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Los chicos-tenis
Viajan, ganan dólares y son estrellas.
En 1977, cuando la Argentina eliminaba a los Estados Unidos de la
legendaria Copa Davis en el Buenos Aires Lawn Tennis, basándose en la
temporada de mayor esplendor de Guillermo Vilas, Bud Collins —un
norteamericano tan extravagante como genial en el momento de escribir,
considerado como uno de los más importantes críticos de tenis del
mundo— siguió el hilo de la siguiente reflexión: “Esos chicos que
entraron como poseídos a la cancha para buscar el trofeo de una
vincha, harán del tenis argentino uno de los más fuertes del mundo en
sólo una década.’’ El hombre, acostumbrado a estos fenómenos, había
visto la perspectiva futura con claridad. Con tal claridad, que dos de
esos chiquilines que buscaban quedarse con la mítica vincha eran
Horacio De la Peña y Martín Jaite. Los demás son aquellos que
engrosaron la ancha base de la pirámide que hoy sustenta al tenis
argentino. Recreativo y de competición.
Allí, en el ídolo, está el comienzo de esto que hoy asombra. ¿Cuántos
jugadores argentinos están compitiendo en el circuito internacional?
La cifra exacta puede parecer desmedida: 54. Claro, usted jamás había
escuchado nombrar a Guillermo Rivas, por caso. Ese mismo que vio
aparecer en los diarios hace dos semanas ganando el Memorial Parioli,
en Italia, un torneo de Grand Prix. Tampoco a los Ingaramo, Yunis,
Garetto, Miniussi, o infinidad de ellos. Eso dentro de los
profesionales. Porque sí está ya más acostumbrado a leer de Tarabini,
Pérez Roldán o Davín entre los juveniles. Bien, es cierto: todos ellos
están en el nivel internacional y hay dos explicaciones para el
fenómeno.
La primera es la de mayor basamento y rigor para el análisis. Proviene
de aquella reflexión de Bud Collins. El fenómeno Guillermo Vilas
produjo primero un gran sentimiento de emulación. Correcto. Es por
ello que la generación siguiente (digamos Clerc, Madruga o Ganzábal)
intensificó su competencia, recibió tecnología de alto nivel andando
por los courts del mundo y creó una mentalidad profesional muy
distinta a la que se tenía.
Pero el verdadero movimiento se producía detrás. En quienes en 1974
(aparición de Vilas) tenían 5 o 6 años, y al influjo del marplatense
dejaban los campos de fútbol o las canchas de básquet para entrar a
los courts. Son quienes hoy. con 18 o 19 años, están apareciendo en el
circuito y en los rankings, creando una base de jugadores
profesionales de buen nivel. Una oleada más atrás llega otra
generación aún más preparada. ¿Porqué? Sencillo. Desde la categoría
menores que salen al exterior. Quienes los guían adquieren, a su vez,
más y mejores técnicas y métodos de aplicación de las mismas. Eso va
haciendo que cualquier tenista argentino que siga este proceso esté
perfectamente capacitado para medirse con el núcleo central (del 150
al 250 del mundo, pensando que la computadora de la ATP clasifica a
700 jugadores) de quienes están en la dura lucha del tenis
profesional. ¿Otro dato? El 75 por ciento de esos nombres que aparecen
son del interior del país. Indicador de que la apertura llegó hasta
las mismas raíces.
Segundo paso de la explicación mucho más sencilla y real: al tenista
profesional le ocurre lo mismo que a cualquier otro profesional
argentino. Es decir, aquí no hay posibilidades económicas. Esto es lo
que les sucede: ‘ 'Si me quedo estoy condicionado a pasarme diez horas
por día dentro de la cancha, tirándole pelotas a señoras gordas que
quieren aprender. No hay competencias para poder ganarme la vida.
Afuera, jugando torneos chicos o de fin de semana en Francia o España,
sacamos buena plata y venimos con verdes (dólares) que acá pesan.’’
Entonces, a sacar un pasaje a crédito y a jugar en Europa. ¿Es
negocio? Sí. Cualquiera de ellos puede traerse limpios 5.000 o 6.000
dólares listos para invertir y quedarse aquí los meses de verano dando
clases o jugando los pocos torneos que tenemos. Esas son las razones.
Y pronto esta tercera ola encontrará sus picos, la cima de la pirámide
que ha ido creando el tenis. Una ya se confirmó en Sabatini, y las
otras estarán entre Davín o los Pérez Roldán. Y detrás de ellos el
ciclo volverá a repetirse. La base de la pirámide es ya demasiado
ancha para que se tambalee.
Luis Hernández
(Secretario de Redacción de EL GRAFICO)
Revista Somos
24.05.1985
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