Mágicas Ruinas
crónicas del siglo pasado
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Gardel en Venecia Un anémico festival aplaudió a una película nativa. Para los grandes críticos europeos, Cannes es tan sinónimo de show-business y public relations como Venecia de cierta intelligentzia cinéfila más inclinada al debate ideológico-formal que a la frivolidad. Así que desestimaron, desde el principio, todo hecho epitelial (la mujer de François Mitterrand acosada por pacifistas, el carácter expansivo de Melina Mercouri, el carisma excluyente de Gerard Depardieu) y eligieron juzgar sólo lo que proviniera de la pantalla. Ergo: El exilio de Gardel se instaló de movida en un ámbito auspicioso y propicio. Porque esta película de Fernando Solanas (La hora de los hornos, Los hijos de Fierro) narra las peripecias de un grupo de exiliados argentinos que, anclados en París, intentan sortear el sufrimiento haciendo una tanguedia: "Tango más tragedia más comedia" . como sintetizó Giovanni Grazini. vaca sagrada del Corrieri della Sera y de la crítica especializada de Italia. Sus pares, los mismos que llamaron "panfleto anticolonialista" a La hora de los hornos, escriben ahora sobre un Solanas "menos grandilocuente, más optimista. más melancólico pero más capaz de incursionar con alegría en el absurdo". Y, en general, abundaron las loas para la película argentina que compitió contra otras 26, representando a 20 países, en la edición número 42 del festival cinematográfico más viejo del mundo. Este año, mas viejo que nunca, según cuentan todos los observadores. Por más que el excepcional director polaco y presidente del jurado Krzystof Zanussi declarara: "Compiten filmes excelentes”. su benevolencia no logró ocultar el tedio de los espectadores más pacientes ante los traspiés de Legend, de Riddley Scott (Alien, Blade runner). Tierra de nadie, del suizo Alan Tanner (Los años-luz.). Policía, de Maurice Pialat, y hasta de El honor de los Prizzi, del veterano John Houston, con un mordaz Jack Nicholson riéndose de El Padrino. Eso sí: dos películas españolas (Los paraísos perdidos y sobre todo Réquiem para un campesino español, de temática antifranquista) fueron la oposición inmediata a El exilio de Gardel. Sin embargo, los 5 leones de oro venecianos parecían sobrar frente a tan pobre perspectiva. Esto, sin considerar el León de Oro adjudicado a Federico Fellini por toda su obra. La desilusión por la ausencia de títulos fuertes llegó al límite precisamente cuando Fellini no envió a tiempo Ginger and Fred, y cuando Ran, del inefable Akira Kurosawa, no entró en competencia aunque así estaba anunciado. De hecho, las oscuras y pesadas nubes del lunes 26 de agosto, y luego la lluvia y la tormenta, fueron la auténtica inauguración de Venecia '85. Una lástima, porque los nombres importantes estuvieron allí. En el jurado (junto al Zanussi de Iluminación y La estructura de cristal) estuvieron Odisseus Elytis, Nobel de Literatura, el director John Schlessinger, el dramaturgo Eugene lonesco. el escritor Jean D’Ormesson. y otros. Depardieu, Nicholson, Charo López, Claudia Cardinale y otras stars pusieron todo de sí para jerarquizar o divulgar los méritos de la muestra. Inútil. Tanto, que Gian Luigi Rondi. director-responsable de Venecia '85 llegó a acusar a los hastiados críticos cinematográficos de "miopes” que habrían hecho sus tareas "de mala fe". Más desencanto, imposible, sin duda alguna. Y dentro de este panorama, el fervor de Grazzini por El exilio de Gardel: "Si la Carmen de Sátiro fue el triunfo del flamenco, el vitalísimo film de Solanas lo es de esa espléndida languidez misteriosa que es el tango”. Le hizo coro Tullio Kezich, otro venerable de la crítica italiana: "Muy bueno este film argentino. Ningún cinéfilo puede dejar de verlo”. En fin, ya es tiempo de dedicarnos de lleno a él. El exilio de Gardel costó 1.300.000 dólares y es una coproducción entre Argentina (Vicente Díaz Amo por Cerveux Producciones Artísticas) y Francia (empresa Gaumont), filmada en Buenos Aires y París a principios de año. Pero sólo representa, en el mundo a la Argentina. Staff local: Miguel Angel Solá (de quien Solanas opina que "es el mejor actor surgido en el país en los últimos años"), Lautaro Murúa, Ana María Picchio y Gabriela Toscano. Staff francés: Brigitte Fossey, Marie Laforet ("gran actriz, buena cantante. Su rol lo querían Charo López, Sonia Braga y Catherine Denueve"), Marina Vlady y Philippe Leotard. Banda de sonido: Astor Piazzolla, una canción-leít motiv de Roberto Goyeneche y Osvaldo Pugliese al piano. Cuando Pino Solanas habló con SOMOS, definió su obra como "una película de mucha acción. emotiva y divertida, íntegramente enlazada por una estructura musical' '. Dos horas de duración con 30 minutos plenos de coreografía y una secuencia onírica que ya es ítem de polémica: el encuentro entre el General San Martín y Carlos Gardel. Dijo Rómulo Berruti. enviado a Venecia "Que nuestra célebre (y verdadera) melancolía discepoliana se transforme en imágenes burlonas, inclusive bufonescas, es un desafío profundo. Que San Martín anciano se corporice en una composición notable por su identificación física y acepte un mate que le tiende Gardel. mientras ambos se disponen a escuchar en la vitrola una vieja placa de Volver, es un delicioso atrevimiento" . (Clarín 29/9). Otro enviado, el crítico Rolando Riviére de La Nación, escribió: "Es una visita a Boulogne - Sur - Mer plagada de hieratismo y citaciones, absolutamente innecesaria y, al final, la presencia del Libertador y Carlos Gardel en uno de los tantos sueños de la película que esta vez aqueja al intelectual que interpreta Lautaro Murúa". Y seguramente habrá nuevas discrepancias cuando el film se estrene en la Argentina. Pero algo es cierto: el jurado del Festival de Venecia ha dado su veredicto y éste es inapelable. El Lido, recinto-isla de la muestra, está cerrado para el cine hasta el año que viene. El miércoles 28 de agosto, la noche en que Brigitte Fossey se mordía las uñas deseando que terminara la proyección de Mamma Eve, de Carlo Lizzani, y comenzara El exilio de Gardel, es cosa del pasado. Y también los aplausos de pie, los comentarios, las apuestas y aquella declaración de Solanas: "La mía es una gran película y, por lo tanto, Venecia no le queda grande''. Seguirá siendo Solanas el peronista que habla de la "crisis total de la dirigencia peronista desde el congreso del Odeón en diciembre del ’84", y de la "gente que quiere democracia dentro del peronismo". Seguirá siendo el de La hora de los hornos y Los hijos de Fierro. Pero es más que probable que no vuelva al documental político. Porque en El exilio de Gardel ha mordido, más allá de su repercusión, la manzana de la ficción cinematográfica. Raúl García Luna Italia: Bruno Passarelli. -recorte en la crónica- Marie Laforet SOMOS dialogó largamente con la actriz francesa de El exilio de Gardel. A continuación. Estas son algunas de sus definiciones sobre el film y sobre su rol. •Esta producción es el más grande desafío de mi carrera. He sido madre, actriz y cantante sin problemas. Pero aquí también tuve que bailar. •El tango es vida, muerte y destino. Todo eso, pero con elegancia. • Si me atengo al éxito que el tango tiene en París, El exilio de Gardel va a ser, comercialmente, un boom. Se lo merece en todo sentido. •Ensayé hasta caer muerta en la Argentina. Baile clásico y tango. Mi maestro fue Eduardo, el mismo de la pareja tanguera Gloria y Eduardo. Es magnífico. •¿Qué importancia tiene que Solanas no sea francés? Tenemos fama de tacaños y chauvinistas, pero eso se acaba si de arte se trata. No olvide que los parisinos seguimos sintiéndonos habitantes de una meca del arte. •Conocí las cataratas del Iguazú y Buenos Aires. La diferencia entre ambas regiones me acercó aún más al espíritu contradictorio del tango. Le juro que me hice carne del espíritu del film. Revista Somos 6/9/1985 |
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