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crónicas del siglo pasado

REVISTERO

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LA MASACRE DE EZEIZA
(Yo fui testigo 1986)

-continuación-

El apoyo que daba Perón era ideológico y también táctico. EspeculacionesEsta, en sí, tiene un primer antecedente remoto en los Uturuncos, que actuaron en Tucumán en 1962. Durante los conflictos entre azules y colorados se hablaba de organizaciones compuestas por militantes peronistas, comunistas y del Partido Colorado, opositores a Stroessner que realizaban actos de sabotaje, colocaban bombas, etcétera.
Pero las primeras acciones de la guerrilla como tal se pueden reconocer en el operativo de Taco Ralo, en 1968, protagonizado por las Fuerzas Armada» Peronistas, Su magro resultado disuade a sus miembros de la acción rural y encauza, a partir de entonces, a todos estos grupos en la acción de la guerrilla urbana.

 

 

Todo el proceso tiene una incubación lenta que se acelera y radicaliza, hay que decirlo, a partir de la aplicación de la política represiva de Onganía. Aquí entra en juego vigorosamente el ex presidente Perón, que desde Madrid apoya a la guerrilla peronista considerándola "el brazo armado del movimiento peronista". La consistencia de este apoyo, el hecho de si era ideológico o meramente táctico, ha motivado una nutrida literatura desde entonces, que en algunos momentos ha degenerado en la áspera polémica e incluso en el insulto personal. Lo cierto es que Perón apoya entonces a los grupos radicalizados que se encuadran dentro de sus objetivos. Sus cartas, una de las cuales reproducimos, y sus ofrendas florales en los velatorios de los caídos, así lo confirman.
Recordemos que dentro de su concepción política, que reconoce claros antecedentes militares, cualquier "táctica" es buena para alcanzar los objetivos, siempre y cuando estos se subordinen a una estrategia general conducida por él.
El líder no desconoce la influencia del pensamiento de izquierda en los jóvenes, y en particular en la guerrilla, pero antes que oponerse y confrontarlo, con inteligencia prefiere instrumentarlo lanzando la teoría del "socialismo nacional".
En el contexto latinoamericano, determinado por el triunfo de la Revolución Cubana en primer lugar, hay una marcada tendencia al socialismo. Este ha sido festejado en Chile por el triunfo de Allende en las elecciones, en Bolivia por el gobierno de Torres, en Uruguay por el apogeo de los Tupamaros y en Perú por el gobierno de Velazco Alvarado. Los intelectuales y los jóvenes están imbuidos de este espíritu transformador. Perón lo sabe, y también sabe que no podrá volver esta vez y ganar las elecciones sin los unos y los otros. Por eso los deja, actuar y les confiere su apoyo.

Los grupos armados actúan con inspiración marxista de diferentes vertientes

Imposibilitados de contar toda la historia de las organizaciones guerrilleras, señalamos, sin embargo, que en el año 1973, cuando sucede la masacre en Ezeiza, éstas se encuentran en su momento de máximo apogeo.
Los estudiantes, a los que la "Noche de los bastones largos" les había quitado la autonomía universitaria apenas había asumido Onganía, se separan de las corrientes de pensamiento liberales y "gorilas" para sumarse por primera vez, a las filas peronistas.
El 29 de mayo de 1969 se produce el "Cordobazo" cuando las dos centrales obreras, la CGT y la CGT de los Argentinos, llaman al paro general y los obreros de IKA Renault, SMATA y otros, salen a la calle. Toda la ciudad se convierte rápidamente en un campo de batalla y deben intervenir fuerzas militares porque la policía no logra limitar el conflicto. En estos acontecimientos fallece el joven Adolfo Ramón Bello.
No será el único estudiante que caiga ese año. Como ya dijimos, Emilio Jáuregui muere en una manifestación antigubernamental, llevada a cabo en Plaza Once, en Buenos Aires, en el mes de junio.
El clima del "Cordobazo" se extiende. La consigna "fusiles, machetes, por otro 17" empieza a germinar en las primeras organizaciones armadas peronistas.
Las consignas "acción, acción, por la liberación" y "hoy los yanquis son la ruina de América latina" pretenden justificar el incendio de 13 sucursales de los supermercados "Minimax", a los que ya nos hemos referido. Sucede ante la visita del magnate norteamericano Nelson Rockefeller, que llega al país como enviado del presidente Richard Nixon.
La violencia desatada empezó a ser canalizada por grupos guerrilleros que sumaban a la resistencia peronista las enseñanzas del Che Guevara, uno de los artífices de la Revolución Cubana, en una combinación no siempre demasiado coherente.
La primera acción relevante fue, en este campo, el asesinato de Augusto Timoteo Vandor, un hombre clave del entendimiento entre los sindicatos y Onganía. Algunos señalan como sus autores al "Comando Montonero Emilio Masa", que, más tarde, se adjudicará la muerte de José Alonso. Otros acusan a un tal Ejército Nacional Revolucionario que más tarde se fusionará con los Montoneros.
Pero la carta de ciudadanía de la subversión en Argentina la obtiene este último grupo cuando secuestra y, posteriormente, asesina al general Pedro Eugenio Aramburu, en el primer aniversario del "Cordobazo".
Algunas versiones señalan que en realidad fue un operativo combinado con el entonces ministro del Interior. Otros se lo adjudicaron en el momento al "Comando Cabral de las Fuerzas Armadas Peronistas". Lo cierto es que con Aramburu desaparece un hombre clave para la transición y la apertura política. Los sectores más críticos de las Fuerzas Armadas endurecen su actitud y al poco tiempo cae Onganía: es el golpe de gracia para el dictador que pretendió llevar a cabo una original "Revolución Argentina" sin plazos de tiempo.
Una publicación clandestina de aquel entonces afirma que "con la toma de La Calera por los Montoneros, queda inaugurado un nuevo ciclo en la lucha por la liberación". La misma agrega, al hacer el elogio del operativo, que las autoridades "habían descartado que se pudiera intentar un golpe contra tan estratégico centro", ya que La Calera se encuentra a pocos kilómetros de dos importantes destacamentos militares.
Garin será otro recordado operativo que muestra la forma precisa y coordinada con que actúan estos jóvenes, definidos por todos los testigos como "educados, de buenos modales y en los que se nota cierta preparación".
Los cuadros son extraídos, por lo general, de los sectores medios de la sociedad, que empiezan a ver diluirse en la nada los proyectos propios de su clase: la casa propia, el coche, la buena renta por ser "profesional" y tener un "título". Aunque también hay que reconocer que filas obreras proveen a la guerrilla de muchos de sus mejores militantes. En lo ideológico se observa que, tanto en peronistas como en no peronistas, está presente el concepto de la lucha de clases como motor de la historia, tal como lo planteó Marx. Más aún, se aplican al estudio de este teórico de la revolución que proclama con cierto determinismo la necesidad histórica de que los grandes cambios sociales sean "paridos" por convulsiones más o menos cruentas, pero violentas al fin. Esto los conduce a la preparación del terreno en este sentido.
Ya aludimos al triunfo de la Revolución Cubana, originada en un minúsculo grupo de guerrilleros en Sierra Maestra. Su éxito los alienta y los lleva a leer las enseñanzas del Che Guevara, en cuanto a metodología de acción, y a Mao Tse-tung, en cuanto a dialéctica de las contradicciones. Así enriquecen teóricamente una posición nacida de la reacción espontánea, ante un insoportable estado de cosas.
Al poco tiempo, el nacionalismo de Perón es interpretado bajo la óptica de "El libro rojo", de Mao Tse-tung, que sitúa en determinadas coordenadas la contradicción principal entre el imperialismo y sus centros naturales de poder, por un lado, y las burguesías nacionales y los obreros por el otro.
La consigna "Cámpora al gobierno, Perón al poder" les hace pensar en un binomio como el de Dortícós y Fidel Castro, sin medir las inconmensurables diferencias que hay de una realidad a otra.
A modo de síntesis recordemos que dentro de las organizaciones armadas se encuentran grupos de definida extracción de izquierda, antiperonistas, o que, al menos, ven en Perón a un continuador de la política de la burguesía para consolidar el sistema de explotación del pueblo.
Estos grupos tienen una conformación marxista-leninista, que se ha robustecido en sucesivas rupturas con el stalinismo ruso y las subsiguientes políticas reformistas emanadas de la U.R.S.S. Son proclives, por lo tanto, a la línea de la "revolución permanente" de León Trotzky, y establecen vínculos internacionales que unas veces son más "latinoamericanistas", y otras tienen una marcada influencia "guevarista". En esta línea debemos contabilizar al E.R.P. (Ejército Revolucionario del Pueblo) y a las F.A.L. (Fuerzas Armadas de Liberación).
Las otras organizaciones armadas reconocen un origen peronista. Son Montoneros, F.A.P. (Fuerzas Armadas Peronistas) y F.A.R. (Fuerzas Armadas Revolucionarias). Estas últimas están guiadas por el abogado Roberto Quieto. Recogen la experiencia de la resistencia peronista y enarbolan las recientes banderas socializantes y violentas del general Perón para justificar su actividad. En sus cuadros militantes tiene un peso importante el discurso del marxismo-leninismo, como teoría de acceso al poder y como método de comprensión sociológica e histórica de la realidad. Pero es un discurso que está matizado con el pensamiento particular de otros revolucionarios, tales como el italiano Gramsci, y los ya mencionados Mao y el Che, en una mezcla no muy coherente.
Estos ingredientes ideológicos son importantes porque determinan que su accionar se diferencie radicalmente del de los otros grupos. En algunos casos, los adherentes entran en la lucha decididos a conseguir nada menos, que el control del aparato del Estado, por ejemplo.

En el camino al socialismo los jóvenes mezclan textos con el fusil y La Biblia

Durante los largos 18 años de exilio del líder, en definitiva, el peronismo creció como pudo, adaptándose a las diversas coyunturas. A no tener una conducción presente en el país, ni las responsabilidades de gobierno, distintos sectores confluyeron en su seno con un solo de nominador común: ser oposición, fundamentalmente oposición.
Perón, de líder de un partido, se convirtió en la cabeza de una creciente oposición que, de una manera u otra, salvo escasas excepciones, terminaba acercándole aguas a su fuente.
Para la juventud, el peronismo. fue símbolo de la rebelión. Era lo "prohibido". Sus caídos en la lucha fueron mártires, y los dirigentes que operaban en la clandestinidad héroes. Las cintas grabadas y las cartas del general Perón llegaban en forma clandestina y se transmitían con el mismo secreto con que se pueden transmitir las órdenes entre los combatientes de un ejército de liberación en un país ocupado por tropas enemigas.
Mientras tanto, las fuerzas armadas gobernantes ensanchaban el abismo que las separaba del pueblo. Cuanto más se mezclaban el marxismo y el guevarismo con el peronismo más combativo, peor era la reacción militar y, por consiguiente, la represión.
Muchos sectores de izquierda, sobre todo intelectuales, que en 1945 habían estado en contra del peronismo por haberlo asimilado a los regímenes de la Alemania nazi y la Italia fascista, ahora reconocían públicamente su equivocación y se sumaban a esta nueva vertiente del peronismo que les abría sus puertas y se renovaba en la lucha constante. Muchos veían así que al lado de un peronismo de la negociación crecía un peronismo de la revolución. El primero manejaba la estructura, el poder sindical, y utilizaba insólitos recursos para mantenerse; el otro se insertaba decididamente en las masas populares y contaba con un apoyo masivo en universidades, barrios, villas, fábricas. También podemos decir que, sin estructura y sin votos, la única expresión política que pudo esbozar fue la lucha armada.
Las organizaciones se convirtiesen en "vanguardia", y tal vez no supieron o no pudieron subordinar las armas a la política, como correspondía a un movimiento de masas como el que proclamaban querer constituir. De todas formas, al 20 de junio ése era el panorama. La guerriIla no era un grupo de desconocidos que pegaba golpes a ciegas en la oscuridad: sus organizaciones tenían nombre y apellido, daban conferencias de prensa, "bajaban" documentos a las bases. Estos eran minuciosamente discutidos y analizados en las unidades básicas y en los comités de base de muchas fábricas.
Como señalamos en otra parte de este trabajo, el camino al socialismo era el pan nuestro de cada día. El fusil y La Biblia compartían la cabecera de la cama de los militantes y un nuevo modelo de país parecía asomar en el horizonte. Su partera era el peronismo.

Después del 11 de marzo, las organizaciones armadas reacomodan sus estrategias

Hasta el momento de la apertura electoral las distintas organizaciones armadas, peronistas y no peronistas, actuaron solidariamente frente al enemigo común: la dictadura. La acción, la persecución y la cárcel compartida las obligó a unificar tácticas y dejar de lado las diferencias conceptuales.
Sin embargo, cuando se vislumbra la apertura electoral, las diferencias entre ellas comienzan a salir a la luz. En el extremo izquierdo de este espectro está el llamado Ejército Revolucionario del Pueblo (E.R.P.), que considera desde el primer momento que el retomo de Perón y la instrumentación de la Hora de los Pueblos no es más que una nueva maniobra de la burguesía aliada al imperialismo para detener el avance revolucionario de la clase obrera. Para ellos no hay distinción entre dictadura y democracia, entre poder de las armas y de los votos, y resuelven no dar tregua al gobierno justicialista y oponerse al Pacto Social proclamado. Afirman que no puede haber pacificación entre los explotados, los trabajadores, y los patrones, los explotadores.
En una de las publicaciones clandestinas del momento señalan: "Muchas veces nuestro pueblo fue convocado a treguas que lo único que lograron fue que nuestros enemigos ganaran tiempo para poder reacomodarse y luego poder atacar con más saña. No debemos dejar de luchar; todo lo contrario. Ahora debemos luchar más que antes".

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Destrucción de Supermercados Minimax

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Revueltas estudiantiles por la visita de Rockefeller

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Llegada de Perón a Ezeiza

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Augusto Vandor

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Robledo Puch

La guerra estaba declarada. La dificultad de distinguir entre los sectores más progresistas y más retardatarios del peronismo se expresará en todo su dramatismo cuando, más adelante, en el operativo de Monte Chingolo, mueran más de 100 jóvenes "erpianos" para lograr un objetivo "político-militar" cuya única consecuencia real fue la obligada renuncia del gobernador de la provincia de Buenos Aires, Oscar Bidegain. Hecho con lo cual atacaron —directamente o por elevación— a los que hasta hacía pocos meses eran sus aliados más consistentes: los sectores de izquierda que en ese momento apoyaban la gestión del gobernador. Cabe señalar que, dentro de esta organización, no todos los cuadros siguieron las instrucciones tácticas del conductor, Santucho. Un sector no muy numeroso se divide, justamente, por estar en desacuerdo con la posición frente al Justicialismo, y se forma el ERP 22 de Agosto, en franca línea de acercamiento a las organizaciones peronistas.
Dentro de estas últimas, como ya dijimos en reiteradas oportunidades, las más importantes son Montoneros, F.A.R. (Fuerzas Armadas Revolucionarias) y F.A.P. (Fuerzas Armadas Peronistas). F.A.P. resuelve seguir con su trabajo de base en barrios y fábricas, sin participar de los tejes y manejes de la superestructura política, como si la discusión de los cargos y puestos en el aparato del Estado fuera de por sí un modo de "contaminación" del espíritu revolucionario. Su peronismo tiene algo místico. Sus dirigentes tienen confianza ciega en las fuerzas populares en si mismas y no a través de sus organizaciones sociales y sus representantes.
F.A.R. y Montoneros, a través de sus máximos dirigentes, Roberto "Negro" Quieto y Mario Eduardo Firmenich, se unifican, por fin, en los primeros días de junio, y en una conferencia de prensa fijan su posición ante el gobierno camporista. Esta es de apoyo, de fiscalización y de defensa, con el fin de profundizar la tarea de la liberación nacional y evitar retrocesos. Estas dos últimas organizaciones consideran la elecciones del 11 de marzo como un hito importante dentro de la estrategia de la guerra revolucionaria conducida por el general Perón, pero de ningún modo como su objetivo final. Y tal vez así caen en el error de confundir una táctica política de acceso al gobierno con una táctica revolucionaria de toma del poder para la transformación de las estructuras.
Como creen —o, al menos, dicen creer— que el objetivo final de Perón es el socialismo, para explicar las medidas concretas tomadas por eI líder desde el mismo día de su arribo a la Argentina, conforman y propagan la teoría del "cerco". Según ésta, Perón, ya viejo, ha sido "rodeado", "cercado" por hombres de la CÍA y logias extrañas, entre los que se encuentra como principal protagonista su secretario personal y luego ministro de Bienestar Social, José López Rega.
Esta teoría llega a su punto de rnáxima inverosimilitud cuando se produce la ruptura entre Perón y los sectores, el famoso 1 de mayo en que el general, de forma directa y sin medias tintas, los echa de la Plaza, junto con todos los grupos políticos que, de alguna manera, estaban ligados a ellos, llamándolos "imberbes".
A la hora del retorno del general, la posición de F.A.R. y Montoneros estaba en plena alza de acciones. Habían decidido pelear su sitio en lodos los terrenos y habían, consecuentemente, creado estructuras políticas en todos los campos. Así llegaron a tener hombres que respondían a sus directivas en universidades, sindicatos, barrios, villas y también en cargos públicos. Los cargos que no lograban obtener por su propio peso representativo, los conseguían a base de medidas de fuerza, ocupaciones y tomas. En estos actos conseguían un apoyo enfervorizado y reclutaban militantes por cientos en la juventud. A la llegada del general es evidente que ocupaban importantes sectores del poder y que tenían influencia en gobernaciones y ministerios. Sin duda habían conseguido esa preeminencia porque eran los que reunían mayor capacidad de movilización popular; casi al mismo nivel que los grandes sindicatos o que los aparatos de gobierno.

La "patria peronista" y la "patria socialista" son emblemas para la lucha

La lucha desencadenada entre los sectores que adhieren a un nuevo orden social de corte nacional sindical, y los que, a través de las diferentes vertientes de la juventud y las organizaciones armadas se identifican con el peronismo como vía al socialismo, continúa con especial virulencia a partir del momento en que asume la presidencia Héctor J. Cámpora.
Algunos creen que el ministro del Interior, Esteban Righi, es culpable por no detener a tiempo los enfrentamientos y las ocupaciones de fábricas, universidades, plantas emisoras y dependencias oficiales que siguen día a día en todo el país, como si éste fuera virtualmente un campo de batalla donde cada uno de los bandos en cuestión debe ganar el mayor espacio posible. ¿Para qué? Supuestamente para presionar a Perón, o al menos para continuar actuando bajo el supuesto de que el líder, dentro de su estrategia militar, tomará en cuenta las posiciones afirmadas de uno y otro para volcar el fiel de la balanza. Como si la única conducta fuera la de seguir el rumbo de los acontecimientos.
En el plano sindical, los gremios más combativos, como los telefónicos, del tabaco, mineros, calzado, estatales, etcétera, luchan, apoyados por la J.T.P., para conseguir que la nueva legislación incluya normas que garanticen la democracia interna, otorgando mayor capacidad de decisión a las bases y comisiones internas. Con tal fin, reclaman una gran amnistía para reincorporar a todos los sindicalistas sancionados por sus propias organizaciones. Esta amnistía permitiría, por ejemplo, la reincorporación del metalúrgico Avelino Fernández, de Juan Carlos Vidal, del Vestido; de Ángel Gauna, de Gastronómicos, y de Carlos Pereyra, de la Construcción, entre otros.
La cúpula de la CGT pide también la reforma de la Ley de Asociaciones Profesionales y la derogación del decreto de Illia N° 969 / 66, que prohibe expresamente la libertad de acción y expresión política en los sindicatos. Sin embargo, se observa que no está interesada en reformar la legislación para conseguir la participación en las elecciones internas de las corrientes opositoras.
En la universidad, y en general, en el campo educativo, regido por el Ministerio del doctor Jorge Taiana, la lucha no es menor. La Juventud Universitaria Peronista, la Unión de Estudiantes Secundarios, las agrupaciones de trabajadores docentes y no docentes se enfrentan con la Juventud Sindical, la resucitada Alianza Libertadora Nacionalista, Guardia de Hierro y la C.N.U. (Confederación Nacional Universitaria).
En la Facultad de Filosofía y Letras, por ejemplo, asumen, en los primeros días de junio, Rodolfo Ortega Peña, en el departamento de Historia, y Francisco "Paco" Urondo, como interventor en Letras. Los apoyan las organizaciones nombradas en primer término, mientras que las otras se quejan de que "la Universidad ha sido usurpada, en casi todas las áreas, por elementos de la contrarrevolución marxista y trotzkysta". Estos mismos agregan: "Resulta casi inconcebible que el clamor de las fuerzas sindicales, que constituyen la columna vertebral del movimiento nacional, denunciando el proceso de infiltración, no hayan encontrado eco en las autoridades del Ministerio". Así lo recoge el diario "La Opinión" del 12 de junio de ese año 1973.

Un acto en José León Suárez sirve de globo de ensayo para la matanza de Ezeiza

El enfrentamiento armado más virulento que se produce en los días previos al retomo de Perón se da en ocasión de conmemorarse otro aniversario de los fusilamientos del 9 de junio, en José León Suárez.
Por una parte, al término del enfrentamiento que describimos más abajo, la coordinadora de la Juventud Peronista de Vicente López, da a conocer un comunicado respecto los hechos y señala a los agresores como "matones a sueldo de las burocracias sindicales colaboracionistas con los gobiernos que se han sucedido entre 1955 y 1973, que hoy intentan dividir al movimiento". Así lo consigna "La Opinión" del 12 de junio.
Por el otro lado, la Confederación General Nacionalista informa luego que "los enemigos no pierden el tiempo para seguir avanzando, aunque no les quepa la menor duda de que en el país no van a quedar marxistas ni gorilas, porque continuaremos hasta llegar a la Patria peronista".
Con motivo de los incidentes resulta muerto el dirigente textil Aldo Rubén Romero.
El acto en cuestión núcleo a unas 3000 personas y fue presidido por el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Oscar Raúl Bidegain. Contó con la presencia de los tres sobrevivientes del fusilamiento: Julio Troxler, subjefe de la Policía de la provincia; Norberto Gabino, intendente de San Isidro, y Reynaldo Benavídez. Los acontecimientos fueron relatados así por el citado diario: "El sector mayoritario de la concurrencia coreaba "¡Perón, Evita, la patria socialista!", y agitaba emblemas de F.A.R., F.A.P., Montoneros y Juventud Peronista (...) Otro sector, que coreaba "la patria peronista", tenía emblemas de la Juventud Sindical Peronista y de las Brigadas Juveniles".
Los primeros se identificaban con brazaletes rojos y negros, mientras que los segundos lo hacían con unos de color verde. Según "La Opinión", entre unos y otros se produjeron los primeros enfrentamientos: "Luego de escenas de pugilato, uno de los atacantes esgrimió un arma de fuego, de calibre reducido según los testigos, y disparó tres veces, resultando herida una mujer. Se produjo el desbande de los circundantes mientras algunos miembros de la juventud peronista (...) perseguían al autor de los disparos. Este corrió a campo traviesa hasta un automóvil que arrancó de inmediato y los alejó del lugar. En la persecución los jóvenes gritaban que ese era «uno de los matones sindicales».
Poco después, en otro enfrentamiento similar ocurrido en el mismo sitio, asegura "La Opinión" que "ambos sectores usaron armas de fuego".
¿Fueron "provocadores" que se acercaron al acto organizado por los sectores proclives al socialismo los que iniciaron el enfrentamiento? ¿O, en realidad, los dos sectores tenían el mismo poder de convocatoria y apoyo de masas como para hablar de una lucha de "igual a igual"?
¿Era una suerte de "ensayo" de lo que iba a suceder en Ezeiza?