Construcciones
Con madera aglomerada se evita una larga espera de 80 años
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Dentro de muy poco tiempo todos comprenderán que ya no se justifica esperar que un árbol crezca durante 70 u 80 años para obtener una tabla larga y ancha. La madera aglomerada permite producir en pocos minutos cualquier medida, con similares cualidades físicas, sin necesidad de estacionamiento, insensible a los cambios atmosféricos, y en condiciones de soportar todas las fatigas y esfuerzos que se exigen a la madera común. El juicio, expresado por un empresario dedicado desde hace muchos años a la explotación forestal, valora la trascendencia de una nueva técnica que ha producido una verdadera revolución en la industria maderera.
El proceso de fabricación de madera aglomerada tuvo su origen en Alemania durante los primeros años de posguerra. Comenzó con la elaboración de una pasta de madera que se obtenía utilizando material de descarte de los aserraderos. Se la aceptó y utilizó en principio, como un paliativo barato ante la escasez de madera verdadera.
Las técnicas fueron evolucionando y perfeccionándose rápidamente, comenzando por utilizar árboles enteros para obtener un grado parejo de calidad. El éxito fue fulminante; en la actualidad funcionan en la República Federal Alemana más de 200 fábricas, que tienen en la construcción de viviendas su principal mercado.
En USA la elaboración de maderas aglomeradas experimentó también una expansión relámpago, substituyéndose con ella más del 50 por ciento de los materiales tradicionales empleados en la construcción.
En la Argentina, la primera avanzada de esta industria la constituye la moderna planta de COMINCO S. A., cuya instalación llevó más de tres años, y que comenzó a producir a mediados de enero último.
La instalación de esta fábrica a orillas del río Reconquista, en pleno Delta, significa para la economía de esta zona una magnífica esperanza. El Delta del Paraná, según apreciaciones de técnicos argentinos y extranjeros, constituye un emporio prácticamente ilimitado de riqueza forestal y debe ser considerado entre los más grandes del mundo. La calidad de las tierras, el clima y el régimen de lluvias, entre otras cosas, conforman las excepcionales condiciones de la zona para la explotación forestal. Pese a ello, de su superficie calculada en un millón de hectáreas se hallan forestadas solamente 120 mil, de las que se cortan aproximadamente 4 mil al año, debido a la falta de mercado.
Las especies que mejor se adaptan a esta zona son el álamo y el sauce álamo, cuyo principal uso hasta el presente lo ha constituido la fabricación de cajones, actividad que también languidece, ante el avance de los envases de cartón corrugado. El desarrollo de las industrias de pastas celulósicas y de maderas aglomeradas constituiría la mejor solución para la explotación intensiva de esta enorme riqueza.

Proceso industrial
La planta de COMINCO S. A. constituye un verdadero alarde de tecnicismo industrial. Las obras civiles comprenden una superficie cubierta de 2.300 metros cuadrados, un puerto privado sobre el río Reconquista, un equipo de filtrado y purificación de aguas, y caminos pavimentados para el acceso desde tierra.
Para contar con la energía necesaria para los distintos procesos, se ha instalado una planta con capacidad para 750 HP por hora, alimentada a gas, contando con calderas de presiones superiores a 52 atmósferas. La provisión e instalación de la maquinaria estuvo a cargo de empresas y técnicos alemanes, quienes impartieron cursos especiales para técnicos y obreros argentinos. El extraordinario grado de mecanización de las tareas permite que esta fábrica, que produce ya alrededor de 60 metros cúbicos diarios de madera aglomerada, pueda operar con un personal que no supera las 50 personas, incluidos servicios de carga y descarga, maestranza, etc.
La materia prima, o sea el tronco de árbol completo, es manipulada en
una sola ocasión: al ser cargada en la primera cinta transportadora; la mano del hombre vuelve a intervenir recién al final del proceso, retirando los paneles ya listos para la expedición.
Primeramente, los troncos son sometidos a una operación de "molienda" que los convierte íntegramente en astillas de pequeño tamaño. Las astillas pasan luego por una máquina clasificadora que, automáticamente, separa las piezas irregulares, suciedades, impurezas, etc. Terminada esta depuración, las maderas son introducidas en inmensos secadores, de donde, en pocos minutos salen con un coeficiente de humedad no mayor del 6 %, es decir, un proceso que por los métodos comunes de estacionamiento habría demandado un mínimo de cuatro a cinco años.
Las astillas ya secas son transportadas, siempre mecánicamente, a una cámara especial, en donde reciben un "rocío" de resinas y van siendo acondicionadas en forma de colchón para su ingreso en las máquinas de prensado. El proceso final en las prensas dura, aproximadamente, 10 minutos, tras de los cuales las cintas transportadoras "entregan" tablas de 3,66 por 1,83 metros, en los espesores deseados. Las tablas no requieren ningún acabado ni tratamiento posterior, están en condiciones de ser entregadas inmediatamente para su venta o utilización.
La totalidad del complejo proceso industrial es controlada electrónicamente desde una cabina por dos técnicos ubicados frente a sendos tableros que mediante luces y bocinas indican la forma en que se van realizando las distintas etapas. Para dar una idea de la perfección del sistema.
basta citar que los tableros indican, por ejemplo, si una de las cuchillas de la máquina trituradora está desafilada. Una vez dada la señal de advertencia, en el caso de que alguna pieza no funcione adecuadamente, el cerebro electrónico dispone por sí solo la paralización del proceso, lo que asegura la óptima calidad de los productos terminados.
La instalación de esta planta demandó una inversión del orden de los 142 millones de pesos (calculado con el dólar a 83 pesos). El 19 % del costo total del proyecto fue financiado por el Banco Interamericano de Desarrollo, un 25 % por bancos argentinos, especialmente el Banco Industrial, y el 66 % restante provino de fondos propios de la empresa. La puesta en marcha de la fábrica costó a COMINCO 90 millones de pesos más, cifra que constituye el nivel piso de capital de trabajo para una planta de este tipo.
Tomás J. López Ayala (vicepresidente, director administrativo y ejecutivo responsable del programa) señalaba que en algunos casos los créditos fueron acordados con posterioridad a la realización de las obras (el acuerdo del BID fue comunicado recién la semana pasada), hecho que obligó a la empresa a realizar extraordinarios esfuerzos financieros. Este "milagro financiero" es obra, precisamente, de López Ayala.

Aspecto social
La enorme incidencia de la madera aglomerada en la construcción de viviendas, especialmente de tipo popular, otorga a esta industria un definido carácter social. Prueba de ello es el hecho de que el Banco Interamericano aprobara, simultáneamente, el crédito para COMINCO y uno destinado a la instalación de una fábrica similar en Chile. Su empleo en la construcción producirá importantes economías, suplantando a muchos materiales tradicionales. Sus condiciones de resistencia, densidad y flexión; sus cualidades térmicas y de aislación sonora, y la economía que representa su acabado al no requerir preparación alguna para pintar, empapelar y enchapar, le aseguran un mercado constante, cuya demanda superará por mucho tiempo las posibilidades de oferta.
Su influencia en el orden económico general está dada, principalmente, por la posibilidad de sustituir importaciones. La Argentina importa maderas anualmente por sumas que oscilan entre los 40 y 80 millones de dólares. Incrementando, adecuadamente, su producción, las maderas aglomeradas podrían sustituir ventajosamente una buena parte de esas importaciones, especialmente en el caso del pino (las placas construidas alcanzan una densidad de 600 kilos por metro cúbico, índice superior al del pino importado). En el orden interno, la industria significará un interesante aliciente para la producción forestal y un mejor aprovechamiento de la misma.
Las distintas opiniones recogidas en círculos técnicos y empresarios coinciden en afirmar que, en países que tienen un déficit de vivienda estimado en un millón y medio de unidades, como el caso argentino, la producción de maderas aglomeradas tiene asegurado un brillante futuro.
Página 57 - PRIMERA PLANA
26 de marzo de 1963

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