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crónicas del siglo pasado

REVISTERO

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dibujo al lápiz, propiedad de don Atilio Larco
retrato publicado por la revista de la Unión Panamericana
en una manifestación realizada el 30 de julio de 1912, en el Rosario

Hipólito Irigoyen
EL PRESIDENTE ELECTO
(PBT-1918)
(continuación)

 

Los retratos de don Hipólito Irigoyen
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Dott. Ippolito Irigoyen, según la
"Illustrazione Italiana"

Por primera vez va a ocupar la presidencia de la nación un ciudadano cuya figura vive en el alma popular con los misteriosos contornos de la leyenda. Sus facciones no las conocen a ciencia cierta las multitudes que lo aclamaron en la lucha electoral más grande y más hermosa que ha presenciado el país. Saben solamente su firmeza en la protesta y su fallo de juez severo en los acontecimientos del último cuarto de siglo, en cuya etapa, de tanto en tanto, cuando la adversidad se abatía sobre su partido, como el hombre de Descartes, hacía saber su existencia por el órgano de su pensamiento.
Con el mismo silencio con que vio irse a los amigos de su lado, achacándole la culpa de lo que querían, para justificarse, llamar derrota, vio peligrar su triunfo en las horas en que se reunía el colegio electoral y recibió la noticia de su victoria.
La facie inmutable del jefe de partido será el gesto del presidente. No se debe al halago ni al teatral comedimiento de los políticos que crean afectos con el abrazo y la dádiva. Se debe a la misteriosa sugestión de la hombría que engendra respeto y dice dignidad.
Va a la presidencia por el mandato imperativo de la mayoría, que en las democracias es la fuerza que otorga el poder y decreta el olvido.
Su programa de gobierno está expuesto en la vida de la Unión Cívica Radical, que es la que expresa mejor que las palabras su capacidad de gobernante.
Vio desprenderse a los hombres, arrebatados como hojas por el vendaval y triunfó porque entroncaba su constitución en una fortaleza de quebracho.
Su acción fue siempre de silencio, pero de energía, de fuerza, de actitud creadora, firme como una roca que quiebra a las olas, seguro como el macizo que impone rumbo a los vientos.
Su promesa es solemne y no se abona en pallabas, pero se anuncia en el pretérito indestructible de los hechos. Sólo es de desear, como argentinos, que al terminar su mandato el pueblo lo aclame con el fervor con que lo unge.

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instantánea retocada por nuestro dibujante

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Oleo, propiedad del doctor José Camilo Crotto

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una instantánea tomada el 30 de marzo de 1913 mientras recorría los comités del partido en la capital