Mágicas Ruinas
crónicas del siglo pasado

 


MUDANZAS
REQUIEM PARA UNA CATEDRAL
Revista Periscopio
05.05.1970

Un aire de consternación, de mal digerido disgusto, planea sobre Florida al 900; el comentario se ha hecho obvio, las conversaciones de café en los alrededores recalan siempre en el mismo tema: el inminente cierre del local que, regenteado por el Instituto Torcuato Di Tella, llegó a convertirse en Catedral de auténticas y pretendidas vanguardias en artes plásticas y audiovisuales. Los dos extremos del péndulo crítico oscilan entre la voz tonante de Jorge Romero Brest ("¡Una verdadera catástrofe!") y la silenciosa, casi enternecida aprobación, que se otea en el rostro de los agentes, uniformados y de civil, que prestan servicios en la Policía Federal, sección 1ª.
El rumor que empezó a rodar en la primera semana de abril pasado tuvo confirmación el 24, cuando Guido Di Tella, en su papel de presidente del Consejo de Administración del Instituto, convocó a conferencia de prensa. "El organismo —sentenció, sin apelaciones posibles— ha asegurado definitivamente su nivel de operación, pero aun así debe tomar medidas drásticas de reducción." Para Guido Di Tella y sus colaboradores, el drenaje mayor consistía en el dinero que insumía el local de Florida 936, y en especial la dote recibida anualmente por los Centros de Artes Visuales y de Experimentación Audiovisual.
La solución del nudo gordiano consiste en reagrupar, en venerables casonas de Belgrano R —con la adición del laberíntico petit hotel que sirvió de hogar a Torcuato Di Tella—, los nueve centros de estudio e investigación patrocinados por la Fundación madre; en otras palabras: el abandono definitivo de la calle Florida, de la zona que —por paradoja— había prevalecido sobre otras precisamente por la existencia del Di Tella. El redimensionamiento del Instituto, por supuesto, incluye un par de bajas considerables: la reducción presupuestaria forzará las renuncias —o la neutralización, acaso— de Jorge Romero Brest y Roberto Villanueva, popes de la vanguardia inconformista en plástica y espectáculos.
"¿Saben en a qué se ha reducido uno de los centros culturales más importantes de la actualidad? —rugió Romero Brest, luego de leer ante Periscopio, entre murmullos y cuchicheos indescifrables, la versión del anuncio formulado por Guido Di Tella—. Para los siete meses de este año me han ofrecido 22.000 pesos nuevos, y peor en todo el 71: nada más que 40 mil." Para Romero Brest, la clave del proceso es muy clara: "Nuestro trabajo tiene un aspecto positivo y otro negativo; pero el positivo no fue, precisamente, analizado por el Consejo de Administración".
Más circunspecto, Villanueva prefiere soportar el chubasco, darse tiempo hasta que aclare: "Estamos empeñados en no desaparecer", sostiene con inequívoca cautela cordobesa. "He notado gran apoyo moral en este trance —agrega— y eso es un gran estímulo: pienso acelerar el programa en marcha, inclusive estrenar antes de lo previsto, y trabajar simultáneamente con el plan que me ha pedido el Consejo para las actividades futuras de Experimentación Audiovisual." Por supuesto, no deja de reconocer que "por nuestra actividad pública, somos los más perjudicados en este proceso". Una preocupación marginal ensombrece su gesto, alinea imprevistamente su bigote estilo D'Artagnan: "Habrá que trabajar bastante para conseguir en la casona de los Di Tella algo parecido a lo que perderemos".
La decisión del Instituto no culmina con la liquidación de un local ni con la fuerte reducción presupuestaria de dos centros: también arrastró la renuncia del ingeniero Enrique Oteiza, que abandona su cargo de director para ser sólo un miembro del Consejo de Administración, tras nueve años de tarea. De algún modo, la situación indica la culminación de una añeja polémica asentada en los estratos más altos del ente; tras una década, ha prevalecido el criterio de orientar el mecenazgo hacia disciplinas más científicas: Sociología, Economía y Medicina.
El statu quo que regirá a partir del 1° de junio reconoce, sin embargo, una ínsula: Alberto Ginastera, director del Centro Latinoamericano de Altos Estudios Musicales, sólo se verá afectado por el traslado, no en su presupuesto. Las versiones indican que fue la habilidad del compositor la que permitió mantener su coto: unos meses atrás decidió per se reducir de 1.000 a 500 dólares su sueldo. También se comenta que "Ginastera es prácticamente inamovible, porque su puesto depende casi exclusivamente de la Fundación Rockefeller, fuerte contribuyente al tesoro del Instituto".
Tal como lo previera Guido Di Tella, la mudanza rumbo a Belgrano R pondrá fin a una época singular del arte nacional. Otras preocupaciones —acaso gastronómicas— florecerán en el solar donde algún día asombró 'La menesunda', donde nacieron a la notoriedad, sin más atributos que la audacia, personajes como Marta Minujin, Pablo Mesejean, Delia Cancela, Rafael Squirru, Dalila Puzzovio, Edgardo Giménez; donde encontraron confirmación, para dispersarse luego, artistas como Ernesto Deira, Rómulo Macció, Noé, Jorge de la Vega; donde agentes de "inteligencia" o policiales abrevaron sospechas sobre el devenir cívico del país.
Es previsible entonces que, al producirse el desalojo definitivo, envuelto en el aura de escándalo que tanto le place, rodeado quizá por una nube de barbudos y desgreñadas desorientados, se oiga la imponente voz de Jorge Romero Brest, quien, desde ahora, promete "decir la verdad, toda la verdad".
—¿No te postra, Vichi? Nos han quitado nuestra arena para lagartear.
—Es cierto, Ruli. Nos van dispersando como a perdigones.
Este extraño diálogo se suscitó entre dos habitués a la quesoteca Aristóbulo, en la cortada Tres Sargentos, el jueves por la noche. Era su manera de protestar.

 

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Romero Brest
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Guido Di Tella
Guido Di Tella

 

 

 

 

 

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