Mágicas Ruinas
crónicas del siglo pasado

 


Pistoleros célebres
Facciabrutta, la vuelta al mundo en 80 asaltos
Revista 7 Días
3 de mayo de 1965

"Soy un pistolero individualista por convicción; por oficio, He matado a mucha gente, pero cuando escriba mi libro, les contaré cosas que les harán pensar...", dijo una vez
En las ásperas colinas había viento. Un aire helado que mordía la carne en tanto el hombre de rasgos toscos ascendía a la altura con aquella niña entre los brazos. Volvía al hogar, en las breñas, con su hermana muerta en los brazos. Los policías no habían sido piadosos en la manifestación fascista de San Fernando, en la Calabria. Habían disparado sus armas para dispersarla. Y una de esas balas había segado la vida de aquella niña que nada tenía que ver con Mussolini ni con el odio desatado por sus opositores. El hombre depositó suavemente a la niña muerta sobre una piedra y miró hacia abajo, mientras un sollozo bronco, de animal herido, retumbó en las colinas.
"—Donde te escondas, te encontraré. Y te arrancaré los ojos. Y todos oirán cómo suplicas antes de morir."
El hombre terminó de hablar y colocó una flor sobre el cadáver de su hermana. Luego entró en una casucha miserable y sacó una escopeta de caza, de caño recortado. El sol se ponía cuando desanduvo el camino.
Y el mapa de Europa fue impotente para detenerlo. Bruno Debella, luego conocido por una docena de apodos, advino al mundo del crimen convertido en el terrible "Facciabrutta"...

HERMANA MUERTE...
A los 14 años, Bruno Debella (su padre, José Antonelli jamás lo reconoció como hijo) intervino por vez primera en un asalto que los mafiosos calabreses realizaron en una granja cercana a sus piedras natales. Por entonces era un sólido muchachón, de casi o ninguna apostura, rasgos toscos, salpicado de viruela. Los chicos le huían y las mujeres trataban de evadirlo; Bruno buscó la compañía de hombres desesperados que sólo amaban a su gatillo. En 1922, a los 18 años, un pistolero corrido por Mussolini le confiesa que la "maffia" no rinde; que se "abra" y trabaje: el tiempo de la violencia está por caducar... Bruno se va a Brancai donde adquiere una primorosa "Beretta". Le fascinan las armas y le gusta estar a tono con la época; cree que sus paisanos maffiosos han perdido vigencia por no querer apartarse de su condición de salteadores rurales. En Nimes es procesado por cambiar su nombre (se hace llamar Francisco Zappia) y en Dijon, el 30 de junio de 1927, purga cuatro meses de cárcel por demoler a golpes a un francés hábil con su cuchillo. Le quitan la "Beretta" y huye a Metz donde en junio de 1928 vuelve a cazarlo la policía y lo retira de circulación un mes por portación de un revólver. Finalmente y ante una nueva reincidencia, un decreto ministerial del 11 de febrero del 29 lo devuelve a Italia, deportado, con un prontuario donde todavía no se insinúa su capacidad de matar.
Bruno Debella ha crecido. Y con él han crecido sus ideas políticas. Se hace ácrata. Odia al poderoso y lee con afanosa ansiedad la doctrina anarquista. A pocos meses de llegar a su tierra, asesina brutalmente a un capataz. Marcado por este crimen, pasa a Luxemburgo. Ya posee una moderna 45 con su nombre grabado en la recámara. Es el arma que utiliza para obligar al cónsul italiano a extenderle un pasaporte para salir del país y evitar la extradición. El cónsul se niega y Bruno lo clava a balazos en su versallesco sillón. Bruno se ha convertido en juez y jurado de sus propias víctimas. Alguien que conoce su aptitud para hablar castellano, lo apoda "El Español"... Bruno vuelve a Calabria, donde trama poner una bomba a Mussolini, en una de sus giras. Vive apacentando cabras, esperando que todo se olvide, en sus remotas colinas.
Pero en diciembre del 19 matan a su hermana y el policía que apretó el gatillo por error y se llama Augusto Sciglia, desata el vendaval. Bruno Debella deja su Italia con la salvaje intención de arrancarle los ojos y gozar con su llanto.
Lo encuentra el 25 de mayo de 1930 en Bélgica y se divierte con él un buen rato antes de clavarle con una daga como se clava un insecto sobre una cartulina de entomólogo. Es su muerto número tres.
NACE "FACCIABRUTTA"
Cuando cruzó Bélgica tras los pasos de Sciblia, Bruno Debella era un oscuro mató. Pero el azar puso en su camino a los célebres ácratas italianos Scirru y Sbaditilotto y su vida cambió, tuvo una meta: trabajar para la anarquía y utilizar la poderosa influencia de sus nuevos jefes para liquidar al policía que matara a su hermana. Cuando barrió con Sciglia, Scirru lo llevó consigo a Amberes, Londres y Berlín, donde asaltaron y balearon gente en busca de dinero para la causa. Estamos a principios del 30. Scirru odia a Mussolini con un rencor personal, afiebrado. En Marsella, mientras el dictador recorre confiado la calle 20 de Septiembre, él y Bruno aferran en sus manos dos bombas de diez kilogramos. Guardias y "Duce" volarán hechos pedazos. Pero alguien los ve y los denuncia. Deben huir como galgos de la policía francesa y Scirru se oculta en Mónaco. Bruno pasa a Bélgica donde comienza a aguijonarlo la idea de convertirse en su propio patrón. Para lograrlo asalta a Emilio Florio, un acaudalado italiano al que asesina con cuatro balazos cuando se resiste. En la huida, la policía belga le echa el guante y tras un juicio sumarísimo dispone condenarlo a muerte, sentencia que se cumplirá el 30 de junio. Faltando pocas horas para la ejecución, Bruno aplasta la cabeza de dos guardias y huye velozmente en dirección al norte. La policía belga, siguiendo la tradición, fusila a una efigie de cera en su lugar. . . La maffia saluda la audacia de Bruno y lo apoda "Facciabrutta" en honor a su fealdad y hosquedad. . . Tiene cuatro muertos sobre las espaldas y un nuevo sueño: poseer una metralleta "Thompson" de cargador circular con 32 tiros. . . Renovarse es vivir. . .
El 27 de setiembre de 1930 parte de Marsella a Buenos Aires. No pensó desembarcar en Montevideo, pero allí consigue la metralleta y se dedica a asaltos de menor cuantía hasta que recibe una carta de Scirru actualizando la idea de hacer volar a Benito Mussolini por el aire. Feliz de volver a lo suyo, prepara su partida, pero al día siguiente la policía italiana da caza a Sbarditilotto y Scirru y los pone frente a un pelotón de fusilamiento. "Facciabrutta" corta todo lazo con el pasado. Ahora es un paria. Un descastado que está lejos de sus colinas, de sus ideas ácratas; del viento cortante de su Calabria. Acariciando la "Thompson" se siente triste y para arrancar de sí todo pensamiento amargo en junio del 31 asalta el coche del comisario Pardeiro, de la policía uruguaya y asesina al funcionario y a su chófer, causando una conmoción en Montevideo y ganando una fama sin límites.
Un mes después, asalta el Frigorífico Nacional de la capital uruguaya y liquida a dos pagadores del mismo, llevándose 35.000 pesos oro. La policía pone 10.000 pesos debajo de su cabeza y por razones de salud, "Facciabrutta" emigra a Buenos Aires donde desaparece por año y medio. Ese tiempo lo insume en rodearse de la "élite" del hampa porteña y formar una banda formidable con la que asolará La Plata y Rosario. "I terribili Facciabruta" decorará el mapa policial de la Argentina con una apreciable cuota de sangre.

INTERREGNO ARGENTINO: "SALIMOS DE CAZA"
En 1933, se une a Demetrio García Pérez; Antonio Amico; Juan Mercado; Anillo Uliani y Lino Fernández Blanco, un español aguerrido y de mal genio. Con estos y un chófer apellidado Bermúdez, una luz para el camino y el volante, asaltaron el Banco provincial de La Plata. En ese asalto debuta un amigo de Bruno, de nombre del Piano, quien al "tener una vacilación" obligó a "Facciabrutta" a asesinar a tres empleados para cubrir la fuga. De La Plata se fueron a Rosario donde asolaron con veinte asaltos menores la ciudad y tuvo contactos con Espelocín, un lugarteniente de la fenecida banda de Di Giovanni. Tres farmacias, dos estancias, dos compañías de ómnibus. . . El pistolero opina que los asaltos deben darse como un relámpago, eligiéndose con cuidado los objetivos, tras un estudio prolijo del terreno. Blanco, opina de muy distinta manera. A él le gusta desvalijar lo que venga, haya o no gran ganancia en ello. Se miden con la mirada por primera vez. A "Facciabrutta" le revientan los competidores y Fernández Blanco no le teme. En Rosario se corre una voz: Blanco se abre de la banda para formar la suya; Bruno Debella lo deja ir con una sonrisa.
"—Volverás, español. . . —le dice—. No tenés mi talento..."
—No volveré. Y te voy a "bajar" de un plomazo si te cruzás en mi camino..."
El español habló muy fuerte. La banda contiene la respiración. Pérez y Mercado empiezan a dudar de la fama del pistolero que aún disimula con una sonrisa el revés de su prestigio. "Facciabrutta" termina diciendo alegremente:
—Buen muchacho. Buen muchacho. . .
Esa noche aceita su "Trompson" y reúne a dos miembros escogidos de su banda.
—Salimos de caza. . . —dice y todos tiemblan por el pellejo de Fernández Blanco. Es la noche del 14 de junio de 1933 y hace frío en la ciudad.
Lo hizo a la manera calabresa, de Chicago. Mandó a García Pérez a buscar a Fernández Blanco en un bar donde éste jugaba a los naipes. Le enviaba un mensaje de amistad y le pedía el retorno, a ganancias iguales. . . Fernández Blanco le creyó. García y él cruzaron la calle y el auto se le vino encima. El español imploró:
—¡No me dejes solo, García. . .!
Del auto partió la ráfaga de "Thompson" que lo hizo caer de rodillas, como si rezara. García Pérez subió al vehículo que se perdió en la noche. "Facciabrutta" había ajusticiado al cómplice traidor. Una nueva era nacía. Chicago en Buenos Aires. . . Pero
ocurrió que García fue herido por una de las balas de la ametralladora. Y fue a una farmacia a curarse...
La policía lo detuvo por denuncia del farmacéutico y el entregador de Fernández Blanco, "cantó".
En la madrugada del 15 de junio, diez horas después del ajusticiamiento de Fernández Blanco, mientras se afeitaba tranquilamente, Bruno Debella (a) "Facciabrutta" era detenido por una nutrida comisión de policías. Al verlos, el sardónico pistolero les dijo:
"—Adelante. Pónganse cómodos. Todavía tengo que bañarme. .."
Y se echó a reír.

EL ULTIMO MUERTO
Le gustaba que hablaran de él, como a todo pistolero. Dijo que iba a escribir un libro en la cárcel, en tanto sus cómplices caían en diversas partes del país. Se confesó autor de ocho muertes, pero se le imputaban seis más. Cuando todo acabó, lo recluyeron temporariamente en el penal de Rosario, hasta tanto fallaran su causa y lo trasladaron a Ushuaia. El 24 de febrero del 34 Juan Mercado lo acusó en presencia de otros presos de delatar. "Facciabrutta" lo "bajó" de un banquetazo y lo envió por un mes a la enfermería. Esto sirvió de escarmiento para los demás. Desde ese mismo instante, "Facciabrutta" fue el amo del penal. Socarronamente decía, en ocasiones: "Me iré de aquí un día de estos". Escritores y periodistas lo visitaban inflándolo de pueril orgullo. A todos les repetía: "Me iré al Brasil, a descansar".
Nadie le hizo caso y fue un error. Porque su influencia encendió una sublevación y fabricó una bomba de 30 kilogramos para fugarse. Logró introducir armas al pabellón número uno y la madrugada del 7 de setiembre de 1934 capitaneó la fuga en masa
de los presidiarios. Cuando ya los fugitivos estaban frente a la puerta del penal, un pelotón de soldados al mando del teniente primero Damián Pereyra los detuvo con la boca inmóvil de sus máuseres. "Facciabrutta" se volvió! Nadie saldría vivo si daban un paso más.
Alzó el pecho y dijo, con su voz poderosa :
"—Está bien. Ganaron..."
Y tiró su pistola máuser de 22 tiros. No sabía que su fama comenzaba a eclipsarse. Porque si bien el pistolero quiso ganarse con su rendición la confianza del director del penal, sus viejos amigos Pérez y Mercado le volvieron la espalda. Y con él otros que tenían muertes a granel sobre sus espaldas. Ya no hicieron caso de sus gritos y amenazas. Estaban cansados de soportar al irascible calabrés que se jactaba de sus muertes. Se vio poco a poco solo, viviendo de prestado. La ley del hampa se volvía contra él, que había sido su dueño por espacio de varios años. Por eso, cuando los vio venir, no se resistió. Era de noche y el calendario marcaba el 15 de octubre del 34. Eran tres, y uno llamado Gregorio Berón, asesino, le dijo:
"—Los muchachos dicen que sobrás. Yo creo que tienen razón".
Y mostró un sable bayoneta de treinta centímetros envuelto en trapos. "Facciabrutta" comprendió: había sido juzgado y sentenciado por sus propios compañeros. Recordó la angustiosa requisitoria de Fernández Blanco, antes de morir ametrallado:
"¡No me dejen solo...!"
No gritó, cuando lo tomaron de los brazos para que no se resistiera. Ni cuando Berón hundió siete veces la bayoneta en su cuerpo.
Quedó entre las camas del pabellón. Tirado como un desecho: Tenia 30 años y parecía tener el doble. La muerte y el crimen cansan; arruinan a un hombre. Bruno Debella, "Facciabrutta" jugó doce años con la muerte y ésta se desquitó derrumbando su mito al margen de la ley, los códigos y los jueces. Aplicando la oscura y salvaje venganza del hampa.

 

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Facciabrutta
En el centro del patio correspondiente al pabellón 1, de la cárcel, yace el cadáver de Facciabrutta. Tenía entonces 30 años, pero aparentaba el doble.

Corrientes angosta
Aquí imponía el pánico Facciabrutta: en el Buenos Aires de la calle Corrientes angosta


 

 

 

 

 
Facciabrutta

 

 

 

 

 

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