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crónicas del siglo pasado

REVISTERO
DE ACÁ


Generación marcada

 

Revista Búsqueda
julio 1982

un aporte de
Carlos Enrique Podestá

 

Mal educados de 18 años
Oscar Raúl Odoriz
En 1963 gobierna el país el doctor José María Guido, sucesor de Arturo Frondizi, destituido el año anterior y encarcelado por una asonada militar. Onganía es el líder de la fracción azul del Ejército que resultara triunfante en el enfrentamiento con el grupo colorado, también en 1962. En todos los registros civiles del país se inscriben los nacimientos de quienes, 19 años más tarde, el 2 de abril de 1982, formarían parte del contingente militar argentino que intentaría recuperar la soberanía nacional sobre las islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur.
Vuelta a 1963; en ese año ganaba las elecciones la UCRP con la candidatura de Arturo Illia, con el 25 por ciento de los votos, pero apoyo suficiente en el Colegio Electoral. El peronismo excluido del comicio ordena votar en blanco y 1,7 millones de votos asumen esa posición. En los años siguientes, hasta 1966, la Argentina vivió una de sus escasas etapas democráticas, con vigencia de las libertades públicas, crecimiento del PBI a un promedio superior al 6 por ciento, baja inflación (no llegaba al 14 por ciento), gobierno tripartito en las universidades, escasa censura en el área cultural, libertad de prensa y un aparente promisorio futuro. Pero la felicidad es corta y llega 1966. El 28 de junio las Fuerzas Armadas deponen al presidente Illia acusado de inmovilismo (se lo representaba como una tortuga en las caricaturas) y se produce la llamada "Noche de los bastones largos" en que el general Onganía desaloja las universidades con la fuerza pública y una violenta represión a estudiantes y docentes. Los pequeños contaban apenas 3 años y ya algunas cosas podían comprender.
Mil novecientos sesenta y siete es el año de Krieger Vasena, del dólar a 350 pesos, de la ley 18.188 que le cambia el valor al peso, del comienzo del jardín de infantes para algunos, el ayudar a levantar la cosecha, en otros. La subversión había aparecido como un hecho curioso en Salta en 1964. El brote fue aplastado por la Gendarmería Nacional al mando del general Julio Alsogaray. Sin embargo el 28 de setiembre de 1966 se produce un acontecimiento que, reprimido por las tropas de ocupación inglesas, es un antecedente a considerar: un grupo de 17 jóvenes desvía un Douglas DC-4 de Aerolíneas Argentinas y lo hace aterrizar en las Malvinas en donde izan la bandera nacional. El grupo es juzgado y condenado a diversas penas por la justicia argentina. Dos años después, en mayo de 1968, estalla la revuelta estudiantil en Francia, acontecimiento que conmociona al mundo y que obtiene su reflejo en la Argentina, en condiciones totalmente distintas. El 19 de setiembre de ese año (1968) es descubierta la guerrilla de Taco Ralo, encabezada por Envar El Kadre, y sus integrantes detenidos y procesados. En 1969 se produce el copamiento de La Calera, Córdoba, por un grupo de jóvenes de extracción nacionalista católica (muchos de ellos ex cadetes del Liceo Militar) y que se autodenominan Montoneros. En mayo, en Corrientes, es baleado el estudiante Juan Carlos Cabral durante una manifestación estudiantil.
Los nacidos en 1963 se incorporarán el año siguiente a la escuela primaria obligatoria. El 29 de mayo estalla el Cordobazo con un saldo de 14 muertos, y el hecho tiene gran difusión en la prensa nacional e internacional. Los niños siguen creciendo. En marzo de 1970 comienzan la escuela primaria. Besos, llantos, guardapolvos blancos, las primeras letras, izar la bandera todos los días, cantar el Himno en las fiestas patrias. Aumenta la actividad subversiva. En junio es asesinado Augusto Timoteo Vandor, líder indiscutido del sindicalismo peronista. Llega a Buenos Aires Nelson Rockefeller y son incendiados 15 supermercados Minimax. En una manifestación estudiantil, Emilio Jáuregui, dirigente de los periodistas, es muerto por la policía.
Los niños comienzan a estudiar su país y les llama la atención un punto en el mapa "ésas son las Malvinas, dice la maestra, son nuestras pero nos las arrebataron los ingleses por la fuerza hace más de cien años". También se enteran, tanto en la escuela como en su casa, que ha sido secuestrado en mayo el general Aramburu, ex presidente de la Nación durante la Revolución Libertadora. Hay inquietud en el gobierno y Onganía es cuestionado por los generales. El 2 de junio se impone la pena de muerte para actos de terrorismo. Pocos días más tarde, el 8 de, junio, Onganía, el general que había venido para quedarse 20 años (por lo menos) es destituido por el comandante en jefe del Ejército, general Alejandro Agustín Lanusse. Es designado presidente por la Junta Militar el general Roberto Marcelo Levingston. Inocentemente, un pequeño de 8 años le pregunta a su padre si eso es la democracia. Se incrementa la actividad subversiva. Es asesinado el dirigente sindical José Alonso por un grupo guerrillero. Se intenta aplicar la reforma educativa, que es resistida por los docentes y fracasa. Se constituye La Hora del Pueblo con peronistas y radicales como fuerzas mayoritarias. Al año siguiente 1971, renuncia Levingston y es designado presidente el comandante en jefe del Ejército, general Lanusse. Se levanta la prohibición de actuar a los partidos políticos, que regía desde la época de Onganía. Sigue la escalada terrorista con golpes desde la derecha (secuestro de militantes de izquierda y posterior asesinato) y atentados contra unidades militares, dirigentes sindicales y empresarios y asesinato de los mismos. Sublevación militar en Azul y Olavarría. Los chicos estudian el Preámbulo y la Constitución Nacional. Se anuncian elecciones para 1973. A fin de año llega al país María Estela Martínez de Perón. Entre sus custodios figuran José López Rega y Julio Yessi, de actuación posterior en el gobierno.
Se crean nuevas universidades, a pesar de que desde la "Noche de los bastones largos" la universidad argentina ha sufrido un repliegue producido por el éxodo de docentes muchos de ellos por no ser afectos al régimen militar y otros debido a la inexistencia de libertad en los claustros. Los estudiantes no cuentan con centros autorizados, aunque la mayoría de las facultades los tienen en forma clandestina. Durante 1972 el presidente Lanusse viaja en varias oportunidades al exterior reuniéndose con mandatarios latinoamericanos. Es secuestrado y muerto Oberdan Sallustro, directivo de la FIAT, un grupo de guerrilleros presos en Trelew, consigue escapar, copan el aeropuerto y algunos se escapan a Chile en un avión mientras otros son detenidos (19 en total) y alojados en la base Almirante Zar de la Marina de Guerra. En un confuso episodio (oficialmente un intento de fuga), 16 son muertos por las fuerzas de custodia y 3 quedan heridos. El 17 de noviembre Perón retorna a la Argentina tras 17 años de exilio. Posteriormente, luego de mantener reuniones con dirigentes políticos, regresa a España. El Frejuli, que nuclea al peronismo y otros partidos, proclama la fórmula Cámpora-Solano Lima. Los niños de 9 años, por primera vez se aprestan a ver qué es una elección, algo que les habían enseñado en la escuela y que representaba una incógnita para ellos.
Todo 1973 está signado por el triunfo peronista en las elecciones, el desborde subversivo, la renuncia de Cámpora, el copamiento del gobierno por parte del grupo que responde a López Rega, la elección ganada por la fórmula Perón-Perón y la escalada subversiva. 1974 es el año de la muerte de Perón, continúa la escalada subversiva, aparece la AAA (Alianza Anticomunista Americana) grupo terrorista de extrema derecha, al que algunos denuncian como impulsado por López Rega. La seguridad de los habitantes no es garantizada por el Estado. Al año siguiente se produce el "rodrigazo" y su secuela de conmoción económica en los hogares; los chicos, cuando van al almacén, diariamente, traen a sus hogares noticias frescas sobre el aumento de precios. Comienza la represión antisubversiva en Tucumán a cargo del Ejército, que enfrenta a la guerrilla localizada en el monte. El séptimo grado y su visión de la Constitución, el derecho y la vigencia de las leyes, es una utopía que existe solamente en los libros; en la calle y en las casas, la situación es otra.
En 1976, ingreso a la secundaria. El examen deja a varios miles en la calle. En marzo las Fuerzas Armadas se hacen cargo del poder, encarcelan a la presidenta, esa persona que la Constitución que leyeron en la escuela decía que era "el Jefe Supremo de las fuerzas armadas" y que levantarse contra ella implicaba el delito de "sedición". El temor propio del pasaje de dos o tres maestras a once o doce profesores, se incrementa con los muertos y los desaparecidos. Martínez de Hoz es dueño del Ministerio de Economía y el presidente, general Videla, compromete su total apoyo al ministro, quien dice ejecutar el "Plan económico de las Fuerzas Armadas". El dólar se estabiliza y baja, los empresarios se declaran encantados con Martínez de Hoz. Este se compromete a "abrir" el país a la competencia y a producir una era de prosperidad que vendrá dentro de poco, luego de algunos sacrificios y ajustes necesarios. Uno de estos ajustes determina el retorno de las escuelas primarias a la jurisdicción provincial para que salgan del presupuesto nacional. Se pasa así de un plan educativo único, a tantos planes como provincias tiene el país. Siguen los "años de prosperidad de Martínez de Hoz". Lo que se estudia en la escuela secundaria sobre la Carta Magna y el sistema democrático aparece a los ojos juveniles como un cuento de hadas. Tenemos una Nación construida con el esfuerzo y la sangre de nuestros antepasados, dicen los profesores en la escuela; en la calle, en los comercios y en todos lados, comienzan a proliferar los "made in..." de todo el mundo. Los artículos nacionales son más caros que los importados; da lo mismo "producir acero que caramelos", dice la doctrina económica oficial. El país y sus jóvenes ven desaparecer sus industrias. Los obreros no tienen trabajo. Un dólar barato permite a algunos viajar al exterior y convertirse, para los habitantes de los países limítrofes, en los "déme dos" por su costumbre de mencionar la frase al conocer el precio de los artículos, en Brasil, Chile, Uruguay o Miami. "Ganamos el mundial de fútbol", dicen todos y la euforia se apodera de las calles al grito de "Argentina, Argentina". Pero las tasas aumentan y el mejor negocio es la "bicicleta", el plazo fijo o la compra de dólares. En la escuela se aprende el ejemplo de los próceres, el desprendimiento de San Martín y Belgrano, la valentía indomable de los gauchos de Güemes y de los defensores de la Vuelta de Obligado; en la calle, la realidad es otra. Las madres de Plaza de Mayo, la Comisión de Derechos Humanos de la OEA, el plazo fijo, la desocupación, los despidos, el "futuro, brillante, luego de estos inevitables ajustes", como anuncia Martínez de Hoz.
Por su parte Llerena Amadeo, en Educación, impone Formación Moral y Cívica, una materia confesional, según denuncia la prensa especializada; se critica por filomarxista a la matemática moderna, la censura corta todo lo que encuentra, la televisión se llena de sueldos de miles de dólares y de programas de violencia donde los "buenos" en las series de guerra son los que luego apoyarán a los ingleses en las Malvinas. Se va Videla y llega Viola. Lo echan y viene Galtieri. Lo acompaña Alemann, abrazado por su dilecto amigo Martínez de Hoz en la ceremonia de asunción del cargo. El ingreso a la universidad, para algunos, es difícil por los cupos cada vez más escasos y los exámenes "bravos".
Así llega el 2 de abril, y estos jóvenes que estaban por terminar su servicio militar son embarcados y llevados a reconquistar las Malvinas y Georgias del Sur y reintegrarlas al patrimonio nacional. Setenta y dos días más tarde, luego de incontables actos de heroísmo, de ver caer a compañeros, amigos y matar a enemigos, de sufrir un frío atroz y una tensión exasperante, algunos regresarán vencidos, y no es poco, por dos de las naciones más poderosas de la tierra.
¿Qué les depara el país?
Según la información oficial, eran diez mil los efectivos en Malvinas; de ellos, estadísticamente, un 12 por ciento deben haber ingresado a la Universidad, unos 1200 aproximadamente. Porque de cada 100 chicos que ingresan a la escuela primaria en la Argentina, llegan 12 a la universidad, y de cada 17 que lo hacen, uno se recibe. Setenta, entonces, de los diez mil, llegarán a ser profesionales universitarios, para encontrarse con los abogados que venden seguros, los psicólogos que conducen taxis, los arquitectos que pelean un puesto de dibujante, los que se van al exterior para poder trabajar. Los otros, los que opten (o intenten) incorporarse al sistema productivo con algún conocimiento técnico, se dirigirán a la Dirección Nacional de Educación del Adulto, para encontrar que ya no existe, o poco menos. O tal vez al CONET, mosca blanca de la educación nacional, que funciona bien, pero que está asfixiado por los problemas presupuestarios, ya que Martínez de Hoz le quitó su fuente natural de ingresos, el impuesto a la educación técnica. ¿Dirigirse a institutos privados? Ni pensarlo. Muchos prometen títulos que no son tales o que no tienen validez, y otros son inaccesibles al bolsillo. Educarse bien no es fácil. Lo único accesible es mal educarse.

La herencia interrumpida
Amílcar Romero
"Vamos por la calle y los muchachos no nos conocen."
La amarga reflexión pertenece a Eduardo Falú. Fue pronunciada a mediados de diciembre último y era una conclusión que lo excedía. Pocos días antes había muerto Jaime Dávalos, con quien tres décadas atrás habían constituido un fenómeno renovador y jerarquizador de nuestra música popular.
"Hay algo que ya está pasando con los jóvenes", advirtió Falú aquel día, "sobre todo los de Buenos Aires: que la gente olvide su pasado. Y esto se debe a que ha habido una desconexión absoluta todo este último tiempo. Pero si hay cosas que no salen a la luz por el momento que estamos viviendo, están subyacentes y creo que no van a morir, no pueden morir. Llamémosle la tierra, llamemosle los orígenes, pongamos el nombre que le pongamos, están allí".
No era el único que cargaba de patetismo a la situación cultural imperante. El 3 de noviembre pasado, en el festival El Canto DECUNA, un Luna Park repleto tuvo el privilegio de ver la última presentación en público de Jaime Dávalos.
''A ustedes no les doy bola'', clamó con voz aguardentosa y pulso tembleque en lo que a la postre sería un profético testamento, "porque no hay nada peor que un pueblo adulado".
La patética confesión fue coronada por el griterío del público, en su mayoría jóvenes. Jaime recitó por última vez su poema América con lágrimas en los ojos, interrumpiéndose varias veces con otras expresiones poco "académicas" y reflexiones varias, admonitorias y lacerantes. En un momento dijo: "Argentina no completará su identidad ni su destino histórico hasta que no comprenda que forma parte indisoluble de esta Latinoamérica", y ya la muerte lo estaba cercando.
Poco después, no tan simbólicamente, el poeta tendría su segunda muerte. En los estudios de ATC, al editarse el tape del festival, la censura podaría prolijamente esa intervención, reduciéndola a varios versos del poema. Cabe acotar que fue precisamente este programa uno de los que primero emitió el flamante canal malvinense.
"La televisión nos considera desde un punto de vista pintoresquista", se quejaba Falú, a mediados de diciembre, ignorante de este hecho y lejos de sospechar lo que sucedería a partir del 2 de abril. Desde entonces, sobre todos los jóvenes, ante el giro violento impuesto por los acontecimientos, pueden haber llegado a pensar con candidez que, como reserva, en el banco de suplentes de la cultura, se guardaba un verdadero y rico arsenal para sacar a relucir en el momento oportuno.
Pero no ha sido conservación: fue relegamiento. El último 4 de mayo, en otro gigantesco festival de música popular argentina llevado a cabo también en el Luna Park en apoyo al desembarco, un popular locutor-animador se lamentó, micrófono en mano, por la forma en que nuestros intérpretes y medios de comunicación habían venido dando la espalda a la música latinoamericana. Entre bambalinas, minutos después, era amablemente increpado por el representante de Julia Elena Dávalos, quien le recordó que la salteña, en estos últimos diez años, había grabado varios long play que incluían esa música: "¿ Y cuándo vos le pasaste siquiera un tema?", fue la pregunta sin respuesta.
En estas circunstancias dramáticas el país ha requerido los servicios de sus artistas e intelectuales, que acudieron sin remilgo de ninguna especie. Eran los mismos que venían siendo víctimas de una política devastadora. Según cifras oficiales del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), la circulación bruta de revistas nacionales, en el Gran Buenos Aires, en el período de 1966-79, descendió de 119 millones de ejemplares a 92 millones. Las deportivas cayeron de 14 a 9,5; las humorísticas sufrieron una merma del 50 por ciento y otro tanto sucedió con las de índole técnica.
En el rubro libros las estadísticas oficiales son más agrias. Durante 1973 se editaron un total de 616 títulos de novelas, cuentos y relatos; en 1980, sólo 252. Las ediciones de música popular, bailable, etcétera, descendió en ese lapso de casi 22 mil títulos a 12 mil. Los textos escolares menguaron de 314 a 198.
En 1975 aparecieron 314 títulos diferentes de enciclopedias, diccionarios y antologías. Un lustro después el INDEC testifica que fueron sólo 26.
Pero si se toma la cantidad de ejemplares, siempre de acuerdo a las estadísticas oficiales, el encogimiento es más rudo. En 1975 se imprimieron más de 5 millones y medio de ejemplares de novelas, cuentos y poesías; en 1980 no alcanzaron al millón y medio.
Para la poesía, un género sobre el cual parece haber caído un verdadero anatema, el bajón fue más considerable: de casi 2 millones de ejemplares en 1975 a menos de medio millón cinco años después.
En materia de ciencias sociales la cantidad de ejemplares impresos se redujo en un 75 por ciento. La cantidad de enciclopedias, diccionarios y antologías entró en tirabuzón: de 7 millones y medio a poco más de 300 mil en sólo cinco años.
Hay otros rubros en que prácticamente hay que hablar de extinción, como el de obras de arte y arquitectura, que en 1975 tuvieran impresos un cuarto de millón de ejemplares y llegaron a cero en 1979 y 1980. Otro tanto ha pasado con crítica, historia y enseñanza de las artes, que en ese lapso se desbarrancó de más de un millón de ejemplares a menos de 50 mil. En medicina el bajón es de 3 millones de ejemplares a 600 mil. En historia, política y sociología, todavía más pronunciado: de casi 3 millones a 300 mil.
La traducción de obras en otros idiomas, un rubro fundamental, sobre todo en materia de ciencias y tecnologías, también ha sufrido sus bandazos. En 1975 se tradujeron un total de 993 obras del inglés; en 1980 apenas sobrepasaban las 250. Con el resto de los idiomas ha pasado otro tanto: francés, de 291 a 103; alemán, 174 a 39; italiano, 93 a 15.
Para nuestra televisión, salvo los spots gubernamentales y las noticias, el 2 de abril ha pasado culturalmente inadvertido. Su irrealidad debería eximir de mayores comentarios. Si ya alguna vez tuvo el desafuero de madrugar para plantarnos en vivo y en directo las acuciantes alternativas del casamiento del simpático príncipe Carlos con la encantadora Lady Di, y hasta el 1 ° de abril rellenaba horarios con partidos de la primera B inglesa, con los marines en las barbas de Puerto Argentino se despachó con un filme interpretado por... ¡Tom Jones! Caramba, si somos tan democráticos con el enemigo, por lo menos hubiéramos tenido el buen gusto de haber elegido alguna con Alec Guinness o Lawrence Olivier.
Las circunstancias parecerían indicar las óptimas condiciones para que nuestra cultura dejara de aparentar y comenzara a ser, reubicada en una orientación que nunca tendría que haber abandonado.
Las reservas morales sacadas a relucir para aguantar a pie firme el duro "drama de la guerra podrían dejar paso al hecho incontrastable de que la Argentina es lo suficientemente madura como para verse como es, sin los remilgos y la pacatería que viene amordazando las voces verdaderas a la par que importa los pelapapas, sacacorchos y juegos electrónicos de la chatarra cultural ajena.
Porque la alternativa de seguir aparentando la irrealidad, tipo nuestra televisión, a partir de ahora, ante los jóvenes que vuelvan de la guerra o como homenaje a los que cayeron para que sigamos siendo, plantea un interrogante insoslayable: ¿aparentar qué?
En cambio, para realmente ser, ya no se deberían abrigar dudas. La alternativa la dio Jaime Dávalos, el último 3 de noviembre, en el Luna Park, cuando temblequeante y con lágrimas en los ojos, clavó proféticos versos y sentencias, en una herencia de la que él no fue más que un implacable —e impecable— continuador, transmisor y renovador.

 

 

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