Mágicas Ruinas
crónicas del siglo pasado

 


No me explico el fenómeno Sandro
Revista Gente y la Actualidad
29.04.1970

GANA 6.000 DOLARES POR RECITAL. TIENE IDEAS MUY PARTICULARES SOBRE DIOS, EL AMOR, LA TRISTEZA Y LA GUERRA. SOLO LE IMPORTA TENER TIEMPO PARA ESTUDIAR Y ADMIRA A GILBERT BECAUD, TOM JONES E IVES MONTAND. UN MISTERIO INDESCIFRABLE.

En el fondo el problema parece bastante simple: es cuestión de organizar el tiempo y los horarios. Pero cuando el éxito grande y tozudo golpea a alguien con la fuerza que lo ha golpeado a él, entonces el tiempo pierde la medida que tiene para el resto de los mortales y se transforma en algo que se distiende y contrae al influjo de mil cosas que nada tienen que ver con la voluntad de su dueño. Me estoy refiriendo al caso de Sandro en Mar del Plata (y podría ser en cualquier otra parte). Y Sandro en Mar del Plata llegaba tarde a las presentaciones, a los reportajes, a los agasajos. Y la gente se enojaba mucho con él, "nunca más", decía, pero al final terminaba cediendo y perdonándolo, porque Sandro canta muy bien y porque además es una buena persona.

Hubiera preferido no conocer tan de cerca el éxito, palpar todo lo carismático y mágico que puede tener, todo lo monstruoso también. Nuestra recorrida desde el hotel Provincial hasta la camioneta, y desde la camioneta hasta bajar tres pasos en la playa fue un infierno que difícilmente se pueda describir. Cientos de chicos y jóvenes y ancianos se abalanzaban sobre nosotros ni bien lo descubrían, e intentaban sacarle un apretón de manos, o un autógrafo, o un beso. Las pequeñas y domésticas cámaras fotográficas se levantaban rápidas y "por favor, con mi niña, que lo admira.. .", y "Para el recuerdo, Sandro. Ahora sonría", y Roberto Sánchez Ocampo accedía hasta un límite, más allá del cual no sólo no hubiera podido hacer esta nota sino tampoco hubiera podido ver qué es eso tan lindo que se llama mar, o cumplir con sus restantes compromisos.

—¿Ves? Por eso nunca puedo llegar a tiempo a ningún lado. Siempre se cuándo salgo, pero nunca cuándo llego —me dice—; no quiero que la gente me crea un engrupido o un irresponsable. Me esfuerzo por cumplir, me aflige más de lo que se imaginan el tiempo de lo demás, pero esto es también mi realidad, mi público, mi vida. Yo la busqué.
—¿Estás arrepentido?
—No, no, eso no. Te repito: yo me lo busqué y esto es para mí un premio. ¿Sabés cuánto tiempo pedaleé para llegar? Profesionalmente, solo, estuve 7 años. ¿Cómo te imaginás que ahora voy a despreciar todo?
—¿Ahora que has llegado al máximo?
—No, ahora que conseguí que la gente me quiera y me siga. Yo no sé si llegué a la cumbre que soñé toda mi vida. Todavía me siento inseguro de un montón de cosas, incluso como cantor. Cada vez que subo a un escenario siento la misma angustia y el mismo miedo que la primera vez.
—No se nota. ..
—Porque el público no va a ver a Sandro el inseguro o el temeroso. El público hace, a veces, grandes sacrificios para pagar la entrada a un club o a una confitería. Entonces tengo que dar lo mejor, y olvidarme de mis miedos, y entregarme con todo a este simple oficio de comunicar cosas a través de un buen ritmo.
—Eso no deja de ser, en el fondo, bastante triste. Es decir, que lo quieran a uno por su imagen y no por su realidad.

Ahora estamos sentados frente a una mesa oculta del segundo piso del hotel, y Sandro sorbe de a poquito ese jugo de naranja con ginebra que ha pedido. Los cigarrillos —largos y rubios cigarrillos—. se deslizan constantemente por sus dedos nerviosos que tratan de apoyar cada una de sus frases. En verdad ríe muy pocas veces, y uno comprueba —o descubre— que esto tampoco es ficticio, que esto es real. "Cuando uno lo conoce como persona lo valora más como cantante" me había dicho alguien. Y es cierto.

—No puedo exigirle a todo el mundo que me conozca como un ser humano. Esto podrá lograrse con una conversación entre dos, pero no con más personas. De cualquier manera, siempre, cuando canto, trato de dirigirme a una sola persona. Detesto la masa, porque la masa nunca podría comprender enteramente mi mensaje. Esto le ocurre también a los actores y a los demás cantantes. No es un fenómeno de Sandro.
—Explícame el fenómeno Sandro.
—Explicámelo vos.. .
—Hay dos o tres movimientos tuyos cuando cantás, que sabés positivamente que van a desatar histerias y delirios. ¿Este es siempre tu enganche?
—No, eso lo superé ya, es algo que estaba muy bien para mi época con Los de Fuego, cuando me presentaba todo de negro y parecía un portafolio. Pero ahora no. ¿No creés vos que me he superado?
—Sí. ¿Qué valorás más? ¿Tu labor como cantante o compositor?
—Valoro todo, pero sobre todo la disciplina. Por eso admiro a un Gilbert Becaud, a un Tom Jones, a un Ivés Montand.
—Dame ejemplos fuera del canto.
—Qué sé yo. . . Luther King, por ejemplo. Era un pacifista que consiguió algo que siempre me emociona: el respeto de la gente.
—¿Vos creés haber logrado el respeto de la gente?
—Por lo menos la gente no es agresiva conmigo. Eso es lindo. No me gritan cosas. Gracias a Dios.
—¿Y Dios qué dice?
—Debe estar resignado. Antes, cuando tenía 16 años, yo no creía en nada. Pasé una gran crisis de mi vida, y pensaba que sin religión y sin Dios se podía seguir viviendo. Pero cuando la vida te golpea fuerte cuando la conocés bien a fondo, te das cuenta que Dios es imprescindible. Yo, particularmente, saqué siempre muchas enseñanzas de las cosas feas. Y las tuve muchas, a montones, por un simple problema: siempre aparenté tener más edad que la real. Cuando tenía 10 me daban 16.
—¿Te gustaría tener mucho sentido del humor?
—Claro, ¿cómo no? Es reírse de las cosas más graves que le pasan a uno.
—¿De inteligencia?
—No, eso es terrible. Una vez alguien dijo: "Era tan inteligente que jamás escribió un libro". Es que la vida te ofrece tantas cosas para ver, para sentir, para decir, que das tantas vueltas que al final terminás diciendo lo mismo que los demás seres humanos. . .

"Chospa" es otro de sus sobrenombres. Es una palabra gitana que no quiere decir nada, pero que lo afilia a una clase de gente que ya muchos lo han explotado, incluso el cine.
—¿No tenés miedo de defraudar a tu público siendo un mal actor?
—Me gusta hacer cine, empecé a hacerlo porque me llamaron, es una experiencia nueva. Tengo idea de estudiar un montón de cosas, entre ellas arte dramático. Pero por ahora no tengo tiempo de estudiar nada, o mejor sí, estudio la manera de que el tiempo me alcance. Leo, eso sí. Me gusta Martha Lynch y Silvina Bullrich, y en música Bach y Debussy. No solamente me gustan estos dos últimos, sino que también siento que me entienden.
—Un casamiento en este momento de tu carrera, ¿la afectaría?
—Tendría que intentarlo para responderte. Se me han inventado miles de romances. . .
—¿Pero cuál es la verdad?
—La verdad es muy mía y muy privada. Sólo puedo decirte que siempre que siento, lo hago en serio, pero no hay mujeres especiales, es decir, cualquiera puede llegar a ser especial. El día que la encuentre no la dejo escapar, y entonces no me va a importar si afecta o no mi carrera.
—¿Cuánto ganás?
—Lo suficiente para vivir bien y para lograr la seguridad que nunca tuve. No me interesa el status.
Pero hay números que pueden ser más elocuentes: cada recital de Sandro sale a su contratante 6.000 dólares, por 25 canciones que nunca quedan ahí, sino que siempre, invariablemente, deben extenderse a 30.
—¿Cuál es tu tema preferido?
—Cada tema tiene una motivación diferente, y todos me resultan lindos. Si dejara de pensar así no los cantaría más. Te puedo decir, sí, los temas que más le gusta a la gente: "Yo te amo", "Rosa, Rosa" y "Una muchacha y una guitarra".
—Si alguna vez llegaras a ser un gran actor, ¿qué personaje te gustaría representar?
—El del padre Sergio en la obra de Tolstoi.
—Hoy, a los 24 años, ¿qué es lo más importante para vos?
—Realizar cosas lindas, cada vez mejores. Estoy en eso. A veces sólo duermo 3 horas por día, y otros logro hacerlo 12 horas seguidas. Pero no me importa. Quiero estudiar y llegar a ser un gran actor. Quiero estudiar y llegar a ser un gran cantor.
—¿Y un gran hombre?
—Para eso me falta mucho más todavía. Pero siento que lo estoy logrando cada vez que le digo a alguien que lo quiero. Querer es la palabra más linda para mí, aunque son todas lindas, porque el sentido no lo da la palabra sino el tono. Yo puedo decir "te odio" con ternura, y es distinto. Yo puedo hablar de la guerra, y el amor también es una forma de guerra. Son los tonos los que dan sentido a las palabras, no el verdadero significado.
—¿Y la palabra soledad?
—La palabra soledad también. Yo, en Nueva York, caminaba un día por la calle y me sentía solo. Me parecía que toda la ciudad se me venía encima. En cambio, yo solo, caminado por Buenos Aires, no me siento solo. Hay grandes y pequeñas cosas en la ciudad muy mías, que me acompañan. Ya lo dijo alguien: "El corazón tiene razones que la razón no entiende".

Haciendo un inventario del haber de Sandro, diríamos que tiene dos coches (un Renault Gordini que maneja su madre y un Ambassador que maneja él), más o menos 1000 relojes que compró en Curaçao y en Nueva York, una colección de 14 guitarras, algunas de ellas valencianas de gran valor, y un órgano.
Claro, nos olvidábamos: también tiene en su haber un carisma sin el cual nunca hubiera llegado al éxito. Solo que él, todavía, no cree demasiado en él. "Nunca se puede decir YA" —concluyó.
Quizá sea cierto que cuando uno lo conoce como persona lo valora más como cantante.

R. S.
Fotos: Gabriel Alvarado

 

Ir Arriba

 


Sandro
Sandro
Sandro