Mágicas Ruinas
crónicas del siglo pasado

 


PERO ¿QUE LE ENCUENTRA?

Revista 7 Días
13 de julio de 1965

 

Autoritario, despreciativo y terriblemente orgulloso, Carlo Ponti es 23 años mayor que Sofía. Bajo, calvo y mal vestido, tiene un pésimo carácter. Como si estos defectos fueran pocos, es misántropo y admite solamente el monólogo. No es para asombrarse, que desde hace quince años todo el mundo se pregunte lo mismo: ¿Pero, qué le encuentra?.

El 11 de diciembre cumplirá 53 años. Es bajo, pesado, sólido como un mastín. Su calvicie ya no puede decirse incipiente... Pero se llama Carlo Ponti y es dueño de tres compañías de producción cinematográfica (en Roma, París y Londres). Se viste mal (casi siempre de marrón), come demasiado y, en el ámbito de su trabajo, usa un vocabulario irreproducible. Pero ha producido trescientas películas desde que, en 1938, abandonó su estudio de abogado para ingresar en el tumultuoso mundo del cine. Nació autoritario, misántropo, orgulloso y despreciativo. Nunca bajó la guardia.
Hace veinticinco años que resulta antipático, y quince que todo el mundo se pregunta insistentemente: ¿qué le encuentra una mujer como Sofía Loren a este hombre un poco cansado, de edad madura?
Una pregunta difícil. Tal vez, sin respuesta. O, por lo menos, no la respuesta que espera la gente. Evidentemente, no son los millones. "Mientras Sofía interpreta un solo film, yo me hago dos o tres películas de éxito fabuloso", responde Ponti a las pérfidas insinuaciones de los periodistas y de un público eternamente malicioso.
Tampoco es la conveniencia. Ahora, sería ridículo pensar que Sofía Loren necesita el apoyo de Carlo para imponerse. Eso fue ayer...
Ni es el lujo de cuatro maravillosas residencias: una en Suiza, una en París, una en Roma y la última, en la campiña romana, recientemente declarada Monumento Nazionale.
No. La razón por la cual Sofía Loren se ató a Carlo Ponti —23 años mayor que ella, casado, con dos hijos (Alex, de 15 años, y Güendalina, de 16) —debe ser otra.
Porque la vida con "Carlone" (así lo llama cariñosamente ella) no es nada fácil. Separados frecuentemente por sus respectivas profesiones, son raros los momentos en que pueden gozar tranquilamente de la intimidad. Aún cuando se encuentran en la misma ciudad al mismo tiempo, la vertiginosa actividad de Ponti los distancia irremediablemente.
En sus lujosísimas oficinas, pobladas por perros de mármol, espejos venecianos, libros preciados y cuadros de gran valor, los teléfonos suenan constantemente. Jamaica, Tokyo, Hollywood, New York... (Las cuentas por llamados de larga distancia alcanzan los dos millones de liras mensuales). Pero no son llamados de amigos. Amigos tiene pocos.
Y es lógico, puesto que es severo y exigente. "¿Fellini? Si.. . Bueno. Buen director. Pero, se necesita más que eso. Hoy no se entiende más nada. ¿Dónde han ido a parar los valores? Han querido comparar a Giulietta Masina con Charlie Chaplin, ¡imagínese! Sí... sí. La pobrecita hizo lo que pudo. Lo digo porque no hay que confundir una personalidad con un talento de actor". Así juzga Carlo Ponti a la gente.
Claro está, que Sofía es otra cosa... Sofía e un'altra cosa. "Hubo actores con personalidades interesantes, es cierto: Clark Gable, Gary Cooper, Marilyn Monroe.. . Pero, ¿hubiera podido Marilyn recitar en "Hamlet"? Toda la diferencia está aquí: Sofía puede recitar en "Hamlet", hasta lo puede hacer en inglés, haciendo reír o llorar a los ingleses como quiere. Porque Sofía no es una actriz, ténganlo bien en cuenta. Es mucho más ¡Es una artista!...
Y agrega: "La gente no comprende estas cosas, lo confunde todo y hace una gran ensalada donde mezcla a Sofía con Hollywood. ¡Ah! Si. .. Buona sera. Tanti cari saluti..."
La gente, la gente,.. Carlo Ponti sabe que el mundo no lo quiere. Sabe que le reprochan haber abandonado a su mujer y a sus hijos, haber dilapidado fortunas inmensas... (cien millones de liras, se comenta) en las tentativas de divorcio, antes en Méjico, ahora en Francia. Sabe también que le reprochan tener a su lado —él, que lindo no es— a una de las mujeres más hermosas del mundo.
Por eso, apenas puede, se refugia en el Monumento Nazionale que le regalara a Sofía después de su matrimonio en Méjico, en 1957. Hundida entre los olivos y perfumada por cercos de rosales, la estupenda mansión está situada sobre diez hectáreas de terreno. Cincuenta habitaciones, una pileta de natación de 45 metros, paredes decoradas con inestimables frescos del Siglo XVII, pesados tapices franceses, mármoles, esculturas, platería inglesa y vajilla holandesa. En este fastuoso ambiente se esconden Sofía y "Carlone" para hacer vida de hogar.
"¡No abriré nunca las puertas a nadie! ¡Basta con las charlas, con las acusaciones. Yo hago lo que se me da la gana. Y regalo lo que quiero a quien quiero!" Las malas lenguas insinúan que Ponti cierra las puertas para escapar al ojo implacable del fisco... Tan equivocados no están puesto que el mismo productor confiesa: "Confidencialmente: si uno dejara que le publiquen la villa en las revistas italianas, ¡addío! No lo dejarían en paz con los impuestos".
Cualquiera fuere la razón, en la tranquilidad y silencio de las 50 habitaciones desiertas, la pareja feliz se dedica al relax. Sofía, siempre elegante ("a lo sumo, se quita los zapatos"), hace revivir sus orígenes napolitanos cocinando para su marido suculentos platos. "Nadie mejor que ella sabe hacer milanesas crocantes o risotto con ossobuchi". Después de cenar, suelen jugar al póker, miran la televisión o leen. Es decir... ella lee en voz alta, mientras "Carlone" dormita en un profundo sillón, mecido por sus acentos dulces y susurrantes.
Y es comprensible, porque Ponti está cansado. Muy cansado. Siempre luchando, siempre resolviendo problemas, hablando siempre por teléfono.
"Querido amigo, ¿ha visto lo que es la vida de un productor?", se quejó cierta vez a un periodista, especie que odia cordialmente. ("Son todos iguales, hacen las mismas preguntas, lo dan vuelta todo. ¿Eh?... Los conozco bien...").
Y no es la única especie que odia Ponti Están los fotógrafos, los magistrados, los intelectuales, los democristianos (él se proclama socialista), los curas, los censores, los cobradores de impuesto... Además, todos los que pretenden discutir con él. Carlo Ponti admite solamente el monólogo.
En Estados Unidos, sin embargo, es considerado un "devastating charmer", un hombre de encanto devastador. Allí lo respetan y le temen. Su poder están fundado sobre esta leyenda, y debe pagarlo a precio alto.
Entonces, ¿qué le encuentra Sofía Loren a este hombre maduro, lleno de defectos? Probablemente, haya una sola respuesta: Sofía, tras una adolescencia difícil y un accidentado comienzo profesional, debe haber encontrado en "Carlone" la protección. Sus mismos defectos deben infundirle seguridad: una especie de muralla contra las insidias de un mundo complicado. Carlo Ponti es, para una de las más hermosas mujeres del mundo, un poco padre, un poco hermano, un poco marido, y... mucho hogar.
Además, y de esto la gente se olvida, Carlo Ponti la ama.

 

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Sofía Loren
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Carlo Ponti
Carlo Ponti
Carlo Ponti - Sofía Loren
Ponti - Loren

 

 

 

 

 

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