Mágicas Ruinas
crónicas del siglo pasado

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ALBA ARNOVA, UNA ACTRIZ ARGENTINA QUE ITALIA GANO
Por ESTELA CARVALHO

SERÍA interesante que nos acostumbráramos a hacer el elogio de las mujeres que se lo merecen empezando por hacer referencia a sus dotes espirituales y mentales. Que se dijera, por ejemplo: ¿“Fulana”? Es una mujer inteligente, amable, cordial, y, además, hermosa.” Paro, por lo general, no es así. Se comienza por hablar de la belleza y se olvida de citar el talento, aunque lo haya...
Con Alba Arnova esto resulta casi una obligación, pues es inteligente de verdad y cultivada, y, por añadidura, bonita. La conocí cuando tenía diecisiete años, hace de esto ya ocho, e ingresó como solista en el Colón. Era entonces la gran promesa del ballet argentino, una primera bailarina nata, en el decir de uno de sus directores.
Bailaba, ciertamente, que era un portento, pero también estudiaba. En realidad, no había hecho otra cosa desde que frecuentó el “kindergarden”. Y estudiar era lo que se había propuesto por propia determinación. Su padre, un conocido industrial, quería que se doctorase en química, porque, hombre práctico, deseaba que su hija tuviera una carrera provechosa y llegase a ser. con el tiempo, su continuadora. Mas era evidente que tales aspiraciones no encontraban eco en ella, y decía:
—¿Química yo? ¡Qué esperanza? La vida del laboratorio es demasiado tranquila, y a mí el diablo no me dejaría. ..
Al decir “el diablo”, Alba hablaba del baile, del teatro, de los libros, de las inquietudes que la animan, del deseo de saber. Y eso que ya por aquellos días, a los diecisiete años, conocía música, había hecho estudios comerciales y hablaba correctamente inglés, francés, italiano, ruso y alemán. Por cierto que en estos planes no entraba, al menos de una manera precisa, el porvenir. Alba miraba hacia él, es claro, como una muchacha de diecisiete años que era. Y lo presentía como una promesa rosada, suculenta, encantadora, “diabólicamente” trazada a su paladar.
No se equivocaba, pues antes de lo que hubiera podido suponer, la historia cambió su curso.

ENCUENTRO IMPREVISTO CON VITTORIO DE SICA
Un día, tal vez cuando menos lo esperaba, Alba Arnova se vió bailando en los grandes teatros de los Estados Unidos. El sueño empezaba a cumplirse Y siguió cumpliéndose en Inglaterra v luego en París...
—Y luego en Italia, ¿verdad?
Esta pregunta requiere que nos detengamos en ella teniendo en cuenta que hace varios años que la otrora primera bailarina del Colón vive en la tierra del Dante. donde ha triunfado plenamente. Alba la contesta, en principio, con esa naturalidad tan expresiva con que lo dice todo.
—Siempre había querido ir a Italia. Pero para ir, nada más. Para no hacer nada.
—Muy buena idea, pero irrealizable.
—Por lo visto, sí. Por lo visto, no podía pasearme por Italia, como una turista aburrida, estando allá Vittorio de Sica.
—¿Fué él quien la llevó al cine?
—Exactamente. Estaba haciendo planes para "Milagro en Milán" y me propuso que interpretara la estatua de esa película. No pude decirle que no.
—¿El diablo?
—El diablo. —confirma con abierta sonrisa la estrella poliglota. Y ya no pude quedarme quieta. Ingresé al teatro, y luego seguí haciendo cine y bailando y ocupándome de todo a la vez...
—Sin embargo, usted me dijo en cierta ocasión que...
—Que el teatro es lo que más me agrada, bien lo recuerdo. Y soñaba con interpretar las mujeres de la literatura universal. Las de Goethe, por ejemplo, que son magníficas. Pues bien: sigo pensando lo mismo y sosteniendo que el teatro tiene otra vida, otra emoción, otro color que el cine no alcanza. Un artista se puede dar más en él.
—Y lo dice usted que ha triunfado en el cine de Italia, ¿eh?
—Me gusta también. Más aún: estoy contenta de que me hayan tocado en suerte muy hermosos papeles, como el de 'Otros tiempos', una de las pocas películas mías que se han visto en la Argentina.
—¿Podría citarme las otras?
—Encantada. Hice, por ejemplo, Adios, mi bella señora; La Plegaria de una mujer, con Mauricio Chevalier; La Gioconda, con Paolo Carlini, un buen actor que ustedes no conocen, y en París. La Dama de las Camelias, con Gino Cervi.
—Creo que se olvida de una Alba.
—No: no me olvido. ¿Lo dice por Tiempos nuestros? Es la continuación de Otros tiempos, y tan graciosa como ésta.
—¿Es su película preferida?
—¡Oh, no? La que más quiero de todas es Adiós, mi bella señora.
—¿Me dirá por qué?
—Es muy sencillo. Me agrada porque hago en ella un papel que contrasta en absoluto con mi personalidad: interpreto a una mujer triste, tímida, a un personaje lleno de renunciación que no siento.
—¿Entonces?
—Bueno... Por eso mismo me agrada: porque vi que lo podía hacer, a pesar de no ser yo o de ser tan distinta a mi manera de pensar y actuar, si le parece así mejor.
En estos momentos, y con la premura del caso, pues debe regresar a Italia, donde ya es una figura popularísima, para filmar El Cardenal Lambertini, Alba Arnova rueda para Artistas Argentinos Asociados la película Pájaros de cristal, en la que comparte responsabilidades con Mecha Ortiz, Gloria Guzmán, Jorge Rivier y Renée Dumas, bajo la dirección de Ernesto Arancibia.

DOS PERROS, UN GATO Y EL TRAJE DE EPOCA DE UN GALAN
A Alba Arnova siempre le ocurren cosas extraordinarias. Cada una de sus películas, cada uno de sus viajes es motivo de más de una interesante anécdota que referir. Valdría la pena detenerse en ellas; pero, como no es posible, he aquí una:
Trabajaba en su película predilecta, Adiós, mi bella señora, con Gino Cervi en el papel de marido, y Armando Francioli, cerrando el eterno triángulo, en el papel de amigo. Y había ido aquel día a los estudios, como todos, por otra parte, con sus dos perros y su gato, que siempre la acompañan. Los buenos animalitos, que la adoran (son palabras de la actriz), no permiten que nadie se acerque a ella sino guardando cierta distancia. Bueno, pues, el director lo olvidó, y como viera uno de los perros que él le palmeaba el hombro a Alba, por poco le come la mano “pecadora” a mordiscos. El gato, por su parte, encontraba muy natural la escena y la imitó, a su manera, cuando el arquitecto se acercó a la estrella, echándosele encima al pobre hombre y dejándolo que daba pena con sus uñas. Por fin, todo pareció volver a la normalidad. Los heridos fueron curados y la filmación se reanudó. Mejor no haberlo hecho, pues correspondía filmar, precisamente, una escena de amor entre el amigo y la infiel. De modo que... haga el lector sus cálculos y juzgue cómo habrá quedado el enamorado Francioli al intentar el beso cinematográfico que figura en el libreto con dos canes y un felino que no estaban dispuestos a permitirlo. El resultado fué unas horas de enfermería y el traje de época que el galán debía usar para la ocasión completamente deshecho.
Desde ese día Alba Arnova, que también adora a sus perros, y, por supuesto, a su gato, de los que dice que no tiene por qué quejarse como de algunos que bien se calla, los deja en casa o trata de que los encierren cuando le toca representar una escena demasiado expresiva, de esas que ningún enamorado, por muy gato que sea, puede soportar si no es él. por supuesto, el protagonista.

—pie de fotos—
ALBA ARNOVA, ayer primera bailarina del Colón y hoy estrella del cine italiano, en un momento de descanso, en el Cervan tes, donde ensaya para la filmación de “Pájaros de cristaI”, que in terpreta con Mecha Ortiz, Jorge Rivier y Renée Dumas.
—OTRA de las películas de Alba Arnova que todavía no conocemos aquí es "La Gioconda", que se rodó en Venecia con nuestra estrella como protagonista. En ella reveló sus buenas dotes de actriz y bailarina.
—LA ESTRELLA argentina que Italia ha asimilado a su ambiente artístico, en una escena de la película “Cien años de amor” que filmó en Roma el año pasado con Mauricio Chevalier. Es una película Vena de gracia que aquí no conocemos todavía.
—LA PELICULA predilecta de Alba Arnova es “Adiós, mi bella señora” a la cual pertenece este pasaje que filmó con Armando Francioli, el galán a quien el perro de la artista atacó furiosamente cuando ambos protagonistas posaban para una delicada escena de amor.

Revista Mundo Argentino
28/7/1954

 

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