cortarles el suministro de hombres y alimentos. Pero me parece que, hasta hoy, un puñado de guerrilleros puede infiltrarse en cualquier región con un mortero e infligir daños enormes a un pueblo pacificado por el Gobierno. Quizá pueda hallarse una respuesta a esto, pero no la conozco. La pacificación es un programa lento; no deben esperarse resultados inmediatos. Habría que aplicarlo durante años.

General Beaufré - No creo en la posibilidad de una victoria completa. Esa guerra revolucionaria equivale a una especie de infección. La infección pude ser curada, a veces, si se la trata a tiempo. En verdad, no me parece que USA pueda vencer militarmente, a menos que se anexe Vietnam del Sur como su 51º Estado.
A fines de 1964 volé en un helicóptero norteamericano sobre las regiones donde combatí siete años atrás: la situación era exactamente igual, salvo que USA tenía tres veces más hombres que nosotros. El Vietcong dominaba las mismas áreas que antes el Vietminh.; los norteamericanos, las mismas que nosotros. El choque entre una guerra técnica moderna y una guerrilla primitiva conduce al empate; si se desea una transacción, hay que pensar en un Gobierno nacional capaz de apaciguar, atrayendo por lo menos una parte del Vietcong.


Goodhart - El éxito no depende del terreno, sino de cuántos líderes de aldea y cuántos funcionarios del Gobierno pueden eliminar los terroristas del Vietnam. Cuando fui allá en 1966 asesinaban más de 100 por mes; hasta las últimas semanas, esa cifra se había reducido a 20; desde este punto de vista se logró un progreso sustancial.
En cuanto a la infalibilidad militar del Vietcong es un mito; son los norteamericanos los que ganan las batallas importantes, los que infligen más bajas al enemigo. Todas las ofensivas comunistas remataron en fracaso.
En Saigón pregunté al Embajador norteamericano por qué no trasladaba su sede al Paso de Khyber; en otros términos, la situación debía tratarse como lo hizo Gran Bretaña en la frontera noroeste de la India, en 1878. Aunque fue una operación de gran aliento, se logró un aceptable grado de pacificación con un mínimo de tropas.
En general, creo que se están haciendo buenos progresos; pero después de ganada la batalla principal diría que es preciso quedarse allí con unos 20.000 soldados durante 15 años.

LOS HOMBRES DE HANOI
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Pham Vang Dong

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Le Duan

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Giap

EL DILEMA NORTEAMERICANO

La guerra es una de las empresas humanas menos exactas y predecibles: la mayor parte de las veces, una nación atrapada en su vorágine no puede estar segura de vencer o perder hasta que la lucha termina. Y raramente, en la historia de USA, fue más cierto que en esta guerra.
El general Earle G. Wheeler, presidente de la Junta de Jefes de Estado Mayor, admite: "La guerra del Vietnam es la más confusa de toda mi experiencia". En cambio, los partidarios y críticos de la actual política emiten su veredicto con toda confianza. Robert W. Komer, asistente civil del general Westmoreland, declara: "No veo ninguna tendencia desfavorable". En el otro extremo están los que no hallan nada bueno en lo que hacen los Estados Unidos en Vietnam. Y entre ambos extremos se sitúa Walter Lippmann, quien escribió recientemente: "La guerra no puede ganarse. Esto hay que entenderlo en un sentido más profundo de lo que supone la gente. No se trata de que nuestras fuerzas no puedan derrotar al enemigo en el campo de batalla; es que esas batallas no deciden la guerra".
Pero la mayoría del pueblo norteamericano toma posición, a favor o en contra, según sus predisposiciones emocionales. Y lo más probable es que no sean las computadoras del Pentágono las que dicten la decisión final, sino los ondulantes humores del hombre corriente. Quizá sea verdad, como sugiere Lippmann, que las victorias militares no sólo no aparejan progresos políticos en Vietnam del Sur, sino que los obstruyen; pero a juzgar por la experiencia de otras naciones en el sudeste asiático, aún no cabe llegar a la conclusión de que la meta de establecer un Gobierno efectivo en Saigón - o, como dijo Johnson el mes pasado, "hacer allí de la nada una nación"- es inalcanzable. Irónicamente, la incrementada cuota de antiamericanismo que se observa entre los funcionarios survietnamitas podría contener un rayo de esperanza, porque ofrece a su Gobierno una ocasión de mostrar su nacionalismo.
El hecho de que Vietnam del Norte no esté dispuesto, por ahora, a negociar, no descarta la posibilidad de que pueda hacerlo en otro momento, En ese sentido, hay una cantidad de alternativas para llegar a las negociaciones formales. Una podría ser, como se propone en estos días, un acuerdo tácito de ambas partes para desescalar la guerra; pero muchos, en Washington, esperan que algún día se logrará una concesión unilateral -tácita, igualmente- por parte de Hanoi.
En definitiva, la posición norteamericana en Vietnam del Sur es muchísimo más fuerte que un año atrás, pero la comunista no es proporcionalmente más débil. Lo que esto sugiere es que, si los Estados Unidos no se conforman con algo considerablemente menor que su propósito inicial -un Vietnam del Sur a salvo de toda asechanza comunista-, es probable que la guerra se dilate. Pero ningún norteamericano recibe con agrado esta perspectiva, y muchos la encuentran intolerable, aunque más no sea por la horrible erosión de la decencia humana que la guerra comporta. Más pragmáticamente, algunos que fueron halcones, hoy, aunque reacios a confundirse entre las palomas, admiten que el costo en bajas, en dinero y en discordia política interna ha llegado a ser inaceptablemente alto. "Debemos empezar a sopesar lo que ganamos y lo que perdemos" dijo un funcionario con años de experiencia en Vietnam. Otro, que abandonó un puesto clave en la Administración Johnson, agrega: "Hay dos cosas peores que un mal arreglo ahora: el mismo mal arreglo dentro de dos o tres años, y otro mejor dentro de cuatro o cinco". Estas opiniones admiten, de hecho, que nada importante se juega en Vietnam para justificar el triple sacrificio norteamericano; tal presunción puede ser válida; nadie puede probar que lo es.
En esa imposibilidad se cifra el cruel dilema que la guerra vietnamita plantea a los norteamericanos que desean el bienestar de su país y la paz del mundo.

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Ho Chi Minh, presidente, poeta, artillero


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Nguyen Huu Tho presidente del Vietcong