Mágicas Ruinas
crónicas del siglo pasado

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LOS ANGELES
Películas con pantalón corto
Los héroes de las historietas saltan a la pantalla grande.
Cada tanto el cine se toma un tiempo para mirar a su alrededor y crea una nueva moda o tendencia. Casi siempre —porque poco nuevo queda bajo el sol— la reactualización de algún tema favorito del público norteamericano. ¿Y cuál más transitado y popular que la historieta en el país de El Príncipe Valiente, Buck Rogers y Superman, más jóvenes y vigorosos que nunca a través de revistas y suplementos dominicales,que siguen brotando por millones?

Por lo menos una docena de grandes títulos llegarán (o volverán) a la pantalla en el próximo año. La legendaria Terry y los piratas, creada en 1934 por Milton Caniff, fue en 1940 un filme en quince episodios y ahora se volverá largometraje —para 1981— bajo la producción de Clarence Russell. El justiciero Capitán América, surgido en 1941 (una contribución al esfuerzo de guerra) de las plumas de Jack Kirby y Joe Simon, estará protagonizado por Reb Brown con (nada menos), Christopher Lee como villano invitado. Y el Cisco Kid mostrará la sonrisa a puro diente de Erik Estrada, a quien los argentinos conocen como el patrullero memo de la serie Chips. ¿Y cómo podía faltar El Increíble Hulk?
Con los mismos esperpentos de la televisión, con Bill Bixby y Lou Ferrigno como el troglodita verde, La novia del Increíble Hulk (dirigida por Ivan Nagy) será (¡oh, misterios de Hollywood!) una película que ya vio el televidente en pantalla chica, con Mariette Hartley jugando el fugaz papel (las enamoradas no le duran) de mujer del monstruo. Las salas volverán a recibir la visita a caballo de El Llanero Solitario, su amigo Toro y el tordillo Silver, con Klinton Spilsbury como estrella de The Legend of the Lone Ranger. Pero el lector todavía no ha escuchado nada: ahora viene lo mejor.

Superman II, III, etcétera: Cuando Superman todavía recauda dinero (no ha dejado de hacerlo desde que debutó en las páginas de Action Comics, en 1938), ya el productor Alexander Salkind declaró que había terminado el rodaje de Superman II e iniciaba, más rápido que un bombero, más arrollador que una locomotora. Superman III, siempre con Christopher Reeve. Margot Kidder y el resto de los muchachos.

Flash Gordon: Hay quienes le discuten a la historieta la categoría de arte. Eso ocurre porque no han visto las inolvidables viñetas del Flash Gordon de Alex Raymond, obras maestras del dibujo desde su primera aparición, en 1933. Flash fue filme de episodios en 1936, 1938 y 1940, hubo una parodia semiporno en 1974 (Flesh Garden) y por fin el héroe pegó el salto a la pantalla grande. De inminente estreno, producida a un costo multimillonario por Dino de Laurentiis, el reparto es sorprendente, porque a Sam Jones (Flash) no lo conoce nadie. Pero vaya si son famosos Max Von Sydow (el emperador Ming, de Mongo), Ornella Muti (la princesa Aura) y Mariangela Melato (Kala). Presupuesto: 40 millones de dólares.

Mandrake: Hechicero atildado, Lee Falk lo creó como por arte de magia en 1934, y aunque llegó al cine un par de veces nunca estuvo a la altura de las ilusiones del público. Ahora, el King Features Syndicate anuncia que llegó a un acuerdo con el productor Eric Rochat, y que Mandrake the Magician, Lotario y Narda podrían vivir sus aventuras para 1981.

Charlie Chan: Se lo recuerda por esa deliciosa cortesía que los norteamericanos suelen adjudicarle a los orientales. El detective chino Charlie Chan (primero,folletín de Earl Derr Biggers,en 1925; después inolvidables películas infantiles con —entre otros— Warner Oland, Sidney Toler y George Kuwa, y además historietas desde 1938) solía resolver los casos mientras educaba a sus honorables hijos. En cualquier momento se estrenará Charlie Chan y la Maldición de la Reina Dragón, con Angie Dickinson (Mujer Policía) como malvada especial, y (ésto habrá que verlo) Peter Ustinov como el inefable investigador de los ojos rasgados. Dirección de Clive Donner.

Annie la Huerfanita: En los Estados Unidos es una institución esta Little Orphan Annie nacida en 1924 que, mediante las páginas del comic, busca un padre acompañada por su perro Sandy. En 1974 se transformó en una comedia musical de. Broadway que no ha cesado de agotar localidades, vender long-plays y también muñecas, llaveros y otras lindezas. Tres días atrás se iniciaron las pruebas en Nueva York con cuatro mil aspirantas de entre 7 y 11 años para cubrir el papel de Annie en cine, una película en la que se mencionaba a John Huston o Herbert Ross como directores. Dicho sea de paso, la comedia musical podría verse en la Argentina en 1981, ya que hay tratativas de empresarios porteños para comprar los derechos teatrales: habrá Annies para elegir.

Y para el final, la más delirante, enloquecida y prometedora realidad. Popeye (que en los países latinos llaman Espaguetti), bondadoso y forzudo marinero lanzado por Elzie Segar en 1929, es una película de inminente estreno dirigida por uno de los realizadores más controvertidos e importantes de la década del '70: Robert Altman (Tres mujeres. Nashville, Quinteto. Un matrimonio). Con la superestrella de la televisión norteamericana (¿cómo es que ningún canal argentino ha comprado Mork y Mindy, la serie más vista en Estados Unidos?), Robin Williams, como Popeye. Paul Dooley y —la elección más perfecta en la historia del cine— la notable Shelley Duwall, actriz predilecta de Altman, como la flaca, iracunda y enamoradiza Olivia. Si se agrega que el guión es de Jules Feiffer (tal vez el mayor humorista de esta época), no se puede contener la impaciencia por ver Popeye.
Desde luego, el proyecto fue duramente bombardeado por cierta corriente de críticos neoyorquinos que descreen del revival del comic. Uno de ellos, durante una función privada, dijo:
—Payasadas y nada más que payasadas. No vi la película, pero Altman es un pesadísimo director —casi incomprensible, a decir verdad—, y Feiffer hace chistes para media docena de amigos que lo entienden. Entre los dos, no lo dudo, habrán asesinado el inocente espíritu de Popeye. un sencillo marinero que debería estar gozando de su jubilación. . .
Sin embargo, acideces aparte, los creadores de esta nueva corriente ya se frotan las manos. Los cálculos más pesimistas dicen que cualquiera de estas producciones es capaz de superar los fantásticos dividendos de La Guerra de las Galaxias, y de convertir a la mítica Lo que el Viento se Llevó en un negocito de poca monta. Porque nunca está dicha la última palabra si de Hollywood se trata: su industria, muchas veces condenada al desastre, renace una y otra vez de sus cenizas. Y más fuerte.
Algo es cierto (y quizá, enigma para sociólogos): cada vez se afirma más la tendencia de volver al pasado. ¿Porque todo tiempo pasado fue mejor?
Albert Hall
Revista Somos
3/10/1980
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