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"Ganó Arturo Frondizi!, se cumplió la orden del que te dije." El domingo 23 de febrero de 1958, día de elecciones generales, casi todo Buenos Aires, sin confiterías ni espectáculos, parecía un desierto. A las 9 de la noche, sólo el canillita apostado en la estación Carlos Pellegrini de subterráneos se empeñaba en transmitir a los escasos pasajeros, con lenguaje cifrado, que Frondizi ya era Presidente de la República. La precaución era necesaria: aún regía el tiránico Decreto 4161 que castigaba hasta el hecho de nombrar a Juan D. Perón, exiliado en Santo Domingo, y verdadero capitán de la victoria asombrosa que sepultó al Gobierno Aramburu.
El espectáculo inusual comenzaría una hora después: si bien el peronismo no festejó el triunfo y se limitó a sonreír en forma enigmática, hubo euforia en las huestes ucristas; también, rodaron las lágrimas en el radicalismo del pueblo cuyos dos candidatos, Ricardo Balbín y Santiago H, del Castillo, perdieron por 1.458.339 votos. Llanto y sonrisas chocaron hacia las 22.30, en la calle Corrientes al 1400, frente a la confitería "La Armonía", en cuyos altos, el movimiento de Intransigencia Nacional (rabanalismo), de la UCRP, había instalado un comité: una columna de militantes frondicistas que recorría la arteria vitoreando a su líder fue provocada por los perdedores; se originó una trifulca y un par de manifestantes fueron a parar a la Asistencia Pública heridos de bala. Desde la esquina, los demócratas progresistas Frida Patlis e Isidoro Martínez contemplaban escépticos: "Frondizi traicionó al laicismo y los traicionará también a ustedes", espetaron a los romeros.
Para Frondizi, la jornada comenzó 14 horas antes —a las 8.33—, cuando el tren que lo conducía desde Rosario entró en agujas, en Retiro. El candidato se había trasladado a Santa Fe para rendir —junto con su compañero de fórmula, Alejandro Gómez— un homenaje a la bandera: temía que una algarada popular en torno suyo pudiese interrumpir el proceso. Tal vez existían motivos: el Gobierno estaba rígidamente dividido en "continuistas" —favorables a la prosecución del estado revolucionario por medio de una administración "balbinista"— y "quedantistas" (acólitos del almirante Isaac Rojas), proclives a extender por la fuerza el régimen "libertador".
Frondizi descendió del convoy seguido por sus amigos Raúl Gargione y Horacio Dewey: lo esperaban Eduardo Tito González y cuatro periodistas; todos ellos marcharon en un automovil marca Opel a Rivadavia 4651, el domicilio del candidato, quien atendió una llamada de Alfredo Palacios (que le deseó buena suerte), se bañó, y luego recibió a sus hermanos Liduvina y Orestes. "Arrivederci, nona", saludó cordial Frondizi a su suegra, que dejaba el departamento, a las 9.15, mientras entraba Jorge Molas Terán, con un ramo de flores rojas y blancas —el emblema radical— "para doña Elena" (Faggionato, la esposa del ideólogo). A las 10, Don Arturo escapó solo a impetrar su propio éxito en la Iglesia de Corpus Domini, un templo al que se, aficionó en sus épocas de Diputado, cuando el párroco era el reverendo José María Dumphy (Nº 201).
Acaso Frondizi vislumbraba su final. Ya de vuelta a su casa, a las 12.30, volvió a salir, esta vez en compañía de su mujer y su hija, a quienes acompañó a votar en un comicio de la calle Eleodoro Lobos: "¿Qué le parece todo esto? ¿Quién ganará?", lo asediaron los curiosos en la vereda. "El que triunfe, que se embrome", eludió Frondizi con una carcajada. A las 13.25, él mismo sufragó en el dispensario de Campichuelo 50, mientras unos cien camarógrafos y fotógrafos, nacionales y extranjeros, lo ametrallaban con instantáneas. De regreso a su piso, el jefe radical, sus familiares y deudos políticos almorzaron empanadas y bebieron vino tinto "Norton", cosecha 1953. A los postres, se sirvió una torta horneada por la esposa del entusiasta Molas Terán: con azúcar de repostería, la cocinera había improvisado sobre ella un mapa de la Argentina, donde campeaban las iniciales F-G; Frondizi-Gómez.
"Frondizi, Gómez, que el vasco se las tome", rugieron las brigadas ucristas a las 15.5, cuando Don Arturo llegó al Comité Nacional del partido, en la; calle Riobamba 482, para sostener una breve conferencia de prensa.
"Entonces, ya teníamos la sensación de la victoria —relata hoy David Blejer, que luego fue Ministro de Trabajo—, porque los fiscales nos transmitieron que el voto en blanco había disminuido." Es que el votoblanquismo de los justicialistas había arruinado ocho meses atrás la mayoría de la UCRI en las elecciones de Convencionales Constituyentes. Desde esa fecha abundaron las gestiones frondicistas para sumar al peronismo: en julio de 1957, Ricardo Rojo y Rogelio Frigerio entrevistaron en Santiago de Chile a John W. Cooke para conseguir ese apoyo. En enero de 1958, Perón y Frigerio convinieron en Caracas suscribir una alianza: el texto de 'El Pacto' fue elevado a la consideración de Perón, el 8 de febrero, por Ramón Prieto, quien viajó especialmente a Ciudad Trujillo. Dos días después, el petrolero Adolfo Cavalli trajo de regreso "la orden", que se comenzó a distribuir con celeridad por fábricas, barrios y lugares de provincia. "Las instrucciones llegaron hasta el último rancho con velocidad pasmosa —relató a Primera Plana, el martes último, un frondicista correntino—: realmente el peronismo tenía una capacidad de comunicación que se había subestimado, y la simpatía natural de Frondizi facilitó las cosas."
El centro de la equivocación estaba en la Casa Rosada; el 24 de febrero se planteó una seria disidencia porque los "gorilas" pensaron en desconocer a los vencedores y perpetuarse en el poder por otro golpe de Estado. Aramburu impuso cordura: sus acólitos dijeron que Frondizi había prometido devolver el poder a PEA luego de cumplir un período completo.
"En la calle Corrientes al 1400 levantamos las banderas del programa de Avellaneda", cuenta ahora Rubén Rabanal, de la UCRP. ''Queríamos distinguirnos como los auténticos radicales de Alem e Yrigoyen; tratábamos de insistir en el hecho de que si ganábamos lo hacíamos sin pactos ni acuerdos, conservando nuestra fisonomía. Cuando llegó la derrota hubo lágrimas, pero no nos dolía tanto haber perdido como la forma en que se nos birló el gobierno. Para nosotros, no venció una fuerza popular sino el contubernio. No contratamos a nadie para pegar carteles: nos sobraba muchachada."
La muchachada, sin embargo, rodeó a Frondizi la noche del domingo 23 y asaltó el local de Corrientes. Antes, a las 15.50, el jefe de la UCRI recorrió la calle Florida donde, a las 16.18 se encontró con Alejandro Gómez, precisamente, en la esquina de esa vía y Sarmiento: comenzaron, los abrazos entre el aplauso de los circundantes. Luego de una siesta en su domicilio, que se prolongó hasta las 20.45, el nuevo Presidente continuó recibiéndolos, esta vez en Rodríguez Peña 1855, la mansión de Tito González invadida ya por los postulantes de puestos públicos. El sarao duró hasta las 22.59; a esa hora, Frondizi, casi en secreto, huyó de sus amigos y se trasladó, a la casa de Narciso Machinandiarena, donde lo esperaba un hombre que hasta entonces pasaba inadvertido en su amplio staff. Ese hombre sería más tarde su "alter ego"; se llama Rogelio Frigerio.
20 de febrero de 1968
PRIMERA PLANA
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