|
En primera fila
El cine le da vitaminas a la anémica tevé.
La primera película que se proyectó en la televisión argentina fue un
thriller de dibujos animados de 1935, titulado ¿Quién mató al
petirrojo? Duraba 8 minutos y aparecía en las programaciones de ensayo
en los días previos a la inauguración del servicio. Corría 1952 y las
relaciones del cine y la televisión eran tensas: se pensaba que la
Tevé había venido para desplazar al cine, y los exhibidores de
entonces miraban las pantallas lechosas de los viejos Capeharth con un
lógico recelo. Por otra parte, apenas comenzadas las emisiones, las
películas pasaron a ser comodines que servían para llenar espacios, y
era creencia general que cuanto mayor fuera el número de películas que
proyectaba un canal peor era su situación económica. "Salvo honrosas
excepciones —recuerda el crítico Miguel Couselo, conductor de Lo mejor
del cine nacional—, las programaciones no estaban en manos de gente
especializada."
Las películas se compraban por paquetes, es decir que, para obtener
cinco buenos títulos había que comprar otros diez francamente malos.”
Pero en los años transcurridos desde el bautismo de la Tevé las cosas
han cambiado algo. "Los teóricos han llegado a la conclusión de que la
televisión es un verdadero agente de propaganda —reflexiona Salvador
Sammaritano, creador de Cine Club (ATC)— en la tarea de acercar el
público al cine y al teatro. En el cine mismo ha aparecido un
subgrupo, los telefilmes, que hasta llegan a exhibirse en los
circuitos cinematográficos habituales. Pero una de las extravagancias
del momento actual es que los programas de cine puntean el rating y
pueden convocar mayorías”. La película de la semana (Canal 9), Lo
mejor del cine nacional (Canal 11) y la entretenida Función Privada
(ATC) computan alrededor de 18 puntos de rating, pisándole los talones
a Las mil y una de Sapag (Canal 9). Sin embargo, todos estos programas
tienen algo en común: comenzaron casi sin presupuesto, fueron
desarrollados por conocedores entusiastas y con la firme creencia de
que la calidad es un buen negocio.
Salvador Sammaritano tiene un experiencia de más de 30 años en el
cineclubismo y es asesor de Manuel Antín en el Instituto de
Cinematografía. La idea de su programa surgió de una conversación con
Carlos Gorostiza, pero como no había dinero hubo que recurrir al
material que tenían las embajadas para conseguir algo de calidad. Las
presentaciones de las películas son muy breves y, generalmente, se
reducen a la proyección de un fragmento donde el director presenta su
obra. Cuando se estrenó Yo acuso, apareció el propio Abel Gance, unos
días antes de morir, en la isla de Córcega, donde filmó los exteriores
de Napoleón. Otra originalidad es que algunos de los films no han sido
estrenados en el país, como en el caso de Toni, de Jean Renoir (1935)
y El silencio del mar, de Jean Pierre Melville (1948). La mayoría de
estas cintas tienen títulos en castellano, y esto ha provocado una
respuesta masiva de un sector de público impensado: los sordos, que
pueden seguir el film sin inconvenientes.
Función Privada se debe a los desvelos de Rómulo Berrutti y Carlos
Morelli, que se conocieron hace 14 años por un amor común: el cine.
Una de las características del programa es que sus seguidores no lo
miran por el título que se exhibe, sino por el programa en sí: "Se
supone —explica Morelli— que siempre hay algo de interés. Ya sea el
título principal, los cortos o alguna de nuestras extravagancias: los
noticiosos nostálgicos o la serie Flash Gordon conquista el universo,
realizada en 1934”. Originariamente el espacio iba a las 24, pero la
intuición de Miguel Angel Merellano lo llevó a su horario actual, los
sábados a las 22, una hora pico. "Grabamos a las 8 de la mañana del
sábado —cuentan los conductores—, y las bebidas que simulamos consumir
son como las de las cabareteras de antaño, té o agua coloreada. La
idea es crear una corriente de intimidad con el espectador que
suponemos en pijama, en su hogar, con un whisky. Y que aunque nosotros
estemos vestidos, él sienta afecto e informalidad”. Paralelamente,
Morelli presenta La película sorpresa, un divertimento que va los
domingos a las 18 por ATC. La idea original fue traída por el
periodista del festival de Cannes, donde se hace La première sorpresa.
A lo largo de la semana se van dejando deslizar pequeñas pistas para
orientar al buscador. El juego culmina con la proyección de un film de
nivel que justifica las expectativas, aunque no se haya acertado.
El cine fue uno de los atractivos que produjeron la rápida aceptación
de las emisoras de video cable. Entre las ofertas figuraba la
posibilidad de ver éxitos que incluso no habían bajado de cartel como
El árbol de los suecos o El cartero llamó dos veces.
Según Berrutti, la reposición de una película por televisión puede
cambiar su suerte: "Películas que en su momento no despertaron interés
logran un altísimo rating al ser nuevamente exhibidas''. En Función
Privada se proyectó Señora de nadie, de María Luisa Bemberg, que venía
de ser película de relleno junto a Camila, la aspirante al Oscar. Se
pensó que nadie vería el programa; sin embargo, las estadísticas
demostraron que el rating había subido 5 puntos. Un éxito.
Otra emisión que convoca público es indudablemente La noche del cine
español (Canal 11), conducido por el crítico Héctor Grossi y con 10,5
puntos de rating. Aunque este éxito, según algunos observadores,
desnuda un malentendido. La fidelidad del público argentino para las
producciones españolas no sería correspondida por los responsables de
los medios peninsulares, que no respetan los convenios de intercambio
y no proyectan cine nacional con la misma frecuencia.
Pero si bien el panorama actual es halagüeño y sus difusores comienzan
a recoger frutos después de años de lucha dura, "es necesario —opina
Sammaritano— que haya una comunicación entre los canales y el
Instituto de Cinematografía, responsable de la producción fílmica
nacional. Esto no quiere decir que el Instituto imponga su voluntad.
Significa reconocerse y entender que tenemos intereses en común.
Luis A. Aubele
Somos, 7/6/1985
|