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crónicas del siglo pasado

REVISTERO

TUPAMAROS

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Revista Siete Días Ilustrados
julio 1969

 

 

LOS TUPAMAROS LEGITIMADOS

Luego de este golpe el MLN queda legitimado. La prensa, el parlamento y el propio gobierno hablan de ellos: el Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros existe, se lo reconoce, es "una fuerza maligna que debe destruirse". Se suceden los primeros éxitos policiales desde que en octubre del año pasado la policía captura a tres tupamaros, uno de ellos Julio Marenales Sáenz (Timoteo), considerado hasta ese momento como figura clave dentro de la organización. En diciembre, otros 8 son atrapados en una chacra cercana a Montevideo.

 

 

 En marzo último, el jefe de policía en persona, coronel Zina Fernández, se dará el gusto de aprehender al ingeniero Jorge Manera Lluveras (Lucas), presunto cerebro del MLN. Mientras tanto el Movimiento quiere vengar a sus compañeros y devuelve golpe por golpe. En el último verano sale a buscar los fondos del turismo. Sus comandos se llevan (el 29 de noviembre de 1968) el equivalente de 8 millones de pesos argentinos del casino de Carrasco. El presupuesto del MLN termina por equilibrarse el 18 de febrero de este año con el atraco al casino San Rafael, en Punta del Este: allí, siete tupamaros vestidos de policías (desde entonces se los conoce como Los 7 hombres de oro) se alzan con el equivalente de 70 millones de pesos en el hold-up más grande de la historia policial del Uruguay.
Dos días antes el MLN envió volantes a los medios de difusión autodenunciando un asalto perpetrado contra la Financiera Monty, en plena avenida 18 de Julio. El comunicado confiesa el robo de 8 millones de pesos argentinos más 6 libros de contabilidad que registraban "operaciones ilegales", señaladas días después con nombres y apellidos. Los directivos de Monty van a la cárcel por "encubrimiento", puesto que no denunciaron el robo, ya que la financiera operaba, aparentemente, al margen de la ley. Entonces se produce lo increíble: el. gobierno promulga un decreto que reglamenta el funcionamiento de las financieras. Los tupamaros legislan.

 

LA VAGUEDAD COMO SISTEMA

El delantero de Estudiantes de La Plata, Eduardo Flores, sacó un puntazo formidable y el tiro libre terminó en gol. Era el triunfo del club argentino ante Nacional en la primera final de la Copa América jugada en Montevideo el 15 de mayo pasado. Pero en ese mismo momento, los oyentes del fútbol que sintonizaban radio Sarandi escucharon una proclama del Movimiento, no el gol. Minutos antes, la voz del popular relator deportivo Carlos Solé se había borrado del éter. En su lugar, una voz quejumbrosa comenzó diciendo: "A continuación se va a escuchar un comunicado de la Organización Tupamaros, que controla hoy esta emisora". Como cortina musical, los aires del Cielo de los Tupamaros, que compuso el folklorista Osiris Rodríguez Castillos antes del nacimiento del MLN.
Durante 40 minutos, una cinta salió al aire repitiendo seis veces un mensaje que disparaba la más feroz andanada verbal contra el gobierno y sus colaboradores. Fuera de la planta de emisión, la policía se desesperaba mientras llegaban los técnicos en explosivos del ejército: los Tupamaros dejaron carteles advirtiendo que la casa estaba minada. Fue un ardid para ganar tiempo, pero más que eso un golpe espectacular con el sello característico del MLN: el cuidador de la planta, muy nervioso mientras los comandos conectaban el dispositivo, recibió un vaso de agua y palmoteos amistosos en el hombro. Ese día el MLN dio su primera definición de lo que es un tupamaro: "Es todo aquel que no se queda en la mera protesta, no respeta las leyes, decretos y órdenes creados por el régimen para beneficiarse a si mismo".
Algo tan vago como todas las definiciones del MLN. En realidad, es la vaguedad como sistema, pero con un sentido concreto. Curiosamente esta imprecisión conceptual es la que ha asegurado a los tupamaros la continuidad que sólo ostentan los grupos armados de Venezuela, Guatemala y Filipinas. Miembros y simpatizantes adhieren a postulados genéricos que todos conocen y apoyan aunque pocos definen. En una cosa están de acuerdo: las soluciones, cualesquiera sean, se impondrán por la fuerza de las armas. Hermanados en la estrategia, los tupamaros superan así la fase critica de los grupos de izquierda cuyos hombres quieren la revolución, pero se reducen a polemizar sobre principios más o menos abstractos.
"Los principios básicos de una revolución socialista están dados y experimentados en países como Cuba y no hay más que discutir. Basta adherir a estos principios y señalar con hechos el camino insurreccional para lograr su aplicación." En esas dos frases está el quid del asunto. Los tupamaros tienen su personal interpretación de la teoría del "foco insurreccional" esbozada por Regís Debray: un grupo de revolucionarios profesionales entra en la lucha; ello genera condiciones y tienta el afán imitador de individuos o grupos aislados que comienzan -por su cuenta y riesgo- a adoptar idéntica denominación y similar estrategia. El "después" importa menos; lo que interesa es destruir el "régimen capitalista burgués". Parece incuestionable que el núcleo tupamaro trabaja para "llevar la lucha de clases hasta sus últimas consecuencias", manejándose con un esquema marxista sazonado a la cubana. Pero también es cierto que el Movimiento no tiene el control absoluto de todos los grupos que lo están siguiendo por el camino de la insurrección, acordes sí en liquidar el régimen actual, pero quizá con ideas distintas sobre la ulterior revolución y sus variantes. Un breve viaje por el interior de la organización piramidal del MLN permitirá iluminar aspectos de este problema.

 

LA PIRÁMIDE TRUNCA

El esbozo de Regís Debray ha tomado forma: el MLN adoptó la estructura de una pirámide trunca. La base de esa pirámide está compuesta por periféricos y células exteriores. Es allí, en su periferia, donde operan los grupos más heterodoxos y la infiltración o delación tienen más posibilidades: porque el MLN, a ese nivel, admite la espontaneidad como forma de acceso. Espontáneos son los que repartían libelos con la estrella de cinco puntas, capturados en la calle sin tener conexiones con el MLN. Otro caso es el de un conocido libretista de televisión, detenido cuando montaba una organización "similar al MLN". A tal punto invaden su periferia hombres independientes que en mayo pasado se reunieron en asamblea dentro del penal los 20 activistas presos y reclamaron la liberación de 5 de ellos "porque no tienen ninguna relación con el MLN".
A medida que se asciende en la pirámide, la organización endurece su estructura y se torna impenetrable. No basta ya compartir un par de ideas: a nivel de cuadros medios, de células, no llega quien quiere sino quien es seleccionado. "El núcleo permanece intacto", reconoce la policía refiriéndose a este sector del movimiento. La célula: de 5 a 7 hombres, enlazada con las otras a través del jefe. El principio de la compartimentación de tareas y conocimientos rige la organización a lo largo y a lo ancho: nadie sabe más de lo estrictamente necesario. La policía no lo ignora. Consultado él jefe de Inteligencia, Alejandro Otero, dijo: "Por la compartimentación celular, lo que no se sabe no se puede extraer ni mediante violencia".
Los afiliados confían en su organización ("nuestro movimiento es indestructible", se vanaglorian ). Hasta la fecha la policía no pasó de los cuadros medios ni accedió a los comandos militar y político que ocupan la parte superior de la pirámide. El comando político determina si un golpe es conveniente tras calibrar todos los elementos: condiciones objetivas, efecto psicológico, impacto publicitario. El comando militar estudia la ejecución del golpe en términos prácticos ("La lucha armada es ante todo un hecho técnico", dice el MLN). El principio democrático rige todos sus actos. Se vota primero en cada célula: la mayoría impone una tendencia y la célula concurre con un solo voto. Es probable que se celebren asambleas periódicas, a las que asisten los jefes con las instrucciones de su célula. Para ilustrar la marcha del sistema nada mejor que la respuesta de un tupamaro al preguntársele si intervino en el secuestro de Pereira Reverbel: "No. Yo no intervine, pero voté afirmativamente".

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Carlos Flores Alvarez, primer tupamaro muerto en acción de un balazo en la sien

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Liber Delucia Grajales, esposado y flanqueado por policías, aún tiene ánimos para sonreír y hacer el saludo anarquista

LOS 50 "SAMURAI"

El MLN tiene su propio pelotón suicida, aunque distinto del que Mao Tsé-tung boceteara en su manual guerrillero. Hay entre 50 y 100 de estos hombres -los duros del movimiento- preparados para trabajos de comando, que van del sabotaje al combate frontal con las fuerzas del orden. Aunque reducido, el selecto grupo devora la mayor parte del presupuesto del MLN, alimentado en períodos normales con asaltos a bancos (la policía les atribuye casi la mitad de los 30 grandes asaltos consumados en el Uruguay en lo que va del año). Cada militante que pasa a la clandestinidad puede costarle al Movimiento unos 120 mil pesos argentinos por mes. Y hay por lo menos 30 tupamaros identificados que permanecen prófugos. Integrar esa elite supone atravesar el período de adiestramiento, con su rígido sistema paramilitar. Los soldados libertadores (como se denomina a guerrilleros como ellos en los manuales más difundidos) se forman en todos los planos de la actividad, aunque luego se los especializa según las necesidades del Movimiento. Ficheros incautados en 1967 en la Comunidad Juvenil "Eduardo Pinela" -un nombre ostentoso que ocultaba una base tupamara en el corazón de Montevideo, Heredia 4441- registran aciertos y fallas con minuciosidad ("Llegó 5 minutos tarde", parece ser una anotación infamante).
El Che Guevara estipuló que el guerrillero urbano necesita una preparación superior a la de sus colegas que actúan campo afuera. El MLN respeta tales directivas; sus hombres de acción tienen características similares a las de los legendarios samurai: no extraña, pues, que algunos tupamaros capturados -miembros de esa elite- hayan sorprendido a policías que usaban métodos convencionales de interrogatorio, utilizando técnicas tales como el paro cardíaco o el cese de las pulsaciones. Técnicos en la materia (una nueva especie: los tupamarólogos) señalan que en torno de la elite se mueve un millar de personas que actúan como fuerza de apoyo y cobertura. Este núcleo secundario (pero fuerte en número) es de una peligrosidad relativa, aunque muchos recuerdan la consigna que el Movimiento repartió en 1965 entre sus adictos: "Ármate y espera".
Son estos periféricos quienes más se exponen a la detención. Como no están en la clandestinidad ni tienen fichaje policial, trabajan como enlaces entre células o aparecen como cabezas visibles de ciertas operaciones comerciales (alquilar una casa para montar una base, recolectar fondos, por ejemplo). La jefatura del MLN selecciona entre ellos a los futuros combatientes, que llegan a los cuadros medios tras un duro aprendizaje. De los 20 detenidos hasta ahora, la casi totalidad pertenece a este orden. Como contrapartida del riesgo que corren, se mueven en la ignorancia más completa de los mecanismos secretos del MLN y sus contactos conducen apenas hasta "un desconocido que pasa las órdenes" o "una voz que me habla a cierta hora por teléfono".

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José Nell Tacci, acusado en Uruguay de colaborar con el MLN y en la Argentina del asalto al Policlínico Bancario en julio de 1963

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Ni los pacíficos turistas argentinos se salvaron del acoso de la policía