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crónicas del siglo pasado

REVISTERO

POLITICA AL GULASH
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9 años después de la rebelión del 56, Hungría trata de ser uno de los satélites comunistas más "libres".

Revista Panorama
Abril 1965

Un aporte de Héctor Alvarez

 

 

Por las calles de Budapest se ve pasear a una juventud que en actitud y apariencia se distingue cada vez menos de la de cualquier ciudad occidental. Tacones altos, faldas cortas, música de twist en las radios a transistores y fotos de chicas en bikini en las revistas.
¿Cómo se concilia todo esto con el marxismo-leninismo? Muchos extranjeros que llegan a Hungría repiten esta pregunta a los dirigentes del partido, a los profesionales, a la gente de la calle. La respuesta generalmente es la misma, e incluso va acompañada de una sonrisa entre cómplice y satisfecha:

 

 


"Bueno, después de todo nosotros tuvimos el 56..."
Los húngaros que hoy están entre los veinte y los veinticinco años apenas habían entrado en la adolescencia durante la última revolución húngara. Aquella fue una época trágica que pareció desmentir, bajo el fuego de los tanques soviéticos, la política de destalinización del entonces poderoso Kruschev. Después de la derrota de los patriotas húngaros, quedó en el poder Janos Kadar.

Nuevas tácticas políticas

Hace ocho años, Kadar era, para sus compatriotas y para todo el mundo no comunista, el arquetipo del traidor, algo así como un Quisling rojo. Y sin embargo, en 1965, la república magyar pasa por ser el satélite más liberal de la órbita soviética y Kadar uno de los dirigentes marxistas que tamizan con más independencia las directivas impartidas desde Moscú.
Después de 1956, el comunismo húngaro se vio obligado a destruir el tremendo aislamiento en que había quedado. Su lema era: "quien no está contra nosotros está con nosotros". Se realizó una profunda depuración partidaria en la que los elementos stalinistas fueron eliminados o desplazados a posiciones secundarias. Los afiliados se redujeron en un cincuenta por ciento (a medio millón). En las últimas elecciones, sobre 340 diputados había 125 representantes jóvenes, una elite elegida de acuerdo con el criterio poco ortodoxo de la eficiencia más que de la fidelidad a los dirigentes. Kadar lo expresó claramente durante una entrevista. "La pureza política era en una época la única cualidad importante. Pero generalmente ocultaba ignorancia e incapacidad. Hoy no basta con la pureza de ideales. Lo importante es saber trabajar bien."
Cuando en octubre de 1964, Nikita Kruschev desapareció del escenario soviético de un día para otro, cubierto con las habituales acusaciones de torpeza, nepotismo y desviación de la línea del partido, en Budapest corrió un escalofrío de temor. Kadar era uno de los hijos preferidos del jerarca soviético, Este mismo había estado hacía poco en Hungría donde propuso un comunismo con menos cañones, menos doctrina y más goulash. Kadar estaba entonces en Varsovia. Cuando regresó, un racimo de rostros preocupados le esperaba en la estación ferroviaria. El primer ministro se acercó a un micrófono y declaró "Debemos rendir homenaje a la obra cumplida por el camarada Kruschev en interés de la paz. No hemos cambiado de opinión durante la semana pasada y supongo que ustedes tampoco lo han hecho."
La tensión desapareció mágicamente. La gente volvió a su trabajo, desentendiéndose de la política, y los jóvenes presintieron que, por lo menos por el momento, el clima de libertad de que venían gozando hasta entonces no se habría de turbar.

Una generación ávida

Los adolescentes húngaros de 1965 son una generación ávida y displicente, "quemada", que se interesa por el boxeo, el fútbol, las Olimpíadas; todo lo relacionado con el presente, lo que puede vivirse con intensidad, casi a dentelladas. Son frecuentes las uniones ilícitas y los abortos superan el número de los nacimientos. Budapest es una ciudad que se acuesta tarde. En Praga los espectáculos terminan a las nueve, y en Moscú ya casi no hay vida nocturna después de las once. Los húngaros, en cambio, empiezan a divertirse después de medianoche. Muchos night clubs y restaurantes quedan abiertos hasta el alba, Pero los nativos prefieren los pequeños cafés del otro lado del Danubio, en Buda, la ciudad vieja. Allí uno puede estar sentado por horas saboreando su copa de "tokay", mientras una cantante melancólica murmura viejas canciones junto a un piano derrengado, y el humo del tabaco espesa cada vez más la nebulosa irrealidad del lugar.
Intelectualmente, la Juventud húngara no acepta desde hace tiempo planteos de "realismo socialista". Cuando se exhibieron en Budapest El Gatto-pardo y 8 1/2, los jóvenes asediaron los cines. En un día se vendieron 48.000 ejemplares del libro de Lampedusa y los comentarios se multiplicaron por toda la ciudad, Respecto a 8 1/2, la crítica ortodoxa sentenció que se trataba de una obra maestra de fotografía, que retrataba una cierta realidad de una determinada sociedad capitalista. La critica no marxista, la veía en cambio como un film que ponía en la palestra el equilibrio intimo del individuo. Los jóvenes universitarios sostuvieron, sin embargo, que la película valía por otros motivos: porque busca con angustia dentro de cada individuo un valor humano perdurable que esté por encima de cualquier sistema ideológico. Ante el escándalo de los fariseos, los estudiantes han contestado:
"En ningún libro está escrito cómo será el hombre que surgirá del socialismo. Hemos puesto en marcha un mecanismo social del que surgirán valores humanos que todavía no conocemos. Cualquiera que vaya en la búsqueda de esa eterna humanidad, sea cual fuere el sistema o la ideología a la que pertenezca, es digno de nuestro respeto."
La crisis de octubre no solo no repercutió políticamente en Hungría, sino que reafirmó a los jóvenes en su deseo de sinceridad y de claridad en las actitudes. Ya no les satisface el hecho de que un dirigente sea defenestrado sin una palabra, sin una explicación, que e! héroe de ayer sea el villano de hoy. Entre la última generación y las dos que la precedieron existe una verdadera fractura. Aquellos que hoy tienen cincuenta años viven entre dos épocas y no comprenden plenamente a ninguna de las dos. Luego está la generación de antes del 56 y la de después; entre ambas hay muy pocos puntos de contacto. La más Joven se niega a comprender a los que han sufrido la guerra, la bolchevización del país y la revuelta contra los soviéticos. Para ellos todos esos sucesos son historia antigua. Tener un pariente refugiado en Europa occidental significa solamente un lugar donde dormir cuando se van de vacaciones.

Interrogantes sin respuesta

Si los héroes son los campeones olímpicos; Bela Bartok o Ferenc Molnar. Quieren divertirse sin inhibiciones. A veces un muchacho organiza un baile en su casa. Esa noche los padres van a dormir a casa de un pariente y la casa pertenece a su hijo exclusivamente.

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Más riqueza material, mejores vestidos y alimentos, no son suficientes para conformar a la nueva generación

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los obreros de una fábrica textil de Budapest almuerzan en el mismo establecimiento donde cumplen sus tareas

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los jóvenes llenan todo el año las piscinas de Budapest. Los deportes son muy populares entre los húngaros

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después de medianoche despiertan los cabarets y night-clubs de un "materialismo dialéctico" algo discutible

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pequeñas parcelas privadas proveen el noventa por ciento de las legumbres, huevos y manteca que se consumen

Sin embargo, como estudiantes son más diligentes y preparados que los de épocas anteriores. La política no les interesa, y en cierto modo están agradecidos a Kadar porque con su actitud conciliadora les permite desentenderse .de muchos problemas.

¿Qué es lo que hay detrás de esta indiferencia política, de esta imitación a veces servil de modas extrañas, de esa aparente amoralidad? Quizás no se trata de otra cosa que de las eternas angustias e incertidumbres que atenacean a la juventud en todo el mundo y a las que tampoco el marxismo supo dar respuesta. Por eso los jóvenes de esta "nueva" Hungría miran hacia Occidente, porque en la visión alocada y feliz que les ofrece, creen hallar un modo de vida en que lo distinto encierra la esperanza.