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crónicas del siglo pasado

REVISTERO

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Hipólito Irigoyen
EL PRESIDENTE ELECTO
(PBT-1918)

(continuación)

 

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Un amigo del doctor Hipólito Irigoyen nos facilita algunos datos e informaciones que tienen para nosotros el valor de un reportaje en las presentes circunstancias, en que aparece más acentuada la característica discreción del presidente electo.
-He vuelto a ver al doctor Irigoyen- nos dice el amigo en cuestión,- y estoy en condiciones de dar a PBT algunos datos. Ahí van:
Nada ha cambiado en la casa del doctor Irigoyen. Las habitaciones que dan a la calle Brasil, donde el hombre recibe a sus amigos, ofrecen el mismo aspecto que ofrecían en la agitada época de las conspiraciones. Aparte del papel de las paredes, cambiado hace cerca de un año, todo lo demás está igual. Noto un aumento de libros; pues, además de las dos bien repletas bibliotecas, hay otros muchos en un nuevo anaquel. Por lo demás, en las dos salas designadas están las mismas mesas de escribir, sencillos muebles de roble con incrustaciones de bronce. Los sofaes y las sillas son los mismos que había el 4 de febrero. La misma sencillez y la misma limpieza, la misma luz del día que invade e ilumina la casa como único lujo.
Tampoco ha cambiado el doctor Irigoyen. Es siempre el hombre correcto y sencillo, que habla con el correligionario y el amigo despojado de toda vanidad. su palabra suave suena siempre con acento amable, que cautiva, y en sus ojos, negros y pequeños, vibra esa luz extraña que parece surgir del fondo de su espíritu de luchador infatigable.
El doctor Irigoyen habla:
"Me he comprometido a gobernar y gobernaré con la Constitución, el mejor programa que debe imponerse un presidente que aspira a consagrarse por entero a hacer la felicidad de todos los argentinos. No siento ni he sentido nunca odios, ni tengo agravios para los adversarios ni para nadie. Colocado por una resuelta imposición de mi partido en el gobierno, mis actos todos estarán en consonancia con los principios mantenidos en el llano por el apostolado cívico del radicalismo."
Esas son las pocas palabras que la discreción me permite transmitir a PBT, puesto que no estoy autorizado para repetir cuanto hablamos con el presidente electo.
Nuestro informante, después de la anterior manifestación, pasa a enterarnos de algunos pormenores.
-El doctor Irigoyen -nos dice- va a la presidencia sin haber aspirado jamás a gobernar el país, como lo dijera en su renuncia a la primera proclamación de la convención nacional. Todos saben la actitud resuelta de ésta al rechazarla e imponerle la aceptación con un voto imperativo. el doctor Irigoyen se inclinó ante la exigencia partidista, renunciando al descanso que se proponía después de su intensa vida política.
El, después que las urnas consagraran el triunfo de su partido, se retiraría a la vida privada, realizando dos pensamientos resueltos desde mucho tiempo atrás. Con ellos dará término a su vida pública. Uno era publicar un libro que tiene concluido, y que es una historia de la Unión Cívica Radical, desde sus orígenes hasta la fecha, notable capítulo de la historia cívica, que he tenido la suerte de conocer en parte, y que refleja todos los sucesos producidos por esa fuerza política y que arrancan desde las vísperas de 1890 hasta la fecha. Todo esto reflejado en páginas serenas, en las que palpita algo así como un trémolo de idealismo. Cosas desconocidas o mal conocidas, factores ignorados y consecuencias no comprendidas de los acontecimientos impulsados por el radicalismo, que varias veces culminaron en rojos horizontes de rebeldías... El otro pensamiento se refiere a un detalle, nimio en su aspecto, pero que no deja de tener su importancia. Se trata del "doctorado" del doctor Irigoyen. Usted no ignora -prosiguió nuestro informante- que hay quienes discuten al doctor Irigoyen el haber cursado estudios superiores universitarios: una injusticia. Irigoyen es abogado. Dió todos los años de facultad cumplidamente, con altas clasificaciones. En la Facultad de Derecho pueden verse los libros que registran las altas puntuaciones obtenidas en todas las materias. Ejerció la profesión durante dos años en el estudio de los doctores Leandro N. Alem y Bernardo Solveyra. Después, atraído por las tareas rurales, que siempre le agradaron, se retiró a trabajar en la estancia paterna. Inmediatamente lo absorbe la política. Llegó a la diputación cuando apenas contaba 22 años de edad y resuelve prorrogar la presentación de su tesis para consagrarse "doctor", único requisito que le falta. Tiene desde esa época la tesis escrita. Ella es un ardiente estudio en favor del federalismo. Pero la personalidad de Irigoyen va asumiendo relieves que lo destacan en la política de su tiempo. Este pasa, y no da la tesis, siempre en la espera del momento de reposo, que nunca llega. Lo demás es historia moderna para repetirla. El gobierno de Juárez, la oposición violenta que suscita, la parte activa y descollante que Irigoyen tiene en ella y todo lo demás, alejan al eminente ciudadano de la aspiración juvenil del doctorado, que abandona. Sin embargo, como le digo, ahora pensaba dar esa tesis, tal como la escribió entonces. Las ideas federalistas que expresara en aquel tiempo, se han arraigado, en el andar de los años, en su espíritu. Pro la insistencia, la imposición resuelta de su candidatura por parte de la convención del Victoria, vuelve a impedir la realización de su propósito y le cierra el camino de la vida privada, adonde quería replegarse para reposar de las fatigas de su vida política.
Ahora, en su modesta casa de la calle Brasil, donde vive con espartana sencillez, medita, indiferente al comentario y al exhibicionismo, la obra inmensa a realizarse desde las alturas del gobierno.
Por lo demás, el doctor Irigoyen estudiará este año, desde el gobierno, los resortes administrativos, ajustándolos a su labor futura, ya planeada. Sus nombramientos serán la expresión de sus largas meditaciones ante la enormidad de la tarea a realizarse. Su actitud de silencio y aislamiento inquebrantable, ante el cual ha mordido inútilmente la crítica es un anticipo elocuente del futuro. Por eso se alarman todos los salvadores de la nación, que andan haciendo señas al nuevo presidente, como ofreciéndole en vano sus servicios, ya agotados en el sistema que se va.
Hasta aquí habló nuestro informante, agregando consideraciones sobre la política del futuro presidente, que dice será de una honrada firmeza. En cuanto a la afirmación de los estudios realizados, nosotros recurrimos a la Facultad de Derecho en procura de la página donde constaran sus clasificaciones, y se nos afirmó que solamente tenía aprobadas unas materias de los primeros años, después de cuyas pruebas abandonó los estudios oficiales.