Mágicas Ruinas
crónicas del siglo pasado

 


Billy Bond
el pesado del rock and roll
Revista Siete Días Ilustrados
07.02.1972

El hirsuto y corpulento músico -uno de los más talentosos de la farándula beat argentina-intenta definir las claves de su éxito: "Nuestro estilo es agresivo y se propone despertar a la gente, liberándonos simultáneamente a nosotros, los ejecutantes. Es como si descargáramos una artillería sobre el público"

Quienes lo ven asiduamente en los estudios de grabación o en las sofisticadas reuniones que suele frecuentar no pueden dejar de preguntarse cómo hará para sobrevivir en una Buenos Aires no demasiado tolerante en materia de indumentos estrafalarios. Nadie lo imagina, por ejemplo, subiendo a un colectivo descalzo y luciendo su inseparable musculosa, o simplemente paseando por la calle sus 95 kilos que parecen desbordar de los mínimos atuendos que lo cubren; más aún, resulta casi imposible pensarlo desprovisto de sus bigotes desparejos o de sus cabellos y barbas salvajemente mezclados, como habrá de aparecer en los seguramente olvidados documentos de identidad. Es que Billy Bond —el protagonista de tan tentadoras fantasías— se ufana de salir siempre airoso del cotidiano desafío que consiste en deambular por las calles porteñas y enfrentar a los horrorizados peatones que constantemente lo acechan. Además, le caben otros méritos mucho más relevantes: uno de ellos, el de capitanear el conjunto La Pesada, cuyo verdadero título es Billy Bond y la Pesada del Rock and Roll; una especie de orquesta mutante creada en enero de 1971 y en la que desfilaron, además del rollizo Billy, figuras tan destacadas como Javier Martínez (ex Manal), Luis Alberto Spinetta (ex Almendra), Pajarito Zaguri (ex La Barra de Chocolate) y Alejandro Medina (ex Manal.
Nacida gracias a un larga duración producido por Jorge Álvarez, La Pesada comenzó a cosechar sus primeros éxitos hace pocas semanas, cuando con un fondo de cuarenta maestros pertenecientes a la Orquesta Sinfónica Nacional, Billy mantuvo en jaque a tres mil enfervorizados jóvenes apretujados en el cine Metro. Desde entonces, los contratos para los resurgidores de este rock and roll sui generis se han multiplicado, y el mofletudo líder del conjunto ya se ha comprometido a actuar en Uruguay, Villa Gesell y Chile, además de grabar en el mes de marzo los temas musicales de la película Heroína, producida por Emilio Rodrigué y Raúl De La Torre, y grabar 12 LP durante 1972. Para conocer algunos detalles de la maratón musical que acaba de emprender el grupo y escuchar las opiniones de su discutido jeque, SIETE DIAS siguió durante dos semanas los rastros del huidizo Billy hasta encontrarlo —pocos días atrás— momentos antes de su partida hacia Villa Gesell. "Mucho gusto —saludó—, pónganse cómodos. Pero les pido que no me pregunten nada sobre mi pasado: me aburre soberanamente empezar a recordar lo que hice o dejé de hacer. En realidad, los reportajes periodísticos no me interesan en absoluto. No pueden cambiar nada ... o quizás sí. ¡Bahl, no sé".
—Bueno, hablemos como dos amigos. De La Pesada, por ejemplo. ¿Ustedes representan un resurgimiento del rock and roll?
—No, no hay tal resurgimiento. Lo que sí hay es un nuevo rock, que es una nueva forma de vida. El rock, para nosotros, es sinónimo de cambio.
—¿Y el beat, entonces?
—El beat no significa cambio. Ahí está la diferencia.
—Supongamos que existe esa diferencia, ¿qué es lo que modifica el rock?
—Todo.
—¿Qué?
—Ropa, ideologías... todo. No se lo puedo explicar: es evidente.
—¿En qué se manifiesta, por ejemplo?
—Para comprenderlo, tendrían que vivir como lo hacemos nosotros: la música es sólo un aspecto de nuestra personalidad. No se la puede separar de todo lo demás.
—¿Cuál es esa forma de vida a la que te referís? ¿Es original?
—No sé si lo es o no. No me interesa saberlo. Nosotros hacemos las cosas, simplemente. Pertenecemos a la generación del cambio, y por eso pretendemos romper con nuestro pasado.
—¿Cómo?
—Musicalmente, por ahora. A partir del cambio de uno cambian los demás. Además, nos dirigimos a un mercado bastante reducido: no somos un conjunto que vende cientos de miles de discos. En el último long play, apenas me liquidaron ocho mil ejemplares. Vale decir que tenemos un público reducido que piensa como nosotros y nos sigue.
—¿Y pensás que ese público vive tan despreocupado como ustedes?
—Todavía no, pero pronto lo harán. Además, no me definiría cómo despreocupado; en todo caso, podría decirse que somos auténticos. Hacemos lo que sentimos, y eso es lo que le molesta al sistema.
—Si la amenaza fuera tan grande, ¿les dejarían grabar en los sellos comerciales "del sistema"?
—Por el momento no constituimos un peligro tan grave. Yo no conozco a nadie que en este momento lo sea. Gian Franco Pagliaro, por dar un ejemplo, es un chanta total: si realmente piensa que la revolución violenta es la única salida, que tome un fusil y se deje de embromar. En el otro extremo están los chicos de Arco Iris, que pregonan "amor y paz" y practican la macrobiótica. También están equivocados, porque no se puede postular eso cuando estamos comiéndonos unos a otros.
—¿Entonces?
—Bueno, a mí no me interesa la política; ni los americanos, ni los rusos, ni los chinos, ni los argentinos, ni las drogas.
—¿Y qué tienen que ver las drogas con los americanos, rusos, chinos y argentinos?
—Es que todos quieren dominarnos. Yo estoy en contra de toda dominación del hombre. Aunque, por otro lado, reconozco que algunas reglas de convivencia debe de haber, porque si no se arma la gorda. Es un problema ... Pensándolo bien, no puedo decir que no me interesa la política porque en el fondo me preocupa . .. ¡Qué sé yo! ...
—¿Cómo definirías el estilo musical de La Pesada?
—Odio las definiciones, ya que significa caer en esquemas rígidos. La nuestra es una línea de música pesada, con muchos golpes. Es un estilo agresivo que se propone despertar a la gente por un lado, y liberar a quienes lo ejecutan por el otro. Es como si descargáramos una artillería sobre el que nos escucha.
—Pero si la agresión es, precisamente, lo que ustedes combaten.
—Bueno, eso es verdad, pero en la música es otra cosa.
—¿No era que no se podía separar la música de todo lo demás?
—¡Uf, qué lío!... ¿No podemos hablar de otra cosa?

 

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