Mágicas Ruinas
crónicas del siglo pasado

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¿Qué hay detrás de Moon?
La secta del coreano Sun Myung Moon se estableció en la Argentina: religión, anticomunismo y un imperio.

En la sección No católicos de la Dirección de Cultos hay una carpeta muy consultada en las últimas semanas.
Tiene el número 1184 y no se ahorró el uso de un marcador verde para escribir Asociación del Espíritu Santo para la Unificación de la Cristiandad Mundial. Debajo, en letras más chicas, puede leerse el nombre simplificado: Iglesia para la Unificación. La carpeta está ajada, y las pocas carillas que tiene no aclaran mucho más. El culto se reconoció el 14 de abril pasado a pedido de Thomas Field, un norteamericano que dio una dirección de San Isidro y que dijo que los miembros de la Iglesia en Argentina son unos doscientos, cien de ellos activos.
La carpeta no dice que se trata de los moonies, como se llama a los seguidores de Sun Myung Moon, un coreano de 61 años que según fuentes confiables manejaría un imperio religioso-financiero con tres millones de adeptos y un giro de 100 millones de dólares. Su origen sería un pequeño movimiento que comenzó a principios de los años '50 en Corea del Sur y que luego se extendió por Japón, Estados Unidos, Europa Occidental y últimamente por Brasil y Uruguay.
Los negocios de la secta incluyen desde un restaurante en Wyoming hasta una empresa que exporta miel desde China a Japón. No es todo: Moon tiene propiedades en Nueva York, San Francisco y Los Angeles valuadas en 35 millones de dólares. En junio de 1976 pagó 5,6 millones de dólares por el Hotel New Yorker y también compró el ex Columbio University Club y 350 hectáreas en Terrytown. El reverendo Moon hizo además inversiones corporativas, y se sabe de su interés por los negocios de las artes marciales y de la navegación. También compró la mayoría del paquete accionario del Diplomat Bank, de Washington, que le permite dominar el directorio y dictar la política de créditos. Tampoco la pesca dejó de atraer a Moon, ya que la secta controla las actividades de treinta barcos que amarran en la bahía de Terrytown. El rosario de negocios se completa con dos diarios de Nueva York (The New World, 45 mil ejemplares, y su equivalente en español, Noticias del Mundo. 30 mil) y con sus fábricas de armas en Corea.
Moon, nacido de una familia presbiteriana en Corea del Norte, dice haber encontrado a Jesucristo en la cima de una montaña a los 16 años. Según él, fue allí donde recibió la primera de una serie de revelaciones divinas —de Cristo y de los Santos— sobre la naturaleza de su misión.
Los moonies tienen una edad promedio de 24 años. ¿Cómo se reclutan? Los que saben del asunto dicen que el reclutamiento es gradual, indirecto, y que a los seguidores en potencia se los aborda en conciertos de rock, universidades, en la calle y en las bibliotecas. Se elige a los tímidos, solitarios, y a los que parecen estar sufriendo.
En los centros de la Iglesia se practican retiros espirituales y sus horarios son rígidos. Dedican entre seis y ocho horas diarias a rezar los principios divinos. También hacen yoga, deportes, canto, meditación, oraciones y todo lo que sirva para quebrar las resistencias según la técnica psicológica behaviorista. "De ese modo —dijo el californiano Larry Parks, ex moonie— se induce a un estado de armonía que algunos lo consideran como un trance letárgico causado por el cansancio. De él sólo se sale por la desprogramación.
Sin embargo, el imperio espiritual de Moon, no el económico, comienza a mostrar grietas inquietantes. En Francia, Moon fue declarado persona no grata, y en Inglaterra y Alemania Occidental la resistencia a su doctrina es cada vez más fuerte. En Brasil cayó en desgracia después que Fantástico, un programa de televisión de alto rating, divulgó los testimonios de ex adeptas. Las jóvenes no anduvieron con vueltas y denunciaron que recibían un virtual lavado de cerebro. La policía investiga sus actividades, y uno de los cargos es que la secta empleaba a jóvenes para vender jabones y perfumes sin pagarles un centavo. A pesar de que los moonies se extendieron por Recife, Belo Horizonte y Porto Alegre, Itamaraty le negó dos veces la visa a Moon.
En Uruguay las cosas parecen marchar mucho mejor. Remontando una fuerte oposición, los moonies lograron editar un diario (Ultimas Noticias) y ahora se preparan para lanzarse de lleno a los negocios inmobiliarios y a la puesta en marcha de una radio y de un canal de televisión. También compraron un hotel que piensan elevar a la categoría de cinco estrellas a fuerza de inversiones. ¿El capital? Sin ningún misterio declararon que es de 51 millones de dólares. ¿Otro dato a tener en cuenta? Parte del ejército uruguayo desfiló el 1º de setiembre con armas fabricadas en Corea del Sur
Entre los vecinos de San Isidro no existe preocupación sino curiosidad por saber algo de lo que pasa en un chalet de dos plantas de Rivadavia al 200. “Vemos que entran y salen jóvenes blancos, negros y amarillos. Son fervientes anticomunistas. Cantan mucho, en español, y a veces uno de los veteranos les da instrucciones. Venden claveles y golosinas. Son buena gente y no molestan”, dijo a SOMOS la empleada de un negocio.
Una visita al chalet no aclaró mucho más sobre las actividades de la secta. SOMOS pasó a un amplio living antes de enterarse que el misionero Thomas Field no podría recibirlo por estar muy ocupado.
Enrique Medeot
(acerca del autor de la crónica ver: Murió Enrique Medeot, un periodista de raza)
SOMOS 30/10/81


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