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T. E. Lawrence: Una leyenda épica para un maestro del intimismo
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"Lo juzgo uno de los más grandes seres humanos que hayan vivido en nuestra época", opinó sir Winston Churchill.
"Es un extraño muchacho, un actor nato y siempre dispuesto a preparar un golpe", dijo George Bernard Shaw.
"Fue, tal vez, el producto más interesante de la Gran Guerra y, al mismo tiempo, un carácter difícil de conocer", estimó el mariscal Allenby.
Desde su muerte, en 1935, han brotado mil y una valoraciones. Hay quienes lo elogian. Hay quienes —como Richard Aldington— lo desprecian, lo reducen a las proporciones de un charlatán.
Este conglomerado de rechazos y apologías no hace más que acrecentar la leyenda del personaje. A esta altura del tiempo era casi obligatorio que el cine se apropiara de Thomas Edward Lawrence o, en todo caso, de su leyenda.
El film acaba de estrenarse en Nueva York después de una larga y accidentada filmación, con apoyo de la crítica. Según "Time", presenta "un vivido e inteligente espectáculo", dirigido con "épica elevación y sensibilidad respecto de la forma y el color".

El héroe en motocicleta
Thomas Robert Chapman, deportista británico ascendido al rango de barón irlandés, se cansó un día de su esposa y sus cuatro hijas, adoptó el apellido Lawrence y huyó con la gobernanta. Se instaló en Oxford y tuvo 5 hijos bastardos: el segundo, Thomas Edward, "Ned", nació en el año 1888.
La primera pasión de TEL fueron las antigüedades: a los 13 años recorrió Inglaterra en bicicleta para calcar los cobres de las iglesias medievales. A los 21, viajó al Medio Oriente para preparar su tesis —a presentar en Oxford— sobre arquitectura militar. La arqueología lo puso en contacto con el desierto. Y con la soledad, una de sus grandes ambiciones. Allí, a Lawrence se le reveló la seducción del despojamiento, la riqueza de los grandes espacios desnudos donde podría cumplirse la vida austera que él anhelaba. Allí se quedó, de 1909 a 1914.
Al estallar la guerra, lo enviaron a El Cairo para realizar cartas geográficas destinadas al Servicio de Inteligencia británico. En 1916, y aliado con el emir Feysal, inició una fabulosa operación militar: unificar a las tribus árabes y lanzarlas contra los turcos, que ocupaban la región. Así, de paso, Inglaterra vencería a uno de los aliados de Alemania.
Durante 2 años, Lawrence, ya de Arabia, y Feysal aplastaron a las tropas otomanas mediante una técnica arriesgada pero positiva: la guerrilla.
En la conferencia de Versalles, el idealista TEL no vio cumplido su sueño de una Arabia independiente: Gran Bretaña y Francia se repartieron su territorio. En 1921, por fin, junto con Churchill, participó en el Consejo de El Cairo, que estableció a Feysal y a Abdallah como reyes de dos nuevas naciones: Irak y Transjordania.
Inesperadamente, entonces, Lawrence renunció a toda actividad pública, terminó de reescribir su enorme relato de guerra "Los siete pilares de la sabiduría" (había perdido el primer manuscrito) y en 1922 adaptó el seudónimo de John Hume Ross e ingresó ocultamente a la Royal Air Force, como simple soldado.
De nada valió el secreto: los diarios lo descubrieron y construyeron una ola de escándalo que obligó a la RAF a darlo de baja. Posteriormente, integró un regimiento de tanques. En 1923 tomó una radical decisión: "Sólo humillándome alcanzaré la salvación". Y bajo el nombre de T. E. Shaw entró en un convento.
Su muerte no fue la de un héroe: pereció el 19 de mayo de 1935, en un accidente de motocicleta.

Un cuadro clínico
Tan complicado, multifacético personaje resucita ahora bajo los trazos de un actor desconocido, llamado por los productores "el nuevo Olivier" y a quien "Lawrence de Arabia" —así se llama el film— ha puesto en contacto, en pocas horas, con la celebridad: contratos para teatro, cine y televisión lo esperan.
Peter O'Toole, de 29 años, irlandés, dejó sus estudios secundarios a los 14, por los teatros de aficionados y un constante cambio de trabajo. Hizo el servicio militar en la marina, y al ser desmovilizado, derrochó su paga en vagabundear por Inglaterra Una noche, en Stratford, gastó 23 de sus últimos 30 chelines para ver "Rey Lear", interpretado por Michael Redgrave.
Al día siguiente se presentó en la Real Academia de Arte Dramático, sin afeitarse, y pidió que le tomaran un examen: ganó una beca. Tiempo después se incorporaba al Bristol Old Vic y a la compañía de Shakespeare de Stratford on Avon.
Su reputación de actor creció tan rápido como su reputación de hombre franco, zumbón, rebelde y de incesante bebedor. Su frase más periódica: "Me gusta gritarle al Sol y escupirle a la Luna". Tajante y virulento es, al mismo tiempo, estudioso y responsable.
"Fui un salvaje, pero eso no bastaba. Ahora soy un actor: éste es mi feroz oficio. Soy el actor más trabajador que conozco."
Una evidencia de esta afirmación la ofrece la siguiente lista de lesiones que sufrió durante el rodaje de "Lawrence de Arabia": quemaduras de arena en un pie, torceduras de los dos tobillos, rotura de ligamentos en un muslo y cadera, dislocamiento de la columna vertebral, rotura de un pulgar, pérdida parcial del uso de dos dedos, torcedura en el cuello.
No le importa: "Si no estuviera seguro de que puedo entregar mi mercadería —dice— abandonaría el escenario. El actor que no se sienta un rey en potencia, tiene que abandonar el escenario y colgarse de un árbol".

Leyenda y cigarrillos
Los otros papeles principales de la película fueron cubiertos por Alec Guinness (Feysal), Anthony Quinn (Auda abu Tayi), Jack Hawkins (Allenby), José Ferrer, Claude Rains, Arthur Kennedy. "Lawrence de Arabia" significó una de las más pesadas y vastas empresas de Hollywood.
La película dura 3 horas 45 minutos, costó más de 10 millones de dólares, exigió dos años de preparación, rodaje y edición y una multitud de hombres y animales: 15.000 efectivos de la legión de Hussein, 1.000 beduinos, 500 soldados jordanos, británicos y norteamericanos, 5.000 extras y 1.500 camellos y caballos.
La más ardua tarea fue la filmación en el desierto de Jordania: se tardaron 5 meses en seleccionar, desde un helicóptero, los escenarios, ubicados a 300 kilómetros de agua y poblaciones. Todos los días una interminable fila de jeeps y camiones debía encaminarse a los lugares de filmación, donde se instalaron cincuenta carpas. Otras escenas se tomaron en Sevilla.
En mitad de este abrumador equipo, un delicado caballero inglés y un activo intelectual polaco lucharon con el mismo fervor que Lawrence y Feysal emplearon para alentar a sus tropas.
Sam Spiegel, de 60 años, es el productor de la película. Nacido en Polonia y educado en Viena, llegó a Estados Unidos en 1927 con el fin de dar conferencias sobre teatro europeo en la Universidad de California. Poco tiempo después entró al cine comí, consejero literario de la MGM y en 1933 se convirtió en productor independiente.
Su olfato para la elección de temas, directores y actores le valió en dos oportunidades el halago de los Oscar: con "Nido de ratas", en 1954, y con
"El puente sobre el río Kwai", en 1957.
Esta última obra, una de las más notables películas de guerra de los últimos tiempos, fue dirigida por David Lean, el mismo a quien Spiegel encomendó la realización de "Lawrence".
Lean, de 54 años, trabaja para el cine desde 1928. Su primera película lo destacó: "Hidalgos de los mares" (1943) y la cuarta difundid su talento por todo el mundo: "Lo que no fue" (1945).
Maestro de la técnica, Lean ha dado sus mejores frutos en el cine intimista ("Lo que no fue", "¿Es papá el amo?", 1953; "Locura de verano", 1955) y descolló con dos refinadas transcripciones de Charles Dickens: "Grandes ilusiones", 1946, y "Oliver Twist", 1947.
Temáticamente, "El puente sobre el río Kwai" era atacable, pero pocas veces una superproducción estuvo conducida con tan admirable sabiduría de la forma. Al parecer, en "Lawrence de Arabia", Lean ha prodigado similares hallazgos estéticos, respaldado está vez por un libreto más sólido y conciso (del dramaturgo Robert Bolt).
Aún se discute la verdadera personalidad de Lawrence. ¿Charlatán del espionaje o mago de la aventura? ¿Serafín de lo equívoco o antisexual de la pureza? ¿Desdeñoso de la vanidad o incurable enfermo de soledad? ¿Místico auténtico o renegado?
En sus 12 films, Lean no encontró nunca un personaje de esta talla y de esta riqueza de matices. Seria penoso que lo dejara escapar entre las grietas de la maquinaria del cine.
"Toda película tiene un momento en que el espectador siente que puede relajarse y prender un cigarrillo. Me gustaría presentar a "Lawrence de Arabia" como una película en que ningún espectador tenga que encender un cigarrillo", declaró el lacónico Lean.
Que nadie ofrezca fuego, todavía.
Página 37 - PRIMERA PLANA
5 de Febrero de 1963

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Lawrence - O'Toole

David Lean