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crónicas del siglo pasado

REVISTERO

TUPAMAROS

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Revista Siete Días Ilustrados
julio 1969

 

 

Publicado en marzo de este año, el libro Tupamaros: estrategia y acción ha batido en sólo tres meses todos los récords de librería en el Uruguay, con 15 mil ejemplares vendidos. A raíz de su publicación, el jefe de Inteligencia y Enlace de la Policía de Montevideo, comisario Alejandro Otero, fue detenido por tres días como castigo por las declaraciones formuladas a los autores del informe y transcriptas en el mismo. En abril, un alto funcionario policial presentó denuncia penal contra los autores del libro, Antonio Mercader y Jorge De Vera, por entender que se le agraviaba en el capítulo Así murió Silveira Regalado. Allí se narran por primera vez las circunstancias reales en que murió el comisario Silveira: a manos de un compañero policía (en el libro no se lo identifica) por un lamentable error. La policía sostenía que Silveira había sido asesinado por los Tupamaros.

 

 

 

Mercader (25 años) nació en Madrid, de padre español y madre francesa. Vive en Uruguay desde 1953 y estudia Derecho. Ingresó al periodismo en 1964 en el diario La Mañana y pocos meses después pasó a ser redactor de El Diario, donde trabaja actualmente. Viajó en misión periodística por varios países de América latina y Europa. Fue a Chile en 1965 gracias a una beca convenida entre el Círculo de Periodistas Chilenos y la Asociación de la Prensa Uruguaya. Tiene en televisión un programa periodístico semanal. También varios cuentos y una novela escritos, sin publicar.

Por su parte, Jorge De Vera (37) nació en Montevideo y actúa en periodismo desde 1955. Trabajó en el matutino El Bien Público y actualmente es cronista policial de El Diario. Comparte esa actividad con su labor en el Museo Histórico Nacional, donde ocupa un alto cargo y gana merecida reputación como investigador. En la actualidad prepara un libro sobre el gaucho, su historia y su interpretación. En el ambiente periodístico uruguayo se lo considera el cronista especializado con mayor experiencia y capacidad.
Mercader y De Vera concluyeron el informe que se edita en estas páginas apenas unos días antes de que el gobierno uruguayo dictara un decreto prohibiendo la difusión de noticias referidas a los Tupamaros (medida que motivó el secuestro de la edición del libro) y antes, también, de que el MLN cometiera los atentados del 7 de julio cuando atacó y desarmó a ocho agentes policiales, matando a uno de ellos (Germán Garay Lamas, 51 años, cinco hijos) que intentó resistirse. En suma, lo que sigue es el trabajo más completo publicado hasta el presente, en la prensa argentina, sobre el más terrible azote terrorista que opera en América. Mercader y De Vera lo escribieron especialmente para SIETE DÍAS.

En la madrugada del 20 de Junio dos policías armados con ametralladoras de mano detuvieron sus motocicletas ante la sede uruguaya de la General Motors, en el barrio suburbano de Sayago, en Montevideo. Su presencia no sorprendió al sereno Andrés Aspiroz (52): se custodiaban empresas norteamericanas en previsión de atentados por la visita al Uruguay de Nelson Rockefeller, comisionado por el presidente Nixon para trazar un relevamiento latinoamericano. Pero los policías no eran tales. En 15 minutos las oficinas de la GM se convirtieron en una enorme pira. El fuego quemó instalaciones, archivos, tanques de combustible, surtidores y cinco coches estacionados en el patio. Las pérdidas alcanzaron fácilmente el millón de dólares. Al día siguiente, los periodistas que acompañaron a Rockefeller en su periplo latinoamericano quedaron estupefactos: la moderna filial de la General Motors era un montón de escombros. Las imágenes -en colores- se .vieron en las pantallas de la TV estadounidense, mientras un locutor informaba que todo era obra de los guerrilleros urbanos uruguayos: los Tups.
El .Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros había asestado, en efecto, uno de sus más rudos golpes. No el último, porque al día siguiente, cuando el sonriente gobernador de Nueva York se aprestaba a brindar su única conferencia de prensa en el Uruguay, .los Tupamaros interfirieron una emisora radial para lanzar una proclama. El contenido de este mensaje, al igual que el de los panfletos dejados en la GM, podía resumirse en dos palabras: "Fuera Rockefeller".
En los últimos siete años los uruguayos han recibido con regularidad mensajes por el estilo, aunque no logren acostumbrarse a ellos. Quizá porque les cuesta convencerse de que en su país actúa un grupo armado clandestino que asestó ya medio centenar de golpes acumuló un nutrido arsenal, obtuvo el apoyo directo de un millar de hombres y recaudó en sus "expropiaciones" el equivalente de unos 200 millones de pesos argentinos. Para una sociedad conservadora que sumió en el olvido la furia desatada por los anarquistas en la década del 30, la violencia sistemática -como forma de protesta política- le resulta extraña e inquietante. Sin embargo, los Tupamaros forman parte ya de la realidad nacional y mal que les pese a los uruguayos la imagen de su país aparece ligada en el exterior, por culpa de los terroristas, con la palabra "guerrilla".

¿ROBÍN HOOD EN EL SIGLO XX?

"Es lamentable que se los presente como modernos Robin Hood", reaccionó el embajador uruguayo en Washington, Héctor Luisi, ante un articulo sobre Tupamaros publicado en el semanario Time. En efecto, ésa es la imagen que los Tupamaros buscaron cultivar en sus acciones desde que se lanzaron a la lucha en 1963. La sutileza y el esmero en los golpes, el "toque humano", el "gran respeto a todas las normas y tradiciones de la gente" que reclamó el Che Guevara, y el afán publicitario, son atributos en la trayectoria del Movimiento que contribuyen a delinear una apariencia única con respecto a otros grupos guerrilleros. En las últimas semanas, sin embargo, dos hechos contribuyeron a desvirtuar la leyenda de capa y espada alimentada desde diversos sectores: 1) El citado incendio de la GM amenazó con liquidar la fuente de trabajo de 150 obreros y puso en peligro a personas y bienes de la zona. La policía informó que el fuego pudo alcanzar el depósito central de combustibles; de haber ocurrido, un par de manzanas de Montevideo hubieran saltado por el aire. 2) Quince días atrás, diez hombres penetraron en la casa de) senador Manuel Flores Mora, que se encontraba ausente. Tras amenazar con armas a sus familiares, los Tupamaros revolvieron su escritorio en busca de ciertos documentos. "¡Cobardes! -bramó después Flores Mora desde la televisión-; si tienen algo contra mí díganmelo cara a cara, pero no se metan con mi mujer y mis hijos."

 

 

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Antonio Mercader

EL HOMBRE: RAÚL SENDIC

El influyente The New York Time sostiene que los Tupamaros abren rumbos con una nueva estrategia de lucha armada en América latina; la guerrilla urbana. Si es así, el proceso no fue voluntario sino forzado. "En países con mayor proporción que el 50 por ciento de la población en las ciudades (Uruguay tiene el 84 por ciento) la lucha revolucionaria no debe ser en montañas y campos, sino guerra urbana, pues donde está la población reside la revolución", señala un documento tupamaro incautado en 1967 por la policía. En sus comienzos, el Movimiento no pensaba de la misma forma. Aunque la piedra de toque se ubica en el fracaso de la Unión Popular (una alianza de los socialistas con otros sectores de izquierda) en las elecciones de 1962, el grupo de jóvenes "ansiosos" de la acción directa que fundó el MLN ensayó sus primeros pasos en el interior del país, no en Montevideo. Miembros del partido Socialista, conjurados con elementos procedentes del anarquismo y del enjambre de grupos que ya merodeaban la violencia, reciben su bautismo de fuego el 31 de julio de 1963, diez años después del asalto al cuartel Moncada, en Cuba. Ese día, el primer comando tupamaro asaltó la Sociedad de Tiro Suizo en el departamento de Colonia (frente a la provincia de Buenos Aires). El botín: 35 armas largas y municiones pero no irían muy lejos . Semanas después la policía los capturó a todos excepto a su conductor: Raúl Sendic Antonaccio.
Calificado por la derecha como "delincuente común", respetado y admirado por la izquierda, Sendic (Bebe para sus cofrades), de 42 años -los 7 últimos en la clandestinidad-, ha sido sindicado hasta hoy como líder absoluto del Movimiento. Los mitómanos hicieron su obra: su modesto origen rural fue rastreado al igual que su fulgurante carrera dentro del partido Socialista y sus estudios en la Facultad de Derecho (dos materias lo separan de una graduación a la que renunció voluntariamente). Estudioso y apasionado, Sendic cobró relieve dentro de su partido.
En 1958, siguiendo instrucciones del PS, moviliza a los remolacheros de Paysandú y a los cañeros de Salto. Hace lo propio en Artigas (departamento limítrofe con Brasil y Argentina), donde se erige en conductor de los cañeros de las empresas norteamericanas Cainsa y Azucarlito. El PS está hilando fino. Con rara visión comprende que sólo en las islas proletarias del desolado campo uruguayo puede germinar la semilla de la subversión. Sendic va más allá de lo previsto. En 1962 lanza a sus hombres en la primera marcha sobre Montevideo, en reclamo de "tierras para trabajar". A raíz de un choque de los cañeros con un grupo gremial opositor, una mujer muere baleada. Sendic es detenido. Semanas después, cuando se abren las puertas de su prisión, tiene decisión tomada. Pero debe aguardar: los hombres capaces de acompañarlo apuestan su suerte en la Unión Popular. Mientras espera, escribe un artículo en el diario Época (clausurado en 1968), que titula: "Esperando al guerrillero".
El posterior fracaso de la UP (1962) confirma su propósito: él será ese guerrillero. Desde el asalto al Tiro Suizo, Sendic permanece en la sombra. Desde entonces, su fantasma recorre el Uruguay. Lo reconocen como autor de varios golpes, es el cerebro, el dirigente supremo del MLN. Sin embargo, hay quienes aseguran que Sendic renunció al liderazgo del Movimiento cuando éste optó, en 1965, por la guerrilla urbana como forma de lucha.

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Jorge De Vera

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Comunidad Eduardo Pinela: disfraz de una base tupamara

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GUERRILLA URBANA, ÚNICA OPCIÓN

Condiciones geográficas por un lado ("no tenemos lugares inexpugnables en el territorio") y, por otro, el descalabro de la guerrilla rural intentada en la Argentina (1964) y Perú (1965), inducen al Movimiento a establecerse en Montevideo ("'un bosque de cemento de 300 kilómetros cuadrados"). La decisión se formaliza en agosto de 1965, cuando el MLN sabotea la planta de los laboratorios Bayer ("por suministrar gases tóxicos a los yanquis en Vietnam") y deja en el lugar, por primera vez, panfletos con la rúbrica "Tupamaros". La organización ha encontrado nombre para sus seguidores. Tupamaros proviene de Túpac-Amaru, el caudillo peruano que en 1780 sublevó a los indios contra los invasores españoles. Tupamaros: sinónimo de criollo, rebelde y patriota por oposición a los godos opresores, según se llamaba a unos y otros en la Banda Oriental a comienzos del siglo XIX.
En 1965 los Tupamaros cortan los últimos lazos con sus grupos de origen. El Movimiento decide abandonar su posición de "brazo armado de la izquierda" y asume la "vanguardia revolucionaria" como grupo independiente. Según el brigadier norteamericano Samuel B. Griffith -experto en contraguerrilla, prologuista de las obras de Mao Tsé-tung publicadas en América-, es el pasaje de la Fase I (organización, consolidación y preservación) a la Fase II (expansión progresiva). Asentado en la ciudad, el MLN afronta a fines de 1966 una dura prueba cuando una camioneta en que viajaba un grupo de adictos es interceptada por la policía. En el tiroteo, en plena calle, muere el primer complotado, Cartos Flores. La opinión pública se conmueve ante el hallazgo de una célula extremista en plena acción; la policía se lanza a la calle y desmantela una tras otra cada base del MLN. Se practican detenciones y allanamientos. En uno de ellos (el 27 de diciembre de 1966. a 30 kilómetros de Montevideo), los tupamaros enfrentan a los agentes y mueren el guerrillero Mario Robaina y el jefe del Comando de Radiopatrulla, Antonio Silveira. Este último a mano de otro policía que dispara su arma por error.
Es un verano trágico para el MLN. La policía incauta ficheros y los primeros tupamaros entran en la clandestinidad. La organización se repliega y aguantaría a pie firme el aluvión policial a lo largo de todo 1967. "Hemos pasado el periodo mas duro , donde son liquidados la mayoría de los movimientos revolucionarios sufriendo muertes y presos, pero sin ser destruidos", explican en la carta dirigida a la revista semanal montevideana Al Rojo Vivo, en marzo último.
En 1968 el MLN se consolida y ejecuta golpe tras golpe. Tras el atentado de julio contra radio Ariel, del doctor Jorge Batlle (líder colorado de la fracción Unidad y Reforma, que apoya al actual gobierno), los tupamaros secuestran el 7 de agosto al presidente de Usínas y Teléfonos del Estado (UTE). UIysses Pereira Reverbel. Cinco mi hombres de la policía y del ejército registran Montevideo inútilmente: los guerrilleros entregarán con vida a Pereirá en el momento oportuno (5 días después) sin dejar el más leve rastro.

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La policía investiga en las cloacas de Montevideo
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América García Rodríguez (alias Mariela) una de las muchas mujeres enroladas en el Movimiento. Permanece prófuga

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Raúl Sendic Antonaccio: para muchos, el líder indiscutido del MLN. Permanece en la clandestinidad, y esta foto (tomada en 1962) es la única que atesoran los archivos de la policía uruguaya