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crónicas del siglo pasado
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| Memorias de un médico rural de René Favaloro.
Ediciones S.D.D.R.A. 158 páginas. Buenos Aires, 1980. "Sólo pretendo desnudar las realidades que me tocaron vivir y que, a mi entender, siguen teniendo hoy la misma vigencia a lo largo y a lo ancho de mi patria". La mano que redactó esta frase es la misma que no hace mucho sostuvo un bisturí para seccionar los grandes vasos y el corazón de un suboficial moribundo y colocarle otro, en el primer trasplante exitoso de ese órgano realizado en la Argentina. “Si analizamos en profundidad nuestro pasado y estamos dispuestos a realizar los cambios estructurales que la Argentina necesita, entonces sí justificaremos los errores cometidos. Que así sea, para bien de todos’’, pide Rene Favaloro al terminar en marcada convocatoria martin-fierresca sus Recuerdos de un médico rural, recientemente publicado por Ediciones S.D.D.R.A. Cuando se trata de escribir un libro de memorias, las grandes personalidades de este tiempo tienden a hacerlo para restañar agravios o para proferirlos, generalmente. Se ha hecho moda el juego-verdad con un resabio de decadente disimulo, o con premuras de vanidad no siempre pueriles. No siempre se escribe para los hijos. En estas breves páginas Favaloro escribe para los hijos de todos. Y éste es el intransferible valor de este libro. Sin desdeñar alguna elegancia literaria, pero inclinado preferentemente por la agilidad descriptiva del lenguaje directo —sin omitir cierta pizca de humorismo alguna vez—, el cirujano conduce al lector con precisión al sitio donde dio sus primeros pasos como médico. Se demora, con delectación y eficiencia, en la descripción de hombres , lugares, vegetación, animales, costumbres para instalarlos, junto a él y a sus afanes, en el mismo corazón de esa frontera donde La Pampa se hace Patagonia; donde la sal, y el viento y la arena se entremezclaron con el hambre y los miedos y las penurias de quienes construyeron allí un pedazo del pais y debiéron pasar por sus manos como pacientes. Jacinto Arauz era un villorrio cuando Favaloro bajó del tren lleno de temores pero también de afanes y de esperanzas. "Había un dejo de sorpresa en los pacientes ante mi juventud, más notoria por el rostro aniñado que entonces me acompañaba. Se percibía cierta reticencia en conversar y presentar los problemas al recién llegado", recuerda el autor. A través de este breve relato, por donde transitan comadronas y curanderas —no siempre desdeñables, según apunta Favaloro—, el autor no elude el compromiso Ideológico, pero con mayúscula, porque al comparar aquellas épocas con las actuales, no duda en afirmar: “Sin embargo estoy, convencido de que en profundidad todo está igual". Y más adelante, agrega con énfasis atronador: "¿Tendremos la valentía de construir la Grande Argentina soñada por Lugones y Martínez Estrada? Ello sólo será posible si todos aceptamos nuestras responsabilidades". Entre tanto best-seller kilométricamente comercial vale la pena echar una detenida y profunda ojeada a este breviario de amor al prójimo donde Favaloro propone: "Habrá que comprender que el hombre forma parte de una sociedad a la cual debe entregarse para mejorarla." Martín Campos Revista Somos 26.09.1980 |
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