Mágicas Ruinas
crónicas del siglo pasado
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¿DESPREJUICIADA YO? ISABEL SARLI, MEZCLA DE HADA Y DEMONIO, Y COMO MUJER NUESTRA MAXIMA GARANTIA EN EL EXTERIOR, EXPLICA CUALES FUERON LOS CONFLICTOS QUE SE SUSCITARON EN BERLIN CON MIRTHA LEGRAND Y SU ESPOSO. "SI, señores. Me molestó una apreciación de la señora Mirtha Legrand. Ella afirmó ante un corresponsal extranjero que yo era una desprejuiciada. ¿Cómo creen, entonces, que me iba a prestar para componer fotografías de publicidad en su compañía?" El cronista conversa con Isabel Sarli en su departamento de la calle Vidt. Presentes: la madre, doña María Elena, y los caniches Cheyenne Boby Sarli —Isabel es admiradora del protagonista de la famosa serie de televisión— y Jack Sarli. Los perros se celan entre ellos, pero Isabel se esfuerza por mimarlos por igual. Nos sigue contando: —Aquella tarde el señor Ber Ciani me pidió, por indicación del señor Coronel, del Instituto Cinematográfico, que a las 15 y 30 me encontrara en los salones de recepción del hotel donde se hospedaba la delegación argentina al festival de Berlín. Cuando bajé, me encontré con la señora de Tynaire. Me rehusé a fotografiarme junto a ella; pero, en cambio, acepté gustosa hacerlo con María Aurelia Bisutti, una chica encantadora, por quien se desvivían los alemanes. —¿Y por qué dijo de usted Mirtha Legrand que era una desprejuiciada? —Posiblemente porque no tengo inconveniente en salir desnuda en las películas que filmo. Pero está muy equivocada la señora Tynaire. No es desprejuicio, sino sentido y responsabilidad de artista. Yo no salgo desnuda porque sí no más, sino porque las situaciones dramáticas de las películas que he filmado exigían que así lo hiciera. ¿No lo hacen las estrellas suecas? ¿No lo ha hecho Edwige Feuillere en películas que no llegaron al país? ¿No lo ha hecho Jeanne Moreau en “Los amantes”? ¿No lo ha hecho Silvana Pampanini? ¿No lo ha hecho Sofía Loren? ¿Acaso han sido juzgadas de desprejuiciadas por ello? No. ¿Y por qué debo ser yo la desprejuiciada? Considero que la opinión de Mirtha Legrand no ha sido de buena fe. —¿Es verdad que alguna vez el director Tynaire le ofreció una película? —Sí, “El rufián”. Pero no acepté. Y no fue la única, ya que anteriormente nos había propuesto a Armando Bó y a mí —Tynaire dijo que no quería deshacer el rubro— una película. Le pedimos tres millones de pesos. No llegamos a ningún arreglo, pero el director de “La patota” afirmó —para justificar su gestión frustrada— que yo quería imponerle a Armando Bó, y que por eso no se había llegado a concretar la operación. Lo cierto fue que no nos quiso pagar lo que pedimos. Doña María Elena —en un breve diálogo nos dio a entender que no quiere hablar del pasado y que para ella la vida se limita al presente y al futuro— nos sirve café. Su hija se ha cambiado de vestido para posar ante el fotógrafo. Mientras Isabel sigue atentamente las indicaciones de Alfieri, prosigue: —Todo esto se lo manifesté al propio Tynaire en Berlín. Fue durante una visita a una famosa bodega donde nos hicieron probar más de cuarenta tipos de vinos. Quizás el director francés había catado más de lo debido, pero lo cierto es que se mostró amistoso y cordial conmigo. Fue así como me dijo: “¿Por qué no querés filmar conmigo, Isabel? Podríamos hacer una gran película.. ."Tenía los ojos encendidos y la voz anhelante. Le respondí: “Después de las apreciaciones que usted tuvo para mis películas en el primer festival de Mar del Plata ya ni por todo el oro del mundo filmaría con usted”. Como él hizo gestos de no entenderme —acaso el duende del vino esfumara el sentido de mis palabras— agregué claramente: “Recuerde que en Mar del Plata dijo que “El trueno entre las hojas” y “Los sabaleros” eran películas pornográficas. Ahora le pregunto yo: ¿“El rufián” no es también una película pornográfica? Es decir, usted ha terminado haciendo lo mismo. ¿Lo ha hecho por razones artísticas o porque hará un buen negocio?. . . Además me tratan de desprejuiciada porque salgo desnuda. ¿No estaba acaso desnuda también Mirtha Legrand en la escena de “La Patota” cuando la atropellan los muchachones? Claro que, como les faltó valentía, encubrieron un poco la escena interponiendo algunas estatuas. . .” La referencia al festival de Berlín actualiza un rumor que circuló en su momento en el sentido de que Tita Merello la trataba con reticencia: —En absoluto —nos aclara—. Fue mi mejor amiga en Alemania. Ella se daba cuenta de que la gente, que no había visto ninguna de sus películas, no reparaba en su presencia, indudablemente la de mayor significación en la embajada. Me decía con su natural espontaneidad y simpatía: “Piba; mostrá, mostrá, que es lo único que les interesa”. . . A los pocos días de nuestro arribo ya se quería ir, y cada dos por tres repetía: “Me siento como una valija... Me voy...”. Pero un día una periodista que conversó unas palabras con Tita se dio cuenta de que se hallaba ante una gran actriz. Entonces decidió hacer una nota de contraste conmigo. Tita aceptó y me honró posando conmigo para un sinnúmero de fotografías que se publicarán en una revista suiza. La amabilidad de Tita Merello será el recuerdo más hermoso que guardaré de Berlín. Isabel Sarli sólo puede atendernos unos minutos más. A las cuatro comenzará a recibir visitas. ¿De amigos? No, de posibles compradores del departamento que ocupa. Sí, porque vende su departamento —living comedor, dos dormitorios, pieza de costura, baño, cocina y patio cubierto; un millón de pesos—, pues antes de un mes se instalará en la magnífica residencia que acaba de levantar en Martínez. En estos minutos restantes Isabel Sarli nos cuenta las circunstancias en que por primera vez se desnudó ante una cámara: —Fue en “El trueno entre las hojas". El libro marcaba que debía filmar desnuda, pero se me aclaró que lo haría con una malla color carne. Pero cuando llegó el momento de la toma, Armando Bó me exigió que lo hiciera “al natural”. Me negué en toda forma. Luego rompí a llorar. Entonces Armando, haciendo como que se enojaba me dijo: “Bueno, entonces se acabó. Nos vamos y te dejamos aquí en medio de la selva sola. Haremos la película de nuevo con quien acepte filmar desnuda”. Entonces intervino el iluminador. Me explicó que grandes actrices habían filmado desnudas sin que ello fuera motivo de desdoro alguno para su reputación. Me convenció y acepté hacerlo. Fue la escena en que me baño en el río encajonado. Claro que las primeras tomas las hice llorando. Por eso tuvieron que repetirlas. Esta es la verdadera historia, y es falso lo que se cuenta de que le di una cachetada al director. .. Revista Platea 21/07/1961 |
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