Los argentinos y sus platos voladores

"Si no tuviera tanto respeto por los chinos diría que se trata de un cuento chino", se burló el Ministro de Relaciones Exteriores, Nicanor Costa Méndez. El chiste del Canciller —el lunes 10, ante las cámaras del Canal 13— intentaba sepultar de una buena vez la más espectacular historia de los OVNI (Objeto Volador No Identificado; el nombre oficial de los platos voladores), incorporada al ya nutrido anecdotario nacional sobre el tema. Es que la noticia de un viaje increíble Chascomús-México, protagonizado involuntariamente por una pareja, alcanzó una difusión no conquistada por otras narraciones. Hasta en la Presidencia de la Nación hubo funcionarios que aseguraron la veracidad del suceso; además, un representante del gobierno bonaerense habría entrevistado al titular de la SIDE, general Eduardo Señorans, para preocuparlo con el fantástico periplo.
Para muchos se trata de un nuevo brote de la epidemia estacional que todos los años contagia al país con noticias que relatan desde simples visiones de estos artefactos hasta encuentros, charlas y paseos con habitantes extraterrestres. En esta ocasión, sin embargo, el caso del "matrimonio de Maipú" se nutrió con un insólito refuerzo: el testimonio irreprochable de dos pilotos de Aerolíneas Argentinas, que se fascinaron con las maniobras de un misterioso aparato mientras cruzaban volando, a mil metros de altura, el estrecho de Magallanes.
Semejante experiencia fue suficiente para desatar un rosario de declaraciones, la mayoría de muy dudosa veracidad. El sábado pasado, La Nación narró las tribulaciones de María Elodia Letzel (19 años), quien tropezó en la cocina de su casa —en Villa Carlos Paz, Córdoba— con un gigantón rubio, envasado en un buzo color celeste brillante de estructura escamosa. Echando rayos luminosos, el desconocido paralizó a la muchacha con movimientos de su mano derecha, mientras reía y murmuraba frases ininteligibles sin mover los labios. El padre de lA joven, Pedro Letzel (39, dueño del hotel La Cuesta), llegó más tarde y observó "un aparato que irradiaba haces, de luz roja de gran intensidad", elevándose hacia el cosmos. La policía cordobesa no desdeñó la denuncia que radicaron los Letzel contra el formidable intruso: oficialmente se anunció una investigación.

¿Quo vadis, OVNI?
La primera versión sobre la tournée mexicana de la pareja que sólo deseaba transitar en automóvil hasta Mar del Plata, despuntó el lunes 3 en el matutino La Capital, de esa ciudad. Ese mismo día se sumó a la divulgación él vespertino porteño La Razón, y la información se multiplicó entonces ad infinitum. En la noche del día siguiente, martes 4, ocurrió la observación de un OVNI por los pilotos de Aerolíneas. La semana quedó signada por los platos voladores.
Bajo de estatura, seguro de sí mismo, algo extravertido, el comandante Ulises Alejo Tiviroli (54, casado, una hija) explicó a Primera Plana lo ocurrido, mientras descansaba en su casa de San Isidro: "Descendíamos ya sobre el aeropuerto Chavunco, en el final del vuelo Buenos Aires - Punta Arenas —recuerda—; mientras el Avro 748 torcía a unos mil metros de altura para lograr el rumbo 250° en que se halla la pista, vimos el extraño artefacto".
Tiviroli cubría el puesto de copiloto, a la derecha del comando, una casualidad que lo convirtió, durante dos minutos, en asombrado espectador. Al otro lado, ocupado del manejo, el comandante Humberto Raúl Guardabassi se dio por satisfecho con breves observaciones del OVNI. Para él fue una victoria memorable: es un creyente entusiasta, en la realidad, de los platos voladores. Sus discusiones con Tiviroli —hasta entonces un escéptico— finalizaron en ese instante: "Ahora me pasé al otro bando —concede el copiloto—. El plato volador se hallaba a unos 13 kilómetros dé nosotros. Eran las 21,15, la visibilidad ilimitada y la noche patagónica estaba hermosa. Parecía una enorme lenteja, de color blanco-azulino. Abajo, en el centro de la panza, la tonalidad se transformaba en un rojo que variaba, a amarillo, hasta confundirse con la noche. Creo que allí se producía una combustión; por eso cambiaba el color". El ovni certificó, su existencia inteligente con dos maniobras de 90 grados: "Ningún cuerpo celeste o fenómeno atmosférico puede hacer eso", destaca Tiviroli. La serenidad de sus 15 mil horas de vuelo (22 años en la empresa) apoyan el testimonio, compartido por su compañero y varios pasajeros. También por habitantes de Punta Arenas: "Cuando llegamos al hotel Cabo de Hornos nos preguntaron si habíamos visto al plato volador. Parece que incluso lograron fotografiarlo", concluye el aviador.
Los ecos que despertaron los reales floreos cósmicos del misterioso navío no alcanzaron, sin embargo, a ensombrecer la popularidad que halagó al alucinante y no comprobado caso del viaje Chascomús-México. La historia, que intriga a millones de argentinos, es más sencilla que cualquier cuento de ciencia-ficción: en los primeros días de mayo (nunca se precisó la fecha), dos matrimonios iniciaron en sus automóviles un viaje de fin de semana a Mar del Plata. Una cita debía congregarlos en el restaurante Los Autitos, de Dolores, para almorzar, algo que nunca ocurrió. Cerca de Chascomús, una de las parejas —de apellido Vidal, vinculada a familias de la ciudad bonaerense de Maipú— tropezó en la ruta 2 con un banco de niebla que obligó a disminuir la marcha del Peugeot 403 que tripulaba el marido. Casi enseguida; ambos perdieron el sentido. Cuando lo recuperaron, 48 horas más tarde, se hallaban en una carretera, siempre dentro del vehículo, a unos 10 kilómetros de Ciudad de México.
Dos días después, el escribano Aníbal Rapallini recibía en su casa de Maipú un llamado telefónico de Vidal, desde el consulado argentino en México. Informaba hallarse bien y reclamaba la presencia familiar —hay lazos de parentesco— en el aeropuerto de Ezeiza. Cuando el matrimonio retornó al país, esta vez en un vuelo comercial, sólo habló el marido para contar el viaje increíble: su mujer, víctima de tremendo shock, desembarcó en una camilla y fue internada en un sanatorio porteño.
Un manto de certidumbre general amenazaba convertir el affaire en la noticia del año, pese a las inmediatas desmentidas. La policía de Buenos Aires aseguró que ninguna denuncia sobre desaparición de esa pareja había sido recibida. El cónsul argentino en México, Rafael Raúl López Pellegriril, declaró a la agencia Reuter: "Toda la información es absurda. No sabemos absolutamente nada". La misma ignorancia manifestó el Embajador mexicano en Buenos Aires, licenciado Francisco González de la Vega, ante la curiosidad de su ex colega argentino David Blejer, que aprovechó un almuerzo para mostrarse curioso. La Cancillería inició una investigación de la cual participó el gobierno mexicano. El resultado fue negativo. "Si alguien hubiera llegado aquí por esos medios, seguro que no podría haberse mantenido el secreto."
Una parte de la historia fantástica denunciaba la intervención de la CIA, que compró el automóvil, mancillado en su carrocería por quemaduras ignotas. Una empresa de autos de la ciudad de Dolores —se completaba— entregó un coche nuevo a Vidal, pagado por la agencia norteamericana de espionaje. La familia Rapallini convocó, por su parte —a pedido del comisario de Maipú, José Luis del Villar—, una conferencia de prensa para condenar las versiones. El efecto fue justamente contrario; creció el rumor de una conspiración oficial entre Argentina. México y USA para silenciar el asunto e impedir el pánico general.
Tanto alboroto obligó a investigar. Francisco Juárez, de Primera Plana, inició un paciente trabajo que lo llevó a media docena de sanatorios, tres canales de televisión y una docena de pistas falsas. En todos los casos, familiares o amigos de entusiastas informantes conocían, inexorablemente, a un allegado de los Vidal. Una respuesta insólita brotó de las páginas de Psicología del Rumor, el libro de Allport y Postman; un hecho, cierto o inventado, circula aceleradamente; sus agentes —impelidos por una necesidad previamente motivada (temores, falacias filosóficas o religiosas)— creen en la versión y la convalidan con vinculaciones amistosas o filiales.
La semana pasada, otros testimonios registraban el paso de platos voladores y seres extraterrestres. El abogado Eduardo Squirru (hermano de Rafael, secretario de cultura de la OEA) atestiguó el vuelo de un OVNI sobre su quinta de Castelar. El septuagenario pintor Benjamín Solari Parravicini fue más allá: describió un viaje en plato volador, ida y vuelta, desde las cercanías del Obelisco hasta los cielos celestes.
Curiosamente, algunas de las pistas terminaban en un callejón sin salida a pocos kilómetros de la metrópoli, en la ciudad de Quilmes. Desde mediados de mayo, se conocía allí el caso del "matrimonio de Maipú". En la madrugada del viernes, todo pareció aclararse cuando Primera Plana logró ubicar, en la confitería Colón, a Carlos Vignale (44, industrial), Fernando Arena (42, dibujante proyectista), Abel Cerruti (42, industrial) y Mario Marchisotti (56, jubilado). El grupo acostumbra reunirse todas las noches allí para charlar. El tema OVNI casi los obsesiona y muchas veces se trasladan hasta la costa del río —con teodolitos, brújulas y telescopios— para realizar observaciones.
Vignale y Arena narraron: "El 8 de mayo nos llegó la noticia del viaje a México; incluso se revelaba el nombre del protagonista, un señor Goñi". Vignale conocía a la presunta víctima y fue a visitarla. Recibió una rotunda desmentida; también, por otra fuente, la versión de que un socio de Goñi, el abogado Gerardo Vidal, con familiares en Maipú, era el pasajero del plato volador, junto con su esposa. Por supuesto, Vidal también negó todo y el grupo conjetura que se trató de una broma que alcanzó truculentas repercusiones en el país y el exterior.
Los devotos estudiosos de las frecuentes visitas cósmicas se extrañan del silencio de una autoridad en la materia: el conocido platófilo, sacerdote jesuita Segundo B. Reyna. Un allegado justificó: "Lo que pasa es que el padre dice estar muy ocupado. Todas las semanas lo visitan habitantes de Ganímedes, un satélite natural de Saturno, que le enseñaron su idioma". Reyna, agradecido, habría traducido al ganímedes el Martín Fierro de José Hernández.
PRIMERA PLANA
18 de junio de 1968

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OVNI
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Piloto de avión Tiviroli
piloto Tiviroli

Vignale y Arena
Vignale y Arena

 

 

 

 

 

 

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