Mágicas Ruinas
crónicas del siglo pasado

 


Mi Buenos Aires Querido
Revista Gente y la Actualidad
21.11.1968

1.500 INVITADOS; GOBIERNO, MUSICOS, COMPOSITORES, INTERPRETES, ACTORES. PLASTICOS Y CINCO GENERACIONES DE TANGUEROS REUNIDOS EN UNA NOCHE PARA EL ZORZAL ETERNAMENTE VIVO: CARLOS GARDEL.

LA SEMANA DE BUENOS AIRES FUE SABIAMENTE CORONADA "A LA PORTEÑA", CON UN OPIPARO BANQUETE PARA 1.500 COMENSALES SERVIDO EN PLENA CALLE DE LA BOCA. TANGUEROS Y ARTISTAS DE CINCO GENERACIONES HICIERON HONORES A LA CENA A LO LARGO DE LAS SEIS HORAS QUE DURO "LA NOCHE DEL MILAGRO", ELEGIDA POR EL GENERAL IRICIBAR PARA LA FUNDACION DE LA ASOCIACION GARDELIANA ARGENTINA, QUE PRESIDE EL POETA CATULO CASTILLO. "ANTE LA IMAGEN DEL TANGO PREVALECE LA AMISTAD Y NO LA AUTORIDAD", DIJO EL INTENDENTE, DESIGNADO POR LOS GARDELIANOS COMO "LORD MAYOR DE BUENOS AIRES".

Para la "piba" Buenos Aires la época del 900 tiene, comparativamente, ese swing histórico, esa alucinada vibración de muros embarazados de fantasmas que guarda la Edad Media para las antiguas ciudades europeas. Y en la entraña misma de la vieja República de La Boca sigue tremolando esa seducción de medioevo porteño. Como una bandera de guerra contra el tiempo que pasa. Como un gallardete bordado con los dientes y enarbolado en la tiniebla del zaguán, en la altura careada del balaustre, en el lomo del adoquín que atesora ecos de pisadas que se fueron hace mucho. . . Un medioevo donde los conventillos han tomado el lugar de los castillos. Donde los duendes en vez de armadura llevan camisa corralera. Donde el recuerdo de las piñatas entre caballeros marqueses de la Tabla Redonda ha sido sustituido por el de las bataholas legendarias y a puño limpio que hicieron temblar el palco y el estaño de los cafés Del Griego y La Marina. Aquí, en vez de Plantagenets y de Capetos hubo reyes del bandoneón. En vez de latín, lunfardo. Las cruzadas se hicieron con el tango en el corazón y rumbo al centro. Y nuestra "Canción de Rolando" la escribió aquel muchacho Arolas en los dos teclados malandracas de su "fueye".
Por eso, la fiesta con que la Asociación Gardeliana Argentina celebró su fundación la noche del pasado lunes 11 en el barrio de la Boca, tuvo sabor de viaje al fondo de la historia. Tensión de rescate de una Buenos Aires "medieval" que está en el cimiento de la de hoy. Pulso de búsqueda de un abolengo de cosas populares que están en la raíz de lo porteño. Así, la cuadra de Necochea, entre Suárez y Brandsen, cubierta de luces con pretensión de arañas desempolvadas y convertidas en gigante comedor al aire libre, parecía el salón de un antiguo palacio —humilde y digno— reconquistado y habitado otra vez, a la vuelta de los siglos, por la familia reencontrada al conjuro fraterno del abrazo que tacha enojos. Que rebaja las diferencias de sensibilidad entre hombres surgidos de hornadas muy diversas. En la tarima levantada a mitad de cuadra, con separación de minutos, tocaron sus tangos los 26 años de Osvaldo Piro y los 84 de Roberto Firpo. Como que allí presentes, entre uno y otro, había cinco generaciones vivientes de tangueros, unidas también por un apetito igualmente "medieval", en torno de las mesas suculentamente atendidas por la Asociación de Cantinas de La Boca. De haberse tendido un mantel, éste hubiera tenido un kilómetro y pico de largo. Y los legendarios Pantagruel y Gargantúa habrían pasado allí por dos timoratos inapetentes con úlcera, entre las 3.000 mandíbulas que hicieron "el otro milagro de la noche": pasar por las armas media tonelada de vermíchelis, 400 pollos, 50 pulpos enteros, 200 kilos de calamarettís, 1.000 litros de vino, 800 roscas grandes de buen pan y 150 kilos de casatas.
Entre los vinos y la charla cordial; entre los tangos tocados y cantados (Horacio Deval, Hugo del Carril, Jorge Sobral) en el palco —o bailados en la calle— se fueron, bien gastadas y entrañables, las horas desde las 9 de la noche hasta las 3 de la mañana. Después, al codo de la madrugada, las luces de color entraron a apagarse. El batallón de mozos levantó las mesas. Los luminosos de Spadavecchia y de Praiana, de Sparafucile y de II Picolo Navio fueron llamados al sueño. Y el inesperado salón boquense a cielo abierto quedó otra vez desierto, aquietado, insonoro. Desierto, no: casi al amanecer una silueta traslúcida, sonriente, de una sonrisa impermutable, inmaterial, atravesó la cuadra de Norte a Sur. Al llegar a Suárez le hizo
un guiño picaresco al sol y se marchó, después, con la noche al hombro, canturreando bajito, con un penacho de alegría en la voz, las estrofas permanentes de "Mi Buenos Aires querido". Tenia razón de estar contento: a veces ni los enormes fantasmas medievales de las viejas ciudades europeas tienen una asociación, un sindicato de fieles, para su recuerdo. Y él, sí.
Por HORACIO FEVOCO
Fotos: Luis Gemelli

Tango
El hombre que ha hecho tango con sus espátulas y sus óleos y el que ha pintado aguafuertes con las voces de su bandoneón hicieron un pequeño milagro aparte en "la noche del milagro". Don Benito Quinquela y don "Pichuco" Troilo compartieron la cabecera de un banquete del que también participaron otros artífices del pincel y de la música popular, como Berni, Alonso, Cadícamo, Demare, Charlo, Expósito, etc.

El intendente Iricíbar, Cátulo Castillo, Enrique Francini, Troilo y Sra., Alberto J. Armando y el Gral. Guglialmelli.
Tango
Los luminosos de la calle Necochea ponen marco al encuentro de dos generaciones de tango: Mariano Mores y Charlo.
Tango
Dos pintores con mucho tango en el pincel, Antonio Berni y Carlos Alonso, durante la cena gigante, junto a Delma Ricci.

 

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Tango
"Ciríaco Ortiz afirma que en la época que yo nací aún no existía el Registro Civil y que por eso tuvieron que apuntarme en un árbol. Pero yo nací en la Boca". Dijo Rosita Quiroga, presentada en el palco por Hugo del Carril. Y agregó después: "Yo no tomo. Pero si tuviera algún whisky encima, a lo mejor esta noche me canto un tango".
Tango
Los hombres de la Asociación Gardeliana Argentina, encabezados por Cátulo Castillo, están encantados con el intendente: "Le fuimos a pedir ayuda —cuentan— y nos salió exigiendo trabajo". Lo llaman el "Lord Mayor de Buenos Aires". Lo han nombrado "gardeliana mayor". Y durante el banquete le regalaron un pergamino.
Tango
Julián Centeya, que llegó a "la noche del milagro" con "sus huesos ruidosos", lee el destino de la cancionista Rosita Quintana en una cucharada de azúcar.
Tango
Un comensal ovacionado: Edmundo Rivero. Y otro que medita el modo de conseguir un plato de ricos calamarettis; José Marrone. Un compás de dos por cuatro como fondo y las luces de la Boca de testigo.

 
Tango

 

 

 

 

 

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