Mágicas Ruinas
crónicas del siglo pasado

 


EL GRAN DEBATE
Calle, Congreso y gobierno
Revista Confirmado
14.05.1965

—Si usted quiere entender qué está pasando en el Parlamento, no razone en función de la política internacional. El desembarco de los marines en la República Dominicana sirve para saber quiénes están dispuestos a bloquear definitivamente al gobierno. Esta no es una pelea de proyanquis contra antiyanquis: la línea divisoria es entre el oficialismo y la oposición.
La explicación partió de un asesor del sector alendista y —formulada en los pasillos del Congreso hacia la madrugada del último sábado— sirvió para ubicar el debate en
un plano que había pasado casi inadvertido: por primera vez en el actual período, algunos partidos se unían, aceptando en los hechos la política del gobierno, mientras otros se agrupaban en la oposición.
La alusión al bloqueo del gobierno quedó suficientemente aclarada con el proyecto que poco antes había presentado Ataúlfo Pérez Aznar, de la UCRI: a) que el Poder Ejecutivo exija el inmediato retiro de las tropas norteamericanas de Santo Domingo; b) que promueva ante la OEA la condena expresa a USA; c) que proponga la creación de instrumentos jurídicos para garantizar la autodeterminación de los pueblos.
La intención —según acotó el mismo Oscar Alende— no era fundamentalmente influir en los episodios del Caribe, sino presionar al gobierno, por vía de resoluciones parlamentarias, para que asuma posiciones que lo alejen de USA. "Vamos a cortarle todas las salidas a Illia", se enunció durante una reunión que congregó a diputados opositores de distintos partidos.
Los dos campos quedaron claramente delimitados al considerarse si los proyectos de declaraciones antiintervencionistas se debían tratar en la reunión de la Cámara o correspondía su consideración por la comisión. La primera variante servía obviamente al gobierno para ganar tiempo; la segunda colocaba al canciller Miguel Ángel Zavala Ortiz en una posición difícil y tendía a inhibir la revisión de la política oficial frente a USA, arrastrando en consecuencia al Poder Ejecutivo hacia un callejón sin salida.
En el momento de la votación, el esquema resultó diáfano: la moción oficialista consiguió los votos del radicalismo popular, la Federación de Centro, el socialismo democrático y el diputado independiente Luis Amura; el proyecto opositor reunió los sufragios de los peronistas, los frondizistas, los alendistas, los democristianos, los demoprogresistas, los socialistas argentinos y los partidos provinciales.
En las dos grandes líneas aparecieron matices. Dentro de la combinación prooficialista pudo diferenciarse:
•La posición de los conservadores, expresada por Hardoy y el diputado Amura, francamente solidarios con USA.
•La ambigua actitud de los radicales del Pueblo.
•La variante de los socialistas democráticos, tal como fue expuesta por Américo Ghioldi. Curiosamente, Ghioldi se acercó formalmente a algunas de las tesis más caras al integracionismo frigerista: diferenció a la nueva USA kennedysta de la Alianza para el Progreso, de algunos círculos agresivos que operan en ese país (el Pentágono).
En el nucleamiento opositor pudo observarse:
•Solamente el socialista argentino Juan Carlos Coral (y, en menor medida, Ramón Muñiz) se acercó a un antiimperialismo de tipo castrista.
•Todos los otros bloques criticaron la acción de USA, pero condenando también al comunismo.
•El Movimiento de Integración y Desarrollo censuró la intervención norteamericana en Santo Domingo, pero distinguiendo cuidadosamente entre la política militar de USA y su línea económica con respecto a las inversiones en América latina. Por lo demás, el líder del sector, Héctor Gómez Machado, se centró en criticar la política exterior de Zavala Ortiz, ubicando allí el debate, y no en la actitud de USA. Definió gráficamente la posición del gobierno como de "aislacionismo económico y satelismo militar".
Simultáneamente, en las calles se desarrollaba estruendosamente el otro debate, casi todos los días con manifestaciones estudiantiles, ocupación de facultades. No solamente los sectores que responden a la conducción izquierdista de la Federación Universitaria Argentina promovieron la agitación: la católica Liga Humanista apoyó la protesta.
Quizá ese hecho movió al jefe de policía, inspector general Nicolás Rodríguez, a explicar con cautela los episodios de violencia que se registraron el 5 de mayo: ni él ni el ministro Juan Palmero atribuyeron a los comunistas (que tienen, visiblemente, un peso específico importante en FUA) la exclusividad en la organización de las manifestaciones. Ambos diferenciaron trabajosamente entre "sanas inquietudes" del estudiantado, que expresaba su opinión adversa a la política de USA, y la labor de infiltrados extremistas, que transformaron el acto del 5 frente a la plaza de los Dos Congresos en un aquelarre. En los hechos, era evidente sin embargo que, si bien la mayoría de los estudiantes que desfilaban no pertenecían a la Federación Juvenil Comunista, ésta llevaba la voz cantante a través de lemas que imponía a los manifestantes.
El ministerio del Interior y la policía intentaron todo el tiempo evitar enfrentamientos con los estudiantes. Tanto uno como otro mantuvieron conversaciones con dirigentes de FUA y otros grupos universitarios, negociando la autorización de manifestaciones: serían autorizadas en tanto no alteraran el orden público. La presión estudiantil, a todo eso, había conseguido un significativo triunfo: el Consejo Superior Universitario, presidido por el católico Hilario Fernández Long, condenó la política de USA y expresó su oposición al envío de tropas.
Antes, el rector de la Universidad señaló su protesta frente a la actitud de un contingente policial —que no había vacilado en arrojar algunas granadas de gases contra el edificio de Viamonte 444, ocupado por los estudiantes— en términos singularmente enérgicos. Alguien razonó entonces que pueden haber influido en esa actitud algo más que razones de principio: en el sistema universitario argentino, los estudiantes votan.

 

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Estudiantes
Los estudiantes protestaron ruidosamente contra la intervención norteamericana en Santo Domingo: los comunistas eran minoría, pero dieron la tónica
Políticos
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