Mágicas Ruinas
crónicas del siglo pasado

 


JOSÉ ALONSO
¡DE PIE! EL SECRETARIO GENERAL SOY YO

Revista Gente y la Actualidad
24 de marzo de 1966

En un edificio de la calle Tucumán al 700, José Alonso ("Aún soy Secretario General de la C.G.T.") ha constituido su nueva sede ("La misma gente que me Iba a consultar allá, en el local de la Central, viene ahora aquí. Se han apoderado del edificio de la C.G.T., pero no de mi cargo.")
Lo entrevistamos en su oficina del segundo piso. Cómoda, agradable, más o menos bien puesta, con un gran ventanal que da sobre la calle Tucumán y cubierto por una suave cortina transparente. Estaba junto a su señora. "Hablarán más cómodos sin mí", dijo saliendo.
José Alonso llevaba puesta la misma camisa que le vimos usar en Tucumán, el día que la FOTIA lo invitó a hablar frente a la plaza 9 de Julio. Cuando se lo dijimos, sonrió: "Es muy cómoda para trabajar, por eso la uso muy seguido". Habló del problema azucarero: "Se viene cumpliendo todo aquello que pronostiqué antes de diciembre del año pasado. El problema azucarero no tiene salida dentro del marco provincial, ni solución a corto plazo, pero sí o plazo medio. El pueblo tucumano no puede ni debe pagar consecuencias de un mal gobierno.
Alonso se repantigó en su sillón. Mantuvo su hombro derecho permanentemente en movimiento. Es un tic. —Y de Perón, ¿qué nos puede decir? —Bueno, ustedes saben que yo soy incondicional del general. Se lo pretendió orillar. Antes de la llegada de Isabelita había perdido el 70 % de la conducción. Ahora lo recuperó en gran parte. Aquellos que pretenden orillar a Perón están totalmente equivocados. Son análisis hechos por ignorantes.
Mientras habla, José Alonso juega con un pequeño lápiz que de vez en cuando deja caer.
—¿Y de Isabelita? Hablemos un poco de ella. —Cómo no. Somos muy amigos, ella, mi mujer y yo. Vamos muy seguido a tomar el té a su casa. Vive con una secretaria, un mucamo, un cocinero y un chofer. A veces salen mi mujer y ella de compras. Ayer estuvo en Harrod's. Esta noche cena en una cantina. No tiene problemas para salir. Yo le digo: Isabelita, éste es un pueblo muy especial, odia pero no mata. Ya ves a tipos odiados como Rojas paseando tranquilamente por las calles y nadie les dice nada. Por ahí alguna palabra gruesa, pero nada más. ¿No tengo razón? Mucho tiempo me costó convencerla de esto, pero al fin lo conseguí. Era una pena verla tan joven y encerrada todo el día en su departamento. Ahora sale, y todo anda mejor. Cambió el carácter.
"Como le digo, cuando Isabelita llegó a Buenos Aires el panorama para el peronismo pintaba mal; ella venía a reemplazar a un equipo de ayudantes que el general había tenido hasta ese momento. Iturbe, Lezcano, Delia de Parodi, Vandor: debían ser fieles pero no lo fueron. El general se dio cuenta. Entonces la mandó a su propia esposa para que fuera su vocero. Debía hacerse lo que ella dijera. Eso a los «5 Grandes» no les gustó nada.. En seguida protestaron y trataron de oponerse. Pero no había nada que hacer".
Alonso pese a sus 52 años, parece mucho menor. Su grueso bigote, ya casi canoso, avejenta un poco su cara. Todo en su físico es una contradicción. Casado hace 15 años, es padre de una niña de 13 y de un varón de 10.
—¿Cómo me coparon la C.G.T.? ¡Ah, sí! Vamos despacio, paso por paso. Fue una mañana a eso de las ocho, mi horario habitual de llegada. Noté un ambiente raro, no pude precisar exactamente qué era. Cuando entré en mi oficina, vi mis papeles revueltos, la caja fuerte abierta, faltaban documentos y papeles en cantidad. Plata no, únicamente papeles. Pregunté qué había pasado y me contestaron con monosílabos. Por la tarde apareció gente extraña, caras que nunca había visto. La mañana siguiente varios empleados faltaron: «por su seguridad habían renunciado». En la mañana del tercer día mi secretaria tenía una nota intimidatoria bajo el vidrio de su escritorio: «Renunciá si no querés que te pase lo peor». Lloraba, y me entregó su renuncia. Esa tarde entraron grupos de choque y nos obligaron a salir. Desde entonces no he vuelto. Ni ellos tampoco. Nadie ocupa ese edificio. Solamente lo custodian. Ellos pretenden que vayamos a ocuparlo, pero no lo haríamos jamás. Se dieron cuenta tarde de una cosa. Quisieron tomar la C.G.T. y sólo tomaron el edificio. El secretario general sigo siendo yo.
—¿Y Vandor? Sabemos que lo conoce bien de cuando militaban en el mismo partido. —No es cierto, yo nunca llegué a conocerlo bien. Tampoco estuvimos juntos en el peronismo. Contra lo que todos puedan creer. Vandor es un hombre de partido; en cambio, yo lo soy del movimiento. El tiene mentalidad frentista y electoralista, por eso es hombre de partido; yo, en cambio, tengo mentalidad revolucionaria, por eso soy hombre de movimiento. Aún sigue con su eterna mente de jugador. ¿Sabe para qué me quitó el local de la C.G.T.? Ni más ni menos que para negociarlo—. Se echa para atrás, y ríe con carcajada franca. —Es un hombre de gremio, políticamente su capacidad es cero. Usted lo puede comprobar. Las listas que él apoyó en Santa Fe, Misiones, Entre Ríos y San Juan, resultaron perdedoras. Eso no es de buen político. Como hombre de gremio, no lo puedo juzgar. Los metalúrgicos lo eligieron, y ellos sabrán por qué. En mi concepto, es un dirigente más.
En la hora larga que conversamos, José Alonso no fumó un solo cigarrillo. Únicamente bebió una taza de café. Frota sus manos con energía, con nervios. —Con la ocupación de la C.G.T. hemos retrocedido tres años. Yo me doy cuenta.
—¿Gravitará sobre las elecciones de 1967 la división actual del peronismo? — No creo que haya elecciones en 1967. El Gobierno sabe perfectamente que va a perder, o lo que es peor, sabe que el peronismo le va a ganar. En esas condiciones jamás dará elecciones. Y en cuanto a la división del peronismo, bueno, aún falta mucho tiempo para 1967. La división es momentánea. En un par de meses más se volverá a unir.
—¿Presentaría alguna candidatura en las próximas elecciones?
—Mi vocación es de tipo gremial. Nunca me interesó la política como finalidad en mi vida. Tendría que pensarlo mucho. Y creo que no aceptaría. No me tienta el campo político.
—¿Por qué Vandor le copó el local de la C.G.T.?
—El motivo principal era entorpecer y demorar lo qué estoy naciendo. Mi trabajo en el asunto de Tucumán y tantas otras cosas que tenía entre manos quedarán por un tiempo demorados. Por eso le dije que la C.G.T. ha retrocedido con esta medida de fuerza tres años.
—¿A qué aspira dentro del movimiento peronista?
—Únicamente a que el movimiento llegue al poder. Cargos, ninguno, o en todo caso el que me asignen en su momento.
—¿Por qué su sector fue denominado "De pie"? ¿Responde a una estrategia o táctica política expresa?
—No, de ninguna manera. "De pie" es la consigna del momento. La gente tiene que ser movilizada, tiene que ponerse de pie. Eso significa movimiento, ganas de hacer algo. El hombre que se pone de pie es porque va a emprender algo. Así lo entendemos nosotros.
—¿Cómo se estudió o determinó esta denominación?
—Es un viejo lema de movilización. Es una expresión muy común en el campo sindical. De allí lo hemos extraído.
—El Congreso que usted había convocado para mediados de este mes, ¿se hará?
—Por supuesto. Lo único que puede pasar es que se postergue unos 15 días porque los delegados del litoral no van a poder llegar a tiempo. Las inundaciones se lo impiden. Además, con la ruptura del cable coaxil nos hemos quedado sin comunicación. En principio está fijada la fecha. Sería el 25 de este mes.
—Una última pregunta. ¿Los secretarios que están con Vandor son representativos de las bases?
—Todos son representativos de bases. Lo que pasa es que muchos de ellos actúan sin indicaciones de sus mandantes. Sencillamente porque han sido desautorizados por ellos. Por ejemplo, ahí lo tiene usted a Silva, de Gas del Estado; Torres, del gremio de la carne; Allan Díaz, de Telefónicos. Y, últimamente, los papeleros lo han cuestionado a Donaire. Si el gremio no los quiere deberían irse.
Aprovechamos que sonaba el timbre del teléfono para retirarnos. En la planta baja del edificio, muchos asiduos concurrentes al "viejo" local de la C.G.T. encontraban más cómodo el local de FOIVA, en la calle Tucumán.
JULIO MAXIMO LANDIVAR

 

Ir Arriba

 

José Alonso
José Alonso - CGT
 

 

 

 

 

 

Búsqueda personalizada