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Perón-Balbín: Las consecuencias
Mientras la luz de una mañana otoñal entraba a raudales por las ventanas del gran salón del Centro Cultural General San Martín, Juan Perón inauguró el lunes 10, con un discurso pleno de significado diplomático, la Sexta Conferencia de Cancilleres de la Cuenca del Plata.
Ese mismo día, por la noche, María Estela Martínez de Perón habló a las amas de casa del país desde la sala Martín Coronado del Teatro Municipal, situada a pocos metros del escenario de la Sexta Conferencia. Sin duda, la alocución vicepresidencial reveló una importante decisión del gobierno en el campo económico. Pero la pública aparición de la vicepresidenta tuvo importancia política: por primera vez, María Estela Martínez fijó la posición del Poder Ejecutivo en tomo de cuestiones perfectamente actuales de la política interna nacional.
Es que, curiosamente, los signos exteriores de un nuevo juego de distancias se habían perfilado casi al mismo tiempo y en el mismo escenario. El presidente, atento a los trámites de la política exterior tendía a alejarse del campo de las maniobras cotidianas, buscando, paso tras paso, la zona superior de las decisiones.
Después de anunciar el "Modelo Argentino", y luego de su visita a Asunción del Paraguay, es evidente que Perón intenta dedicarse por entero al trazado de las grandes líneas de la política y la estrategia nacional, tanto en el ámbito externo como en el interno. Es lógico, entonces, que nuevas instancias intermedias crezcan en la franja de poder más cercana a las resoluciones domésticas y a las decisiones comunes del gobierno.
Si los hechos se interpretan de esa manera, no debe extrañar que ciertos deslizamientos hayan concluido en la reestructuración de los organismos de la Presidencia de la Nación, que dio lugar a la flamante Secretaría General de Gobierno y a la creación del Comité y la Secretaría de Seguridad, decidida el jueves 6.

LA FRANJA INTERMEDIA DEL PODER
La reunión de gabinete presidida por Perón en la mañana del pasado lunes 3, será recordada por los observadores políticos como el punto de partida de un nuevo proceso de distribución de los puestos de mando en el equipo gobernante. No sólo Perón dio a conocer en ella el "Modelo Argentino", sino que se consideró con amplitud en qué debía corregirse la atmósfera, el ámbito en que se ensayaría el lanzamiento del nuevo proyecto. De allí surgió, entonces, el decreto 1732, por el cual se creó el Comité y la Secretaría de Seguridad; un proyecto ya calculado. (Ver Panorama, Nº 364 y 365). Después de esa reunión, el coronel Vicente Damasco fue designado titular de la Secretaría General de Gobierno de la Presidencia.
De esa manera, el encargado directo de todo lo que atañe al "Modelo
Argentino”, siempre asesorado por el doctor Ángel Monti, pasó a ocupar un sector principal de la franja intermedia del poder, mientras el general Alberto Cáceres era designado en la Secretaría de Seguridad, no sin que el presidente conversara sobre el tema con los comandantes generales de las Fuerzas Armadas, el miércoles 5.
Para los pesquisas del acontecer castrense, tanto la designación de Damasco como la de Cáceres representaron dos claros avances de la "línea oficialista” del Ejército. Por otra parte, la integración del Comité de Seguridad por los titulares de Defensa, Interior y Justicia, y los tres comandantes generales, implicó para muchos la asunción parcial por las Fuerzas Armadas de las funciones de control del orden público, ya que el Comité dirigirá esas tareas a través de la Secretaría, de la que dependerá el Servicio de Informaciones —hasta ahora Secretaría, encomendado al general en retiro Alberto Morello— y el Servicio de Acción Psicológica, que se creará en el futuro inmediato.
La Secretaría de Seguridad tiene jurisdicción sobre la Policía Federal y las policías provinciales —"cuando las circunstancias así lo exigiesen"—, así como sobre las fuerzas de seguridad que, a pedido del secretario, el presidente determine. :
Quedó obviada, pues, una cuestión controvertida: mediante la participación de los tres comandantes en el más alto organismo nacional de seguridad, las Fuerzas Armadas retienen en su área a la Gendarmería Nacional y a la Prefectura Naval Marítima, aunque estos contingentes participen, llegado el caso, en la guerra contra la subversión.

LIMA, ASESOR DIRECTO
En una bienhumorada entrevista, el martes 4, el presidente ratificó su confianza en Vicente Solano Lima. Poco más tarde, el rector de la Universidad de Buenos Aires fue nombrado asesor político directo de Perón, cargo que desempeña después de su renuncia a la Secretaría General de la Presidencia, presentada el lunes 3.
La dimisión de Lima tuvo como causa esencial la reestructuración mencionada antes. Se sabe, ahora, que proseguirá al frente de la UNBA para dirigir el proceso normalizador de la casa de estudios, aunque distintos sectores del gobierno insisten en observar con inquietud que ese proceso no adquiere la velocidad que consideran necesaria. Es que también el tema universitario estuvo presente en
la reunión de gabinete del lunes 3, a la que Lima no asistió.
A pesar del alejamiento de Lima de la "franja intermedia del poder”, se pude asegurar que el ex vicepresidente sigue manteniendo un perfecto nivel de fluidez en su trato con el presidente. Si algo puede probar ese aserto, debe indicarse que fue Lima, precisamente, quien hizo llegar a Perón las inquietudes que Ricardo Balbín tenía sobre ciertos aspectos de la situación nacional, convirtiéndose así en el gestor de la invitación que el presidente formuló al caudillo radical para conversar en la Casa de Gobierno, el sábado 8 por la mañana.

HABLAN PERON Y BALBIN
Ese día, Balbín descendió solo de su automóvil en Balcarce 50. A solas, también, transcurrió la mayor parte de los 93 minutos que duró el diálogo con Perón. Balbín mismo remarcó esa circunstancia en sus declaraciones posteriores al periodismo. No en vano, entonces, algunos dirigentes de la UCR habían hecho circular, con la anticipación del caso, que el caudillo radical entendía que para conversar sobre ciertos temas se podía prescindir de los testigos.
A lo largo de las últimas semanas, dos cuestiones habían mellado la lisa superficie del diálogo que mantienen la UCR y el gobierno. Los radicales se opusieron a la esbozada intención oficial de estatizar los medios de televisión y señalaron los errores en que, a su juicio, había incurrido la conducción económica.
Aunque la atención de la opinión pública prefirió concentrarse más sobre la suerte de las emisoras de TV que sobre el significado de las críticas que formuló el diputado nacional Antonio Tróccoli al ministro José Gelbard, lo cierto es que el radicalismo apeló a su más agudo sentido del equilibrio político en el segundo de esos asuntos.
Ese estado de cosas se reflejó, entonces, en las declaraciones que Balbín formuló al periodismo después de conversar con Perón. Pero es muy posible que el caudillo radical haya profundizado en su diálogo con el presidente la faceta política del problema económico, ya que los máximos niveles de la UCR temen una embestida de distintos sectores que altere profundamente los rumbos generales, los grandes lineamientos de la actual conducción, con los que están de acuerdo.
Por fin, si algo puede aclarar estas cuestiones, debe indicarse que pocos días atrás, cuando sectores peronistas señalaron a los hombres del equipo económico de la UCR que una crítica ensañada por parte de la oposición “podía precipitar ciertas definiciones”, los dirigentes de la oposición se apresuraron a señalar que no buscaban el relevo de nadie y cuidaron luego meticulosamente la dirección y el peso de sus afirmaciones.
No obstante, en el propio partido oficialista los rumores sobre cambios en el gabinete continuaron; a tal punto, que hubo interés en indagar, por ejemplo, si el presidente había hablado con Balbín de esa eventualidad. Pero, el lunes 10, el caudillo radica] no circuló por Buenos Aires. Por varios compromisos, ni siquiera pudo sentarse en el sitio que tuvo asignado al lado del secretario general del Partido Justicialista, Jorge Camus, en la sesión inaugural de la Sexta Conferencia de Cancilleres de la Cuenca del Plata, que quedó vacío.

LA SEXTA CONFERENCIA
Cuarenta y ocho horas después de dialogar con Balbín sobre la marcha del proceso político interno, Perón propulsó frente a los cancilleres de Bolivia, Brasil, Paraguay y Uruguay —las cuatro naciones que componen con la Argentina la Cuenca del Plata— la más amplia idea sobre integración regional que el país ha desarrollado hasta el momento.
El presidente afirmó que no cree que la suma de las relaciones bilaterales entre las naciones de la Cuenca "pueda ser el marco adecuado en que deban desarrollarse las relaciones económicas, sociales y culturales del área”. Para Perón, "esas relaciones políticas, económicas y culturales deben coordinarse en función de los intereses de los cinco países, en su conjunto y no como el resultado de los acuerdos bilaterales”. "'Debemos poner énfasis —'sintetizó el presidente— en los aspectos no-económicos de la integración”.
Sin rechazar en absoluto la postura argentina, los cancilleres de Paraguay y Uruguay ratificaron la validez e importancia de los acuerdos bilaterales. Antonio Azeredo da Silveira, ministro del Brasil, no se refirió al tema, abogando más bien por la agilización comercial en la zona, y asegurando que "el desarrollo no es una tarea solitaria”.
Suaves brisas de acuerdo corrían para algunos en la Sexta Conferencia. Se murmuró, por ejemplo, que el canciller de ‘Brasil no tardaría en hacer llegar a Perón una invitación personal del presidente Ernesto Geise‘1. Entre tanto, los círculos diplomáticos trataban de discernir cuál sería la posición de las otras naciones de la Cuenca en caso de prosperar un entendimiento entre Brasil y la Argentina.

AL RITMO DE UNA OFENSIVA
Mientras esto sucedía en la política exterior, el titular de Economía se entrevistó, el martes 11, con los dirigentes de las federaciones agrarias para tratar los problemas del área. Gelbard, que había sostenido conversaciones con los directivos de la CGT el día anterior, preparaba al mismo tiempo su presentación ante el Senado del miércoles 12. A la vez, anunció oficialmente que Perón hablaría sobre el desabastecimiento ese mismo día.
El gobierno entablaba un combate frontal para rescatar una confianza batida por profecías sobre la declinante suerte del Pacto Social y críticas a muchos aspectos de la conducción económica. El discurso de Isabel de Perón había marcado el primer punto de esa resistencia. ♦
PANORAMA, JUNIO 13, 1974
peron balbin

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