Mágicas Ruinas
crónicas del siglo pasado
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| CIENCIA NUEVA YORK Se viene el cometa En 1986 volverá el Halley con su leyenda maléfica y el recuerdo de suicidios y locura colectiva. Esta vez (es lo que indica la lógica) no habrá suicidios, ni raptos de locura, ni infaltables agoreros que se lancen a las calles gritando "se viene el fin del mundo ’. Tampoco estarán los que en mayo de 1910 contemplaron, con ojos desorbitados, a esa "bola de nieve sucia que siempre es presagio de desastres’’. Por el contrario, todo promete que esta suerte de ballotage del cometa Halley (en febrero de 1986, después de 76 años de ausencia de las playas terráqueas) estará teñida de la calma que los espectadores de principios de siglo no pudieron mantener. Con una excepción: los laboratorios y observatorios astronómicos de todo el mundo. Porque aunque todavía faltan casi cinco años para el esperado retomo, los hombres del telescopio están afilando las uñas, para ser cada uno, el primero en dar un grito casi tan inspirado como el de Rodrigo de Triana cuando el Halley se aproxime: prometen develar íntimos secretos sobre su origen y los comienzos del sistema solar. Desde 1977, todos los grandes telescopios del mundo —incluido el gigante de Monte Palomar, en California— enfocaron, en algún momento, la porción de cielo ubicada justo por encima de la estrella Procyon a la caza del escurridizo Halley. A pesar de que todavía está a 1.920 millones de kilómetros de la Tierra, uno de los ávidos telescopios podrá hacer centro en el cometa antes de que termine 1982. Para el invierno de 1985 la criatura cruzará el cinturón de asteroides entre Júpiter y Marte y aparecerá, en las fotos que tomen los científicos, como una pequeña bola difusa. En su camino hacia el Sol, el Halley pasará a 89,6 millones de kilómetros de la Tierra. Pero no hay que hacerse demasiadas ilusiones: "Para el hombre de la calle (a pesar de que podrá verlo con largavistas si el cielo está lo suficientemente oscuro) será la peor aparición en dos mil años”, dijo un investigador. Porque el 9 de febrero de 1986, en su momento de mayor aproximación al Sol (en el perihelio, que lo hará aparecer más brillante), el cometa será invisible para ojos y telescopios terrestres. Y en abril, cuando alcance el punto de mayor cercanía al planeta; se habrá alejado 160 millones de kilómetros del Sol. Eso sí: los ansiosos cazadores de cometas y otras yerbas del hemisferio sur serán los más favorecidos. Por ahora los científicos de la NASA se llevaron ya la primera decepción: el recorte del presupuesto impuesto por el presidente Reagan desbarató las intenciones de la agencia de mandar al espacio una nave para encontrarse con el cometa y recoger muestras. El primer intento correrá por cuenta de la Unión Soviética y Francia, cuyas naves, en un trabajo conjunto, interceptarán al Halley en su viaje hacia el Sol, en 1986, a una velocidad de 68,8 kilómetros por segundo. El Giotto, un vehículo espacial de la Agencia Espacial Europea que será lanzado en 1985 por el cohete francés Arianne, no les perderá pisada. Acercándose hasta 960 kilómetros del núcleo del cometa, el Giotto podrá fotografiar zonas del tamaño de una cancha de fútbol. Otros instrumentos tomarán muestras de moléculas extraídas directamente de la superficie del cometa. Los japoneses tampoco se quedaron atrás: ya están montando la misión Halley, para la que enviarán dos sondas al espacio. La primera despegará en enero de 1985 del Centro Espacial de Kagoshima y llevará instrumentos para estudiar el viento solar. La segunda (Planeta) se acercará hasta 9.600 kilómetros del cometa, en marzo de 1986, y fotografiará con luz ultravioleta la gran nube de hidrógeno que lo circunda. A pesar de no tener su propio proyecto, los norteamericanos no serán ajenos a tanto trajín: el equipo del Giotto, por ejemplo, incluye a 31 norteamericanos. y la NASA ya está patrocinando una Observación Internacional de Halley para recoger y coordinar todas las observaciones, profesionales y de aficionados, del ilustre visitante. Básicamente una bola de hielo errante, se cree que el núcleo de un cometa está formado por hielo, polvo y gases congelados y preservados desde la creación del sistema solar, miles de millones de años atrás. El núcleo está rodeado por el coma, capa de gases que se diluye y da origen a la cola, al aproximarse al Sol y sufrir los embates del viento solar. Los científicos piensan que estas criaturas estelares pueden ayudar a desentrañar el enigma del origen del Universo. Con sus cinco kilómetros de largo, en 1986 el Halley dirá. O Silvia Fesquet Estados Unidos: Alberto Oliva Revista Somos 4/12/1981 |
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