La destrucción planificada de textos Volver al índice
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EN los últimos días del Gobierno militar (mayo 19) fue aprobada la Ley del Libro Argentino, cuyo propósito fundamental consiste en contrarrestar la evolución declinante de la producción y venta de obras de autores nacionales, debido a la invasión producida en el mercado latinoamericano por las editoriales mexicanas y españolas. Estas últimas cuentan con amplias facilidades para el equipamiento de sus talleres gráficos, y gozan de desgravaciones impositivas y de un amplio apoyo crediticio.
Pero esta grave situación del libro argentino contribuyó, sin embargo, a disimular un aspecto menos dramático del negocio editorial: el de los textos de enseñanza. Al iniciarse cada año lectivo este problema adquiere renovada actualidad: los padres de los alumnos protestan por los precios; los miembros de las cooperadoras se reúnen con las autoridades educativas e invariablemente el Gobierno exhorta a que las partes interesadas "colaboren en la disminución de los gastos derivados de la actividad escolar". Naturalmente las apelaciones a la buena voluntad son desoídas, agravándose progresivamente la cuestión por la acelerada carestía de la vida y la planificación de la destrucción de los libros de texto.
Una amplia indagación efectuada por Redacción en los niveles primario y secundario, permitió llegar a varias conclusiones que se ofrecen sintéticamente:
1) Para primer grado del ciclo primario la editorial Kapelusz ofrece 8 títulos de lectura, Troquel 7, Codex 5 y Laserre 5.
2) "El libro volador" —un ejemplo entre muchos— de Atilio A. Veronelli, editorial Kapelusz, 1er. grado, está formado por el libro de lectura (57 páginas) y tarjetas (para la enseñanza activa de lectura inicial) que están perforadas para la carpeta y se deben llenar, colorear, completar dibujos, frases, etc. El libro cuesta 7,70 pesos y las tarjetas 12,90: total 20,60 pesos; el libro solo no se vende.
3) "Amanecer", por Alberto Pogliano, editorial Kapelusz, 5º grado. Libro de lectura y cuadernillo aparte con el título "Trabajos para el alumno" (interpretación y comentario de las lecturas). Las instrucciones dicen, entre otras cosas:
a) En las claves con cifras reemplazar cada número por la letra correspondiente de la clave, b) En la reconstrucción o confusión de palabras, cambiar las letras de lugar para hallar la que corresponde al significado establecido.
c) Observar la serie de imágenes y ordenarlas en forma lógica de acuerdo con lo leído,
d) Entretenimiento con palabras cruzadas que deben ser llenadas,
e) Oraciones a las que se le han fugado las consonantes y que se encuentran en la página que se señala en el libro de lectura. Precio total 25 pesos.
Con los libros de otras editoriales ocurre exactamente lo mismo.
4) El procedimiento se repite con los manuales para cada grado de la escuela primaria; tampoco se venden separados libro y apéndice de "trabajos del alumno"; el costo es muy superior al de los libros de lectura.
5) Algunos docentes tratan de colaborar con los padres para reducir los gastos escolares y no exigen textos obligatorios, procurando que los alumnos consigan el material en revistas ("Billiken" o "Anteojito"), pero con pocos números ya fue gastado el precio del manual. Además, se ha comprobado que entre estos chicos cunde un sentimiento de inferioridad con relación a los compañeritos que disponen de libro de lectura y manual.
En el ciclo secundario la situación es todavía más difícil y complicada, por la multiplicidad de materias y en consecuencia de eventuales textos. Algunas distribuidoras ofrecen hasta 300 títulos aprobados para las diferentes asignaturas; cierto es que se utiliza efectivamente una cantidad mucho menor. Hay diferencias de precios de hasta el 50 por ciento para libros de un mismo curso, por ejemplo, "Contabilidad Mercantil": si es el de Louge, editado por Cesarini Hnos., cuesta 9 pesos; el de Poli-Vitta, editorial Stella, 13 pesos; y el de Francisco Cholvis, editorial El Ateneo, 14 pesos; todos del primer curso.
La aplicación del método que deja obsoleto al libro después de ser utilizado por el alumno —de tal modo que dos hermanos con un año de edad de diferencia no pueden lograr que los textos del mayor le sirvan al menor— tiene absoluta vigencia. La "Historia Institucional Argentina y Americana" (hasta 1819), editorial Stella, para cuarto año del Bachillerato —pongamos por caso— que obtuvo el primer premio 1969 "al libro mejor editado que otorga la Fundación Interamericana de Bibliotecología Franklin", está compuesto por dos partes: la primera es el texto y, a continuación, la segunda, que son los trabajos prácticos preparados con todos los detalles como prueba-cuestionario para "facilitar la enseñanza y el aprendizaje de la historia que el profesor podrá utilizarlos para evaluar el aprovechamiento de los alumnos al terminar el estudio de cada capítulo"; para ello, se cortan y separan las hojas que ya tienen las perforaciones para incorporarlas a la carpeta; al finalizar el curso lectivo al texto le falta íntegramente la segunda parte, razón por la cual ha quedado inutilizado. Por lo demás, algunos profesores no sólo recomiendan un libro determinado, sino también la última edición.
Divulgadores exitosos como Vance Packard o economistas destacados como J. Kenneth Galbraith analizando las características de un país pos-industrial, como Estados Unidos, han revelado hasta en sus mínimos detalles las artimañas de la sociedad de consumo, que comentaristas superficiales han reducido a una frase trivial. Sin embargo, la economía capitalista está fundamentada en la actualidad en la incitación al despilfarro, por medio del cambio de modas en autos, implementos para el hogar, indumentaria y lugares para el tiempo libre. Ahora, en la Argentina, ha llegado esa técnica industrial a la destrucción anual de los libros de texto.
Revista Redacción
junio de 1973

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