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como leer los diarios
Claves para leer los diarios
Leer un diario (aparentemente un acto sencillo, a fuerza de ser cotidiano) tiene su complejidad. Esto se nota, sobre todo, cuando más que leer noticias se busca orientación, desentrañar los indicios de la actualidad. Es imposible abordar la lectura de un periódico cualquiera sin tomar en cuenta una serie de datos que en alguna medida hacen a la valoración de la información allí contenida. Ahora, cuando el signo de la actualidad está y continuará estando en lo político, conviene revisar este improvisado catálogo que intenta resumir las claves que utilizan los mismos periodistas para leer las distintas publicaciones.

HAY que partir de dos supuestos: los diarios van a cambiar porque van a cambiar las noticias, y usted va a cambiar su actitud frente a ellos porque buscará otra información.
Pese a que los últimos estudios demuestran que el público se está interesando más por las noticias extranjeras, desde la reactivación de los partidos políticos ese público ya deja de ser un ajeno a la noticia para convertirse, también, en participante. Ya no se trata de las decisiones gubernamentales, de algo ajeno y lejano. Ahora también usted y sus ideas serán noticia a través de su partido político.
Hasta ahora estaba justificado que leyera primero la página deportiva, o si no la página de los chistes, para después de eso dirigir su atención hacia el contenido económico-político del diario. Pero, de hoy en adelante, suponemos, comenzará a interesarse más por los artículos políticos y por las columnas de opinión.
Usted quiere saber qué pasa. Usted tiene que estar bien informado. Para estarlo, tiene que saber cómo y por qué leer las noticias.
Para aclarar esto, requerimos la opinión de varios periodistas y también la opinión de un semiólogo. (La semiología es la ciencia que estudia “la vida de los signos en el seno de la vida social”, según Saussure, el padre de la lingüística.) Es así como se produjeron algunas contradicciones. Mientras los periodistas desconfían de esos estudios acusándolos de demasiado intelectuales y alejados de la realidad de un cierre, el semiólogo, de todos modos, nos formuló amplificadores aportes, varios de ellos coincidentes con las opiniones de los periodistas.
Citar completamente las opiniones de los entrevistados sería estéril e innecesario. Nos haría falta media revista para reproducir nada más que las declaraciones de Julio Lagos (Radio Belgrano) y Edmundo Guibourg (quien comenzó en el periodismo en 1913, en “Critica” y también “Clarín”). Que nos perdonen entonces. Hay que buscar coincidencias, puntos de contacto que a usted le permitan elaborar un esquema: el manual del perfecto lector de diarios.

1) La coincidencia más general sostiene que hay que tener en cuenta a qué intereses económicos e ideológicos responden los diarios que leemos.
Se dijo de varias maneras. Philipe Lebreveux, el corresponsal de “Le Monde” (algunos sostienen que es el mejor diario del mundo) afirma: "Para comprender las informaciones de los diarios hay que estar al tanto de cuál es su ideología y a qué «carro» está atado". El semiólogo hizo un breve esquema que “de todos modos suele hacerse inconscientemente. Primero hay que tener en cuenta sus medios de producción —intereses económicos—, después su mecanismo interno y finalmente no olvidarse de su público consumidor, porque cada diario tiene el suyo”. En cambio Edmundo Guibourg. por algo será, fue mucho más concluyente, más directo: “Imagínese a un peronista escribiendo en «La Prensa» o bien a alguien hablando mal de Frigerio o de Frondizi en «Clarín».”



A Sergio Villarruel lo entrevistamos entre cables, máquinas teletipo, teléfono sonando insistentemente y con la ruptura definitiva de esa imagen aparentemente lejana que da en “Telenoche”: “En estos momentos mi diario base es «Clarín», pero es necesario estar atento debido a su ideología, como todos".
Con diferentes estructuras, con diferentes palabras, con cambiantes estilos, dando nombres o reservándolos: varias maneras de decir lo mismo. For lo menos los periodistas pensamos más o menos igual con respecto a nosotros mismos. O quizás no... Se dijo que hay que tener en cuenta los intereses económicos de los diarios; por lo tanto, eso está más allá del periodista mismo.
Edmundo Guibourg se encarga de hacernos esa aclaración: “La libertad de prensa no es una utopía, no es un sueño idealista. Yo la conocí. Pero... La censura existe, pero es un error creer que es el Gobierno el encargado de ejecutarla. La peor censura de un diario es el diario mismo desde el momento que es una empresa Comercial. El periodista no puede ir en contra de sus intereses”.
Lo que antecede nos obliga a una reflexión, y escribimos (coincidencia número 2): con leer el diario no alcanza, es necesario completarlo con otras lecturas. Eso quiere decir que las revistas sirven para algo...
Pero la explicación de esta coincidencia exige presentar a la tercera, ya que una es consecuencia de la otra.

3) No es lo mismo noticia que información. Horacio Estol (20 años corresponsal de “Clarín” en Nueva York y autor de varios libros) fue el primero en aclarármelo: “No se puede leer un solo diario, no alcanza. Hay que completar su lectura con otras. Es el caso de los noticieros. Como su nombre mismo lo indica, son de no-ti-cias, por lo tanto no se preocupan por la información. No se da la noticia acompañada de su necesaria perspectiva histórica, lo que en Estados Unidos se llama «back-ground».”
A este mismo enfoque también se refirieron Julio Lagos, Edmundo Guibourg y el semiólogo, del cual está prohibido preguntar el nombre porque está prohibido darlo. Pero su enfoque, como era inevitable en un científico, abarcó también otro campo, y dijo: “Hay diferencia entre el reportaje y el informe (o la nota). El informe siempre puede ser menos comprometido y más ambiguo. En cambio, en el reportaje la información es más concreta y más directa. Claro que puede tener atraso en cuanto a noticia fresca, pero lo complementa con mejor información.”
La misión más importante de un periodista, después de una buena información, es atraer al lector. Para eso se utiliza no sólo la diagramación y la fotografía, sino también una especial habilidad retórica. Algunos especialistas en Teoría de la Comunicación afirman que se pueden vender noticias (u ocultarlas) así como se venden productos a través de la publicidad. Por eso las dos coincidencias siguientes se refieren a estos casos.

4 y 5)Tener en cuenta diagramación y determinadas fórmulas periodísticas como “se cree que”, “se dice que” y “trascendió que”.
En cuanto a la diagramación (que no puede, como ninguna otra de las coincidencias, aislarse de la primera), la declaración de Luis Guagnini, columnista de “La Opinión”, es sumamente amplificadora: “Primero leo todos los titulares de todos los diarios. Luego comparo las primeras planas de «La Nación» y «La Prensa» para ver a qué noticia cada cual le dio mayor importancia. Finalmente trato de ver qué ubicación le dieron los diarios a la que yo considero la noticia del día. Por ejemplo: si el presidente de la Nación dio una extensa conferencia de prensa y ésta aparece en las páginas interiores, trato de averiguar a qué se debe.”
Julio Lagos, oponiéndose a las opiniones de los “comunicacionistas”, afirma que “cuando se está en la realidad se comprende cuál es LA noticia sin necesidad de que se la muestren y aunque la escondan. El público no es tonto, como muchos creen.”
“Se dice que”, “trascendió que”, “creemos que”: sobre este tema, que probablemente es el que más le interesa pero del cual menos nos conviene hablar, fue muy difícil conseguir información porque se trataba de poner al descubierto a medio periodismo. Si no, pregúntele a Philipe Leverbeux:
“En Argentina se practica el periodismo anglosajón: se envía al periodista a hacer un reportaje para que después sea publicado sin compromiso ni del diario ni del periodista mismo. Así pierde su estatus y no se lo valora como se debería. Y entonces, para dar su opinión, se ve en la obligación de utilizar esos giros idiomáticos y fórmulas periodísticas que evitan el compromiso.”
A Edmundo Guibourg eso no lo preocupa mayormente. Otra vez contesta con contundencia: “Eso no debería existir. Es una forma baja del periodismo que no aporta nada, que no hay que tener en cuenta”.
Pero usted quiere saber algo más, algo más técnico. Entonces no se lo pregunte a los periodistas, pregúnteselo a un semiólogo: “Hay dos maneras de informar: dando a conocer la fuente u ocultándola. Por lo general cuanto más se oculta la fuente se pueden dar mayores informaciones, y a la inversa: si se identifica la fuente suele disminuir la información. Pero así es como surge, también la ambigüedad.” Pero todo esto nos lo iba diciendo a través de un esquema gráfico que intentamos traducir al periodismo. “Entonces, de la ambigüedad rescatamos esas tres formulitas que usted mencionó. «Trascendió que» y «se cree que» son similares, aunque con una diferencia muy sutil.
Las dos no comprometen ni al diario ni al periodista, pero la primera es menos rumor que la segunda, su fuente puede ser más sólida. La tercera, el «creemos que», es distinta. Aquí se mantiene el ocultar la fuente y la ambigüedad, pero se hace partícipe de la noticia al periodista. De todos modos, ninguna de ellas es índice para una mayor o menor seriedad informativa”.
Los semiólogos saben mucho de signos, connotaciones, significantes, mensajes, metalenguaje y un montón de palabras tan difíciles como útiles, pero de relaciones públicas... Ahora nos van a decir que los periodistas somos mentirosos en potencia: “Para esas tres fórmulas periodísticas hay varias explicaciones posibles: un invento, un chisme, un personaje real y oculto o bien una opinión del periodista que no tiene otra manera de decirlo.”
Pero así como usted quiere saber sobre las técnicas que se utilizan para expresar las noticias, usted quiere saber cuáles son los diarios y las columnas a las cuales acuden los periodistas en busca de información. Eso puede ser un índice mínimo de seguridad... Ahí va:

6) Sergio Villaruel: “Mi diario base es «Clarín», especialmente en cuanto a los trascendidos políticos. También leo «La Nación», aunque suele ocuparse de cosas menos trascendentes.”
Luis Guagnini: “En cuanto a las notas de opinión, me dirijo a «La Nación»: la semana política, la semana gremial y su columna de síntesis política de los jueves. Leo «La Razón» cuando publica en primera plana, cuando la situación así lo requiere, un resumen de lo ocurrido. También leo los editoriales de «La Prensa» y «Clarín». Y finalmente al «Saturday Silight» y el resumen dominical del «Buenos Aires Herald»”.
Julio Lagos: “«La Razón» es un gran diario, completo y bien hecho. Dos diarios especialmente informativos son «La Prensa» y «Clarín». A «La Opinión» no se lo puede utilizar como único diario. ¡Ah Y el «Buenos Aires Herald». Cuando allí se publican determinados editoriales es porque algo está pasando en el país”.
Philipe Leverbeux: “Yo busco preferentemente en «La Opinión», que creo que es el mejor diario de estos momentos.”
Edmundo Guibourg: “El mejor diario argentino que vi fue «Crítica». Ahora... -gesto de desaliento, resignado—. Y... «La Prensa» es un diario muy informado, pero... Sí, el «Buenos Aires Herald» es un diario serio, muy bueno.”
Y así encontramos la última coincidencia, las restantes las encontrará sólo con su experiencia de lector cotidiano, coincidencia que salpica con tinta nuestro patriotismo: la importancia dada al “Buenos Aires Herald”.
EXTRA
03/1972
 
 

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