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crónicas del siglo pasado

REVISTERO

Astor Piazzolla

Revista Rocksuperstar
1979

 


 

 

A los 57 años, Astor Piazzolla es uno de los valores musicales más representativos de lo que es en la actualidad la nueva música argentina. Su contemporalización del tango, lo ha transformado en todo el mundo en el prototipo de una resurgente era musical. Su genialidad creativa descansa sobre la misma esencia del vivir del Buenos Aires cuyo espíritu arranca transformándolo en el elixir de los eruditos.
Su amor por lo que representa la música lo llevó desde temprana edad (17 años) a dejar su ciudad natal —Mar del Plata— y embarcarse con su bandoneón, en la aventura musical. Desde 1938, cuando comenzó a trabajar con Troilo, se encuentra 
empeñado en exigir lo mejor de sí por algo que él cree la razón de su existencia: la música de Buenos Aires.

-Yo pienso que la gente cambia de acuerdo a cómo se siente físicamente. El cambio es una cuestión absolutamente física.
Yo lo hago con la música porque me aburro. Cambio de camisa porque me aburro, o cambio de cara porque me aburro. Todo es cuestión de no dar lugar a la copia sino a la búsqueda, porque me parece que es una cosa desagradablemente tonta.
Hay un mundo que vive de la repetición, de la gente que se conforma con hacer esto por una cuestión de comodidad y porque le conviene vivir como bien conocemos.
De los artistas de tango, un 90 por ciento es gente que vive del pasado, que reincide constantemente en eso.
Yo creo que lo más grave que puede tener un artista, un creador por sobre todas las cosas, tratándose de intérprete, o un compositor, es la comodidad de sentirse ya triunfador y quedarse siempre en lo mismo. Esta es la peor desgracia que tienen, no 
sólo los argentinos, sino los de todo el mundo. Creo que si de pronto llegara Frank Sinatra, lo primero que le van a pedir es que cante "You are the sunshine of my life", por ejemplo. Y él lo va a tener que cantar.
No es que yo esté en contra de eso, sino por el costumbrismo y la reiteración de las cosas que provoca el aplastamiento creativo.
Desde que comencé con mi música nunca me propuse "variar" porque como quien dice, "yo ya estaba en el cambio". Yo tendría que haber puesto una agencia de cambios porque siempre estaba modificando constantemente. Y no sé, este año estuve haciendo cosas y ya pensé que pueden llegar a aburrir. Ahora, cuando encontremos la verdad de la cosa, eso sí que no lo vamos a saber. Yo por lo menos no lo voy a saber nunca porque soy un continuo disconforme con las cosas que hago, y con lo que escucho que es peor. Pero me conformo al ver que lo que se hace afuera es mucho peor de lo que trato de hacer yo. 
Además, porque me gusta mi música. Pienso que no soy un mentiroso, pienso que soy Buenos Aires. He estudiado mucho soy un hombre que está enamorado de su profesión. Soy un tipo que detesta a los mediocres, a los conformistas, a los que se 
quedan, a los aficionados. Porque además lo siguen siendo toda la vida. Detesto los músicos capacitados que se hacen comerciantes. Que un mediocre sea un comerciante es lo que mayormente se ve. Lo que realmente no soporto ni admito, es 
que un músico con calidad sea comerciante.
RS -¿Qué idea general le representa el estado actual de la música argentina?
AP —Estamos transitando por un momento difícil, no sólo aquí sino en todo el mundo. Pienso que en Argentina, con nuestra música, tenemos la gallina de los huevos de oro.
Además el swing de Buenos Aires es uno solo. Sea antiguo o sea moderno, es una sola palabra. Como es el que escucha a Gershwin y uno dice que está escuchando a Nueva York. O a Duke Ellington y está escuchando Nueva York y Chicago. 
Count Basie, y está escuchando el mundo del swing en materia de jazz. A Edith Piaf y lo hace con Paris. Lo importante es decir: "estoy escuchando esa música y estoy escuchando a Buenos Aires. No estoy escuchando a Roma ni a París". A eso voy yo. 
RS —¿Qué opina de los músicos tangueros?
AP —Los conjuntos de tango no tienen nada que decir, no me interesan. A mi la gente de tango ya no me interesa. Sólo un hombre como Osvaldo Pugliese, que es un continuo luchador y hace las cosas de calidad dentro del estilo tradicional si. Yo 
reconozco que nunca tocaría de esa manera, pero también debo confesar que es un hombre respetable y envidiable por la edad que tiene sobre todas las cosas.
Pero, vamos a tocar un punto más fuerte y el más débil quizás en este caso, que es la juventud. La gente que no quiere tango. 
La que sigue a Piazzolla quizás sean aquellos que no les gusta el tango, que no les gusta Alberto Castillo, ni Grandes Valores del Tango, ni los programas tangueros de la mañana, y les gusta la otra música. A lo mejor Stravinsky o Lennon. A ese público le 
gusta Piazzolla; entonces mi misión es conquistar a esa gente con mi música porque si no, de lo contrario, lo que la gente va a hacer es irse de la música de Buenos Aires.
Ahora vamos a pasar a la otra parte, no solamente a los oyentes de la música progresiva, o como quieran llamarle a este estilo (porque le han adicionado demasiados nombres a la música rock, tantos que ya no se sabe cómo se llama), sino a los que trabajan con ella. Los jóvenes que hacen música de rock tienen un gran defecto: son más bien intuitivos. Hay muy pocos que en realidad son buenos músicos. Esto lo he notado. Entonces al ser intuitivos se dedican a la imitación prácticamente. O son muy americanos o son muy ingleses, escribiendo o tratando de escribir, o tocando de oído. El gran drama de todo esto va a ser el futuro, porque si comienzan haciendo las cosas ya de oído, van a morir orejeros, y si estudian, esa va a ser la salvación de nuestra música. A mí por ejemplo, lo único que me interesa en este mundo es la MÚSICA, así con mayúsculas. ¿Cómo se logra eso? Estudiando, dejando la Intuición a un lado. Yo reconozco que si un músico no tiene un poco de intuición, por más que estudie no sirve para nada, pero más no sirve el 
intuitivo que no quiere estudiar música.
En Argentina han salido muy pocos buenos músicos, muy pocos creadores, ¿por qué?, porque no han estudiado música.
RS —De los músicos argentinos ¿cuáles piensa además, que son de destacarse por su labor?
AP —El caso Rodolfo Mederos, un muchacho que ya tiene un sello. Casi, pero que le falta aún ese porcentaje que es muy difícil de lograr. Es muy importante también lo que hacen Saluzzi, Binelli y muchos más. Además otra gente de jazz que está 
intentando hacer música de tango con instrumentos de jazz, caso Jorge López Ruiz, el caso Calandrelli, Carli, Rodolfo Alchourrón, y otro jinglero que se llama Roberto Lar, que cuando hace un jingle tanguero, lo hace con un sentido bárbaro. 
¡Lástima que haga jingles!.
Dé todos modos no son sólo los tangueros los que están haciendo fuerza con el tango, sino también los de la otra orilla. O sea, los músicos anti-tango. Entonces nosotros tenemos que tratar de conquistar a esa gente que es la joven, y que debe esforzarse un poco por estudiar para conocer la otra música. Dedicarse un poco como quien dice a la pintura figurativa en vez de hacerlo tanto con la abstracta.
Debe ocurrir en música el conocer a fondo la forma musical, la orquestación, los autores de los cantos gregorianos, saber de música romántica, barroca, moderna, de música aleatoria. Saber toda la música, y después hacer lo que se le ocurra, pero 
hacer. Tener una base fundamental porque de lo contrario no van a ir, no van a llegar a ningún lado, y yo no conozco ningún músico que acá, en Argentina, no haya llegado.
De los músicos que han ido para adelante en este país también hay dos, por ejemplo, que los voy a nombrar. Uno se llama Lalo Schiffrin, que ha estudiado, y otro que se llamó Waldo de los Ríos. Ambos fueron para adelante porque eran capaces de 
escribir para 2, 3 ó 200 músicos al mismo tiempo. Si Lalo Schiffrin tiene que escribir una obra para violoncelo y orquesta es capaz de hacerlo. Pero si lo agarramos a Juan Pérez, que es un gran intuitivo, que toca en Obras Sanitarias para 5.000 personas y va a seguir su vida haciendo esa cosa, para mi está frito. Está frito antes de lo que él cree porque nunca podrá hacerlo.
RS —¿Cómo ha visto el paso de distinto grupos internacionales a través de la historia musical?
AP —Desde los años '60, en la época de los Beatles, o antes de ellos, el rock and roll fue cambiando constantemente. De los Beatles hasta ahora el cambio ha sido notable. La aparición de Emerson, Lake & Palmer, Chicago, los Rolling Stones, Weather Report y otros buenos conjuntos, demuestran que hubo una evolución notable porque, lo que pasó fue la orquestación.
Yo escucho música, no por aprender sino para saber qué está ocurriendo en el mundo. Creo que a esta altura de mi vida ya no me queda nada para aprender, lo que tengo que hacer es crear, escribir y nada más.
Escucho la cuarta sinfonía de Mahler por ejemplo, y me doy cuenta que la música es una sola. Me pongo a escuchar a Ravel, Stravinsky, y todo lo demás me parece muy inferior a pesar de que sea música popular.
RS —¿Siente esta disconformidad con usted también?
AP —No, no es conmigo el asunto, es con los demás más que nada. Yo conmigo estoy absolutamente conforme porque estoy capacitado para escribir "Adiós Nonino" como lo estoy para escribir una sinfonía de variaciones sobre "Adiós Nonino" en una 
orquesta sinfónica. Puedo dirigir una orquesta, puedo dirigir un coro, puedo escribir música para cine. Pero pienso que lo que yo hago, los demás deben hacerlo también. No lo mismo que Piazzolla, pero si la preocupación que yo he tenido toda mi vida, 
que es estudiar, aprender y saber qué es lo que ocurre, informarme del mundo entero. Yo así como escucho a un Mahler, o a un Stravinsky, o a Juan Sebastián Bach, también me interesa Bill Evans, Gerry Mulligan o Weather Report. Yo no quiero hacer 
una diferenciación grande entre la música, pero cada vez me doy mayor cuenta que lo importante en todos los tiempos, ha sido la música. Con el tiempo para llegar a ser, diría yo, también música popular.
RS —¿Cuál cree que puede llegar a ser el fruto de la visita de tantos músicos extranjeros, especialmente brasileros?
AP —Ojalá que nos invadieran muchos músicos como los brasileños, porque ellos tienen mucho que decir. Pero si nos invaden músicos de otros países latinoamericanos, no vamos a aprender mucho porque la buena música de Latinoamérica se llama Brasil.
Si nos invaden de Estados Unidos o Inglaterra, bienvenidos sean, pero si vienen de otros países de donde nosotros no tengamos nada que aprender, no. Ahora que nos invadan es una cosa, pero que nosotros les copiemos a ellos, es otra. 
Tenemos que tener la suficiente creatividad y musicalidad para no imitarlos.
Yo siento que cada vez que voy al Brasil tengo una ventaja sobre los brasileños; es que no me parezco a ellos, ni a nadie.
Acá puede llegar a suceder también el fenómeno de la imitación porque hay muchos argentinos que se van al Brasil, y allí es magnifico para escuchar, aprender, pero no para después hacer música brasileña.
Yo conozco muchos músicos argentinos que van al Brasil, pero que hacen música brasileña y eso no sirve para nada, porque para hacer música brasileña están los brasileños.
RS —¿Qué hubiese sucedido si en vez de viajar con el tango lo hubiese hecho con el folklore?
AP —Yo por ejemplo, no siento la música del norte. Puede ser si, la música sureña, la milonga. Pero a la salteña, misionera o correntina no la siento. No puedo hacerla. Yo soy un hombre de Buenos Aires y tengo que hablar de mi música. Por suerte 
Buenos Aires es una de las pocas ciudades del mundo con su propia música.
RS —Cuando estuvo en Europa, ¿cómo te vivía la música contemporánea?
AP —Europa está muy saturada de música. Está saturada de todo lo electrónico como lo está el mundo entero, y sólo prevalecen los grandes músicos. Hay cuatrocientos millones de conjuntos nuevos de rock que salen cada día. Buenos, 
maravillosos, pero que salen hoy y mañana mueren. No hay una duración, lo que dura es la calidad de la música.
Elvis Presley duró ¿por qué?, porque creó algo, creó un estilo. Y Elvis Presley será Elvis Presley toda la vida a pesar de que a mi no me interese su música. Pero tengo que reconocer realmente que creó un estilo, como lo hicieron los Beatles en su tiempo.
RS —¿Qué opina acerca de la música de rock que se hace en el país?
AP —No existe una música de rock and roll argentina. Hay argentinos que tocan música de rock and roll que es distinto, o música progresiva. No existe una música progresiva argentina. Los que tocan esto son los que imitan a los ingleses y los 
norteamericanos. Lo que yo digo es que si dentro de esta juventud existieran músicos capaces de volcar ese tipo de sonido a la música de Buenos Aires, pienso que allí estaría la verdad. Pero no se puede clavarle el puñal de la música de Buenos Aires a los jóvenes. Pienso que tienen que pasar por esta época de saber qué es lo que están buscando, pero no pasarse buscando toda la vida porque es perder el tiempo. Creo que el músico nace ya encontrando las cosas y no buscando.
RS —Cuando buscaba su propia personalidad musical, ¿sufrió algo similar?
AP —De alguna manera me pasó. Yo por suerte pienso que soy Piazzolla, como pienso que Horacio Salgan es Horacio Salgan, y Pugliese, Pugliese. Hubo una época de Buenos Aires en la que habla un señor que inventó, que creó una armonía, una 
rítmica de Buenos Aires, y ese señor se llamó Alfredo Gobbi, y yo realmente me saco el sombrero ante él. Ahora están surgiendo muchachos nuevos con una música, con un estilo un poco indefinido, un poco híbrido, pero que hacen cosas mucho 
más importantes que la gente de tango. Yo apoyo totalmente a la gente joven de Buenos Aires, la gente de rock, la progresiva, o como quieran llamarla. Todo grupo así como el de Mederos, Saluzzi and company, esos son los responsables de la música de Buenos Aires, no los otros.
RS —Hablando ya de otros temas, ¿cuáles son sus hobbies predilectos?
AP —Mi hobbie son estos dos locos que son Windy y Richie, un matrimonio de dos perritos de dos años que yo adoro. 
Cuando estoy tocando el piano ellos se sientan en mis rodillas y no me molestan para nada. Además soy hogareño, me gusta cocinar, comer en casa. Tengo muy pocos amigos. Pienso que cada vez tengo menos. Uno está aprendiendo a saber cómo es 
la gente, que muchas veces se arrima por lo que se aparenta y no por lo que es uno en realidad como ser humano. Entonces esto me defrauda y cada vez tengo más miedo de acercarme a cierta calidad de gente. No me gusta el mentiroso, el falso. Soy un perfeccionista, me gusta hacer bien las cosas o no hacerlas. No admito términos medios.
RS —¿Tiene proyectado viajar al exterior?
AP —Ahora no quisiera viajar a pesar, de que tengo todos mis intereses en Europa. A esta altura ya me he cansado de hacerlo. 
Yo vengo de parientes navegantes, soy nieto de uno de ellos, mi padre también lo ha sido y me acostumbraron. Ahora no, quiero descansar, disfrutar un poco más de la vida íntima, mi casa, mis pocos amigos.
Yo me considero un hombre feliz, tranquilo, porque pienso que si me tuviera que morir mañana, lo haría tranquilo. Jamás he mentido con mi arte. Reconozco que fui bastante sincero con mis apreciaciones hacia otros músicos. Pienso que eso le ha hecho bien a muchos.
Puedo decir con letras grandes "soy feliz, ¿¡y qué!?"
SUSANA CONTRERAS

 

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