Mágicas Ruinas
crónicas del siglo pasado

Devlin
Bernardette Devlin
CON EL IMPERIO A SUS PIES
Arrasó con los titulares de todo el mundo. La guerra de independencia que está luchando Irlanda tenia su líder: Bernardette Devlin. Casi una niña, empinada en las más altas esferas de la política británica, propinándole una feroz cachetada al ministro del Interior, Reginald Maudling. incitando a sus compañeros a la violencia, desafiando permanentemente a la Corona y gritando sus verdades de opresión, se ha convertido en la imagen de la moderna heroína, rabiosa, débil, mezcla de amor y odio de ternura y rebeldía. EXTRA logró investigar su pasado y aporta datos exclusivos sobre su vida.

¿HAY guerra civil en Irlanda? Es una pregunta ingenua. Hace ya más de un año que en Irlanda no sólo se vive el clima de una guerra civil, sino también hechos tales que configuran una guerra: 300 muertos, un ejército invasor, miles de periodistas, terrorismo, choques armados cotidianamente, y una líder: Bernardette Devlin.
Nació el 23 de abril de 1947, en Cookstow condado de Tyrone. Ahora le dicen “Santa Bernardette de Tyrone”. Es una zona agrícola tan pobre que cuando fue invadida, los ingleses se sintieron afortunados de poder dejarla en poder de sus pobladores. Su abuelo peleó en la guerra de los boers, en donde fue herido y recompensado con un puesto de lustrabotas. “Mi padre fue lo más bajo de la escala social que podía dar nuestro pueblo” dice en su libro (no editado en la Argentina) “El Precio de mi Alma”. Murió en un barco volviendo de Inglaterra, donde había ido en busca de trabajo. Dejó una familia de seis hijos: cinco mujeres y un varón.
La vida de los Devlin fue una verdadera odisea, de la cual Ulises hasta sentiría cierta envidia. Cuando su padre murió Bernardette tenía 9 años. Para salir del paso la madre lavaba copas en la taberna de un tío y su hija servía las mesas, ese fue el trabajo que le permitió, posteriormente, comprender tan profundamente el espíritu de los irlandeses. Pudo asistir a la Academia de San Patricio, en donde, según sus profesores, era “bastante vaga pero precozmente despierta”. Pese a todo obtuvo una beca para la Universidad de Queens, y como no tenía dinero para alquilar un cuarto, caminaba 50 millas diarias ida y vuelta para asistir a las clases.
“En esa época (1956, muerte de su padre) era corriente escuchar las sirenas. En cuanto comenzaban, las puertas de nuestros vecinos se abrían y aparecían con un fusil ametralladora. Muchos de ellos eran de la milicia civil organizada para combatir al IRA. Así, mientras los padres de algunos de mis amigos desaparecían en sus propias casas para ocultarse, los padres de mis otros amigos salían armados en su busca. En esos tiempos, la división entre proletariado protestante y el católico se acentuaba. Entretanto la Iglesia, y algunos medios nacionalistas católicos, alzaban las manos al cielo frente a la violencia y continuaban estólidamente dentro del Gobierno.”
Se nos ocurre que éstos son los pasajes más significativos de su libro en cuanto a su actual posición: la mujer de la cual más hablan todos los medios de información del mundo, la muchacha que lidera una guerra civil.
“En nuestra familia habíamos desarrollado una inconsciente actitud política escuchando la historia de nuestra provincia. Una de las primeras cosas que me enseñó mi padre fue este poema: «¿Dónde está la bandera inglesa?, ¿dónde la puedo encontrar?: en donde estén la sangre y el botín si están bajo el dominio inglés». Yo la cantaba así como otros niños cantaban Jack y Jill, sin pensar en Inglaterra, sin sentir una particular frustración, pero adquiriendo un punto de vista partidario."
Pero. ¿Cómo se inició? ¿Cómo una chica del pueblo, como tantas, entró en la vida política del que fuera uno de los imperios más imponentes del mundo? Esas son las preguntas acuciantes, y su res
puesta exige dividir su vida en dos etapas. La primera podría definirse como la etapa de formación, aunque también sería justo decir que Bernardette Devlin llegará a ser alguien mucho más importante de lo que es ahora, ya que se supone que su formación, por sus apenas 24 años, difícilmente pueda estar completada y además por su actuación tan contradictoria.
La primera etapa comienza en la taberna de su tío, en donde “los hombres sólo hablaban de caballos y mujeres, pero a causa de mi presencia sólo era de caballos y silencio. Yo intentaba conversar con ellos y les preguntaba dónde trabajaban, pero, en cuanto comenzaba a hacer preguntas sobre los dirigentes todo se volvía muy peligroso. Para estar tranquilos había que hablar de nada, ni siquiera de las cosas que se dicen normalmente en cualquier parte. En un determinado momento de la historia de una región hay bastante gente que, pensando del mismo modo y al mismo tiempo, crea una fuerza capaz de cambiar el curso de los acontecimientos. Eso es lo que pasó en Irlanda en agosto de 1968”.
El 24 de agosto la Sociedad por los Derechos Civiles organiza una marcha. Bernardette, estudiante todavía, acude con su hermano de 15 años. La gente se portaba como en un carnaval, como en una fiesta, hasta que encontraron un cordón policial que les impedía el paso. No hubo desorden hasta que un oficial anunció que para que no los hubiera debían replegarse por la zona católica: “Fue en esa ocasión, por primera vez, que la gente comprendió que Irlanda está formada por grupos católicos y otros protestantes”. La marcha termina sin incidentes pero con trascendencia. Cuando Betty Sinclair, la organizadora, afirma que es una marcha pacífica y dice “los que quieran pelear que se anoten en el IRA” la multitud responde: “¿Dónde tenemos que anotarnos?”. . . “Esa manifestación sirvió para despertar a los irlandeses", afirmó Bernardette. En la taberna se pierde el miedo de hablar o, por lo menos, los caballos ya no son el único tema.
El 5 de octubre es la manifestación siguiente, en Derry, una ciudad simbólica para Irlanda y en la cual de cada 5 hombres uno no
tiene trabajo. El ministro Sraig comete el error de prohibir la marcha; así acuden a ella más de los que lo hubieran hecho sin la prohibición. Bernardette afirma: “Derry estaba viva y electrizada. Ahora se trataba de hombres sin trabajo”.
Vuelven a toparse con el cordón policial que les arranca las banderas de las manos. Betty Sinclair vuelve a pedir la retirada pacífica. “Pero eso puede ocurrir una vez o dos, a la tercera la gente dice: ¡No hemos venido aquí para volvernos a casa! Entonces subió a una silla Heamond Mc Cannan: era la primera vez que veía a esa figura legendaria. Propuso a los manifestantes que se organizaran, pero en cuanto quisimos hacerlo nos dimos cuenta: la policía nos rodeaba por todas partes.”
“Pegaban a cualquiera que anduviese por la calle con palos y cachiporras. Estaban fuera de sí. Mientras todos corrían a mi alrededor yo estaba aterrada por el pánico mirando la cara de los policías. Lo horrible era ver el placer malvado que mostraban al tirar a la gente al piso a bastonazos. También les pegaban para impedir que se levantaran. Después venía otro para seguir pegando. Parecía que hubieran esperado ese momento durante 50 años.
“Quizás por ser la única que no corría nadie me tocó. Hasta que llegó un compañero y me dijo: ¡Por Dios, movete! Al empujarme quedó parado en mi lugar y un policía lo golpeó en la cabeza. Aunque la sangre le corría por la cara no dejaron de pegarle hasta que logramos sacarlo de allí.”
La segunda etapa comienza al afirmar que “cuando ocurre algo así uno tiene que complicarse. Yo sé que una persona sola poco puede hacer para cambiar el curso de estas cosas, pero si no lo intento siento que me vencieron antes de comenzar”. Conoce a un líder universitario “feroz” y con otros 8 estudiantes forma una nueva fuerza política: la Democracia de la Gente, de orientación de izquierda, defensora de los oprimidos, más allá del problema católicos-protestantes.
De allí en más, desorienta a todos los comentaristas políticos. Su carrera es vertiginosa, imparable. En 1969 participa de una votación para el parlamento regional, compitiendo con el ministro de Agricultura, y sale tercera. Tenía 21 años.
Y llega la gran oportunidad. Fallece George Forest, quien había ocupado durante doce años una banca en el parlamento como representante unionista. Bernardette se presenta once días antes de la elección. Puso en marcha una campaña electoral arrolladora, como nunca se había visto en Irlanda. Pronunciaba media docena de discursos por día y recorría con su coche los distritos electorales. Los altoparlantes aullaban: “Vote Unidad, Vote Justicia, Vote Devlin”.
Poco después entró a la Cámara de los Comunes la mujer más joven que jamás lo haya hecho en ese organismo: con su minifalda a rayas y provocando hasta celos entre sus componentes, comenzó a hablar con firmeza, con solidez, con juventud:
“Estoy burlando la no escrita tradición de esta casa, pero creo que la situación de mi gente merece el desprecio de tal tradición.” “Nunca hubo un inglés que entendiera a los irlandeses. Este debate llega demasiado tarde para el oprimido pueblo irlandés. No estamos hablando de una noche de vidrios rotos sino de cincuenta años de miseria."
Los laboristas aplaudían, el primer ministro no ocultaba su mal humor. Bernardette continuó: “No hay lugar para nosotros, los ordinarios paisanos, en la sociedad representada por los honorables caballeros de Londonderry”.
Este año abofeteó en plena cámara al ministro Reginald Maudling. El eco producido fue suficiente como para desencadenar una de las crisis internas más importantes de los últimos tiempos de Gran Bretaña.
Las anécdotas que hacen a la estructura de su personalidad son contradictorias. Mientras algunos editorialistas de Londres la acusan de falsa y partidaria de la violencia, Bernardette, durante una emboscada por parte de sus opositores, en medio de la violencia y el caos general, corría de un lado hacia otro implorando que no pelearan.
También es cierto que ella es la primera líder que representa realmente a todos los oprimidos de Irlanda del Norte, pero también lo es que últimamente tiene abandonada su labor parlamentaria: “Tengo mejores cosas que hacer, que perder el tiempo hablando a señores de edad que creen saber mejor que yo cuáles son los deseos del pueblo”. Y ella misma admite sus errores políticos: “Supongo que mi carrera política se ha venido abajo, pero no me importa. Que el mundo exterior diga lo que quiera de mí; yo sé que cumplo con mi deber".
Así, mientras inicialmente postulaba y ponía en práctica su filosofía de “poner la otra mejilla”, ahora, subida a las barricadas, esquivando los cachiporrazos de los paracaidistas, grita: “Quiero hombres y no chiquillos para luchar hasta el fin. Quiero que os llenéis los bolsillos de piedras y llevéis una bomba de gasolina en cada mano”.
De todos modos, pese a las contradicciones inevitables de su figura, lo importante y realmente trascendente de un caso así es por qué está donde está. Bernardette Devlin es el primer líder irlandés que cristaliza en su persona y en sus intenciones, todas las expectativas del pueblo de Irlanda del Norte. Bernardette es la primera que enfrenta al problema irlandés desde su mismo principio: ya no se trata del enfrentamiento entre protestantes y católicos, sino la preocupación de Bernardette es un problema de una mayor trascendencia histórica: Irlanda del Norte, como país colonizado por Inglaterra. No quiere ni la unión con el Sur ni mantenerse dependiente de Inglaterra, quiere la libertad para su país, quiere dejar de ser un satélite más de Gran Bretaña y convertir a Irlanda en un país “abierto para todo el mundo, más allá de sus religiones”.
Su actitud durante el viaje a Estados Unidos fue muy ciara: “Quieren que les hable de los británicos. Ya los conocen. Son modelos de democracia para el mundo y diablos de esclavitud para los irlandeses”. Su actitud frente a sí misma también es definida: “No soy Juana de Arco, no soy ninguna santa, ni siquiera una pecadora interesante”.
“Yo soy socialista, y mi socialismo está basado en la enseñanza de Cristo, que fue el primer socialista mucho antes de Marx. Cuando me tiran piedras realmente siento pena y quisiera ayudarlos. Y quizás todavía sea muy ingenua, pero tengo fe en la gente. Sí... Irlanda me preocupa poco, pero por los irlandeses daría mi vida. Pero ... ¿quiere saber dónde está la bandera inglesa? Recuerde el poema: “donde están la sangre y el botín...”
Revista Extra
03/1972
 
 

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