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CARLOS BIANCHI
DE CANILLITA A CAMPEON
Con espíritu amateur, el joven delantero de Vélez Sarsfield confiesa
su devoción por el fútbol ofensivo, revela una arraigada idolatría por
Amadeo Carrizo y analiza, a su modo, álgidos problemas políticos y
morales. Diez años fueron suficientes para que el canillita vocacional
se convirtiera en uno de los futbolistas más cotizados del presente
Con diabólica velocidad sorteó a tres jugadores, y con un formidable
remate batió a su propio arquero, Jorge Marín. Sus compañeros de Vélez
Sarsfield vocearon el gol hasta que el DT golpeó sus palmas llamando a
retirada: “Por hoy está bien, muchachos”. Así, el goleador y sus
camaradas abandonaron el campo de juego de Liniers, donde se entrenan
diariamente entre las 9 y las 11. larguilíneo y huesudo, Carlos
Bianchi (21), que de él se trata, se confundió con sus compañeros bajo
la ducha; ninguno de sus gestos hizo suponer que la persona a quien
aguardaba SIETE DIAS era una de las estrellas indiscutibles del fútbol
argentino: goleador de la temporada de 1970, con 20 tantos en su
haber, se propone “duplicar esa cantidad en el corriente año", según
vaticinó a SIETE DIAS sin la menor petulancia.
Con las condiciones necesarias para convertirse en ídolo popular a
breve plazo, Bianchi exhibe un ácido sentido del humor: “Cada vez que
alguien me hace una nota, pone que yo, de pibe, era un pobre
canillita: la verdad es que lo fui, pero no porque me estuviera
muriendo de hambre, sino porque me gustaba treparme a los colectivos y
andar entre la gente con los diarios bajo el brazo”. Hijo de un
vendedor de revistas de sólida posición económica, C.B. rechaza
cualquier lacrimógena leyenda acerca de una “inexistente infancia
desvalida". Sin embargo, admite que su experiencia de canillita
vocacional fue muy instructiva "porque me sirvió para conocer a la
gente".
—¿Siempre fuiste de Vélez?
—No, al principio, de muy chiquito, era hincha de River. Pero hace
como diez años que Juego aquí, en Vélez, y al final uno termina
queriendo los colores.
Bianchi dialoga con SIETE DIAS junto a los vestuarios de El Fortín,
sentado sobre una mesa: detrás hay un armario repleto de pelotas y
botines reglamentarios. Un ligero tumulto le hace volver la cara hacia
una habitación, donde un anciano bromea con algunos jugadores. “Es don
Ramón, el utilero —explica—; hace como cincuenta años que está aquí.
El hijo también es utilero; qué cosa, ¿no?". El Jugador respira un
curioso aire amateur; tal vez sus recién cumplidos 21 años, su falta
de poses, su frescura, otorguen a sus palabras un vago clima Informal,
de pibe de potrero. Sorpresivamente, retoma la pregunta inicial,
informando que es hincha de Vélez “desde hace por lo menos 10 años;
aquí me fui formando, desde las divisiones inferiores". Es probable
que Bianchi sea uno de los pocos profesionales que aún pueden fugar al
fútbol, a pesar de las angustiosas trabas que les imponen los sistemas
vigentes. De nivel internacional (integró varias veces la selección
argentina), C.B., quien a los 18 años debutó en primera división,
detenta una eficacia inusual.
—Muchos me dicen que no siga jugando así, porque me van a golpear
mucho. Yo, sin embargo, voy a continuar brindándome entero.
—¿Por qué, en el fútbol argentino, existen tantos equipos que
sostienen esquemas predominantemente defensivos?
—Es que muchos cuadros no tienen Jugadores como para salir a ganar y
eligen lo más seguro. Yo no creo en ese método: a la larga, el que
ataca, gana. Somos 11 contra 11 y no hay que tenerle miedo a nadie.
Jugar mucha gente atrás no sirve para nada y ahí están los resultados
de todos los domingos que no me dejan mentir. Hay que hacer goles,
perseverar y tenerse fe.
—¿Aunque algunos salgan a jugar golpeando al rival?
—Bueno, eso termina por acobardar al adversario y muchos se achican.
Pero ése no es mi caso; al menos, por ahora.
Cierta vez, en Montevideo, un jugador uruguayo trató de intimidarlo,
susurrándole en plena cancha: "Si me pasás, te destrozo". Es el propio
Bianchi quien revela el episodio, acotando: “Cada cual juega con sus
armas y posibilidades. Esas cosas no me acobardan; simplemente, me dan
pena".
—¿Cuál es el gol que más recordás?
—¡Huy, no me hable de eso! —sonríe, tomándose la cabeza—. Mire, si hay
alguien a quien admiro e idolatro, ese tipo es el Gran Amadeo Carrizo,
todo con mayúscula. Fíjese que no recuerdo a quién le hice el primer
gol, pero no puedo olvidar la tarde que le anoté uno al maestro.
Recuerdo que estaba loco de contento por la conquista, pero amargado
al ver la cara de pena de Amadeo.
—¿Sos amigo de Carrizo?
—Más o menos. El viene de vez en cuando a Vélez y se entrena con
nosotros. Parece mentira, pero todavía sigue haciendo cosas increíbles
en el arco. ¡Qué tipo! Es el último y, quizás, el único gran ídolo del
fútbol argentino. Mire, si yo tuviera guita, pero mucha guita, me lo
compraría y lo llevaría al patio de mi casa para que juegue y me dé
cátedra.
—¿Qué otros jugadores te gustan?
—Meléndez y Perfumo, atrás. Al arco: Marín, Carnevale y Santoro;
Adorno, Telch, Onis y Oberti arriba. Esos son algunos de los que me
gustan más. Pero no hay comparación con Amadeo.
—¿No crees que la profesionalización conspira contra el fútbol?
—De ninguna manera. ¿Acaso a los artistas no les pagan por hacer lo
que saben? ¿Acaso alguien protesta por eso? La gente se cree que
ganamos mucho pero hay muy pocos jugadores que realmente perciben
grandes sueldos. Además, la nuestra es una vida muy sacrificada.
—¿Tanto como la del obrero, que tiene dos trabajos y no le alcanza el
dinero?
—No, claro. Pero también hay que pensar que nosotros tenemos un cuarto
de hora y, luego, se acabó.
NADA DE POLITICA
Con su aire adolescente, Bianchi aborda casi todos los temas, menos
uno: “Soy apolítico —confiesa—. Pero hay gente entendida en esas cosas
que se ocupa por mí. Si el país se viniera abajo, bueno, trataría de
hacer fuerza; pero como problemas de ese tipo creo que no hay, no me
preocupo.
—¿No crees que hay una crisis política en el país? Todo el mundo lo
dice. Hasta el presidente lo reconoce.
—No, no ... Vea, yo de política, nada...
—¿Y de moral? Por ejemplo, ¿qué opinás de esas experiencias sexuales
que viven juntamente dos matrimonios, como en el caso de la película
Bob & Ted & Carol & Alice?
—Ah, sí, algo me contaron. No, vea, al latino no le gusta eso. No
puede haber tanta libertad hasta ese extremo. En los Estados Unidos, a
lo mejor, sí, porque ése es un país más adelantado. Pero acá, no. Cada
uno sigue la educación de su casa. En la mía nunca hubo esos
problemas. Tampoco se habló de política. En todo caso, me animaría a
decir que esta revolución puede sacar las cosas a flote. Lo importante
es que la juventud se interiorice de los problemas que vive el país.
—Y vos, ¿no sos joven?
—Bueno .... quiero decir que los jóvenes tenemos que escuchar a los
más viejos: ellos dicen que antes se vivía mejor, que con un sueldo
alcanzaba y que ahora hacen falta tres. Si lo afirman tantos, no creo
que mientan. Yo no viví entonces como para comparar antes y ahora. Lo
que sí puedo decir es que como se come en este país no se come en
ninguna parte.
—Algunos opinan que no todos pueden comer. ¿Qué te parece?
—Puede ser, pero no hay tanta miseria como en otros países.
Bianchi reside actualmente en el partido bonaerense de San Martín, a
pocas cuadras de la cancha de Chacarita; el barrio dejará recuerdos en
su vida. Por lo pronto, allí conoció a su novia —Margarita María
Pilla—, y allí vive su “mejor amigo", quien, por otra parte, es
hermano de Margarita María y, seguramente, su futuro cuñado, ya que
Bianchi planea casarse para dentro de muy poco. Su mayor ambición
consiste en "comprar una gran casa, donde habite toda la familia":
padres, hermanos, futura esposa y, por supuesto, una gran prole que
será bien venida. Mientras tanto, proyecta “jugar este año con todo,
para superar esos 40 goles que me fijé como meta". Su otro
“compinche", el Mochila Jorge Debenedetti (quien el año pasado jugó
tres partidos en la primera velezana) ratifica fervoroso su aserto:
“Carlitos es mundial. Si él lo dice, fija, fija, que se le da".
Fotos: ANTONIO CAPRIA
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