Mágicas Ruinas
crónicas del siglo pasado

Misceláneas 1968
Guerrero Martinheitz
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DISC-JOCKEYS
El sonido y la prudencia
"Mediante chauchas y palitos invertidos con cierta imaginación —es decir, haciendo carburar la sesera de los demás—, aquí estamos otra vez..." Entonces, mientras enfatizaba un gesto circular alrededor de su cabeza para indicar característica, comenzó el programa del 1º de octubre. Contrariando toda expectativa (receta eficaz para crear otras nuevas), el disc-jockey mejor pagado del país demoró, hasta promediar el programa, un comentario que certificaba el éxito de su creación: a partir de ese martes. El show del minuto acrecentaba en 3.600 segundos su ya monstruoso record, para derramarse durante cinco horas diarias —en lugar de las cuatro que ocupaba— seis días a la semana.
Hugo Guerrero Martinheitz (44, dos hijos), creador del boom que propala por Radio Belgrano desde el 1º de abril, no intenta siquiera demostrar asombro: "En un medio tan huérfano de imaginación como la radiofonía argentina, este programa tenía que resultar", acierta, Pero, aunque la fórmula del show incluye preferenciales dosis de improvisación, el esqueleto requiere minuciosas y cronometradas bases que se anticipan, en un mes, a cada emisión. El resto, euforia y tarareo, lecturas y críticas, reportajes y agresiones, siguen un plan político dosificado por su humor.
Luciendo un talento inédito en el género, el disc-jockey confabula experiencias de actor y periodista para empinar el comentario más trivial, Le basta engolar la voz recitando a Geraldy, susurrar diálogos inconclusos o leer, implacablemente, los titulares de todos los diarios para variar, a su antojo, el clima de la audición.

El reino del eclecticismo
"Desconcertar, intrigar, desasnar, meter barullo y aventar prejuicios, informar y divertir; cualquier cosa (y especialmente todas juntas) sirve para mantener despierta a la gente", dogmatiza Guerrero. Para lograrlo comienza por llegar, casi una hora antes, al vetusto estudio de Ayacucho y Posadas, colmado de aparatos y cargando una voluminosa valija negra.
Allí reacomoda, sin cesar de quejarse, los micrófonos y atriles que necesita ("tardé seis meses en conseguir que colocaran esta cigüeña y un timbre, para comunicarme con el operador sin tener que andar a los saltos") , empuja hacia un ángulo el piano que le servirá de escritorio y abre la misteriosa valija. De ella surgen cronómetros y revistas, lápices y discos, un martillo (para los que "clavan" la sintonía), carpetas, recortes, libros y una franela, con la que se ensaña sobre todo lo que lo rodea.
Sólo cuando cada cosa ocupa el lugar preciso, Hugo Guerrero se sienta y elige —con arbitrariedad sólo aparente—
el primer tema que abrirá la tarde.
Después no se trata, para Martinheitz, sino de capitalizar una experiencia que comenzó en 1944, en Lima. "Conseguí entrar a Radio Mundial como pinche y la primera vez que hablé frente al micrófono, como relator de dramones radioteatrales, imité impecablemente al locutor más popular de Perú. Durante siete años recorrí todas las artes y oficios radiales, llegué a ser bastante famoso y solicitado, pero quería llegar a Buenos Aires y, en lo mejor, me fui a Chile."
El empecinado peregrinaje hacia la ciudad que "era para los peruanos lo que París para los porteños", incluyó una frustrada intentona en enero de 1954. Exactamente en siete días agotó relaciones y economías, vendió un cronómetro y algunos libros para llegar a Montevideo. Dos años después volvió como locutor de Radio Carve, para transmitir la recepción al triunfador Eduardo Lonardi. "Allí empezaron los equívocos —plañe— y los motes políticos."
Muy interesado en escurrirse de toda precisión partidaria, urde ahora cuidadosamente su audición. Es que, a pesar de las sonadas reincorporaciones, después de doce años mechados por expulsiones, pleitos y programas levantados sorpresivamente, prefiere "adecuarse a las circunstancias". Así, sólo se permite "campañas subliminales", y exhaustivamente inofensivas: "Siempre que puedo menciono el divorcio, dosifico informaciones de colectividades antagónicas, leo poemas y comento revistas, porque creo que mi misión desborda el entretenimiento y puede ser esclarecedora". Ignora, quizá, que su prudencia excesiva logra confundir a los menos sutiles: le suponen, por igual, antidivorcista y disolvente, peronista y gorila, reaccionario e izquierdizante. "Pero no se debe desautorizar a un periodista, yo lo he sido y conozco las reglas del juego", coquetea. En todo caso, no se equivoca con respecto a los avisadores: su programa insume casi el ochenta por ciento de la publicidad de Belgrano.

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CLICK — Los norteamericanos han inventado una nueva versión del relaxing egg: cinco pelotas suspendidas por hilos insertados en un marco de madera. Los fabricantes denominan a la novedad "Maravilla; Ondulante", "Fenómeno cinético", "Hula Balls" y "Motion Teaser". "No es un juguete", aclara un distribuidor del objeto que se ha convertido en el tema principal de conversación de muchos estadounidenses. El artefacto sustenta su mecanismo en el principio de acción y reacción de Newton; además, las esferas cuando chocan producen un sonido hipnótico. Es el momento en que el 'click-clickety-click's resuena corno un metrónomo con propiedades sedantes similares a las de un tranquilizante. Ideado por Lee Tripped, un ingeniero de Oregon, la tienda Magnin es responsable del lanzamiento comercial; sólo en el área de Nueva York se consumen cinco mil Swinging Wonders por semana. El Executive motion teaser, como se lo ha rebautizado, exige entre 5 y 15 dólares por ejemplar.

15 de octubre de 1968
Primera Plana

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Guerrero Martinheitz
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