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Un pelotazo a favor
Calabró: rating, estilo, gustos y opiniones serias de un gran clown
criollo.
Juan Carlos Calabró (50) vende Cocucha efervescente, vende El Contra,
vende Aníbal, vende humor-para-toda-la familia. Sapag y él se sacan
chispas por el segundo puesto del rating después de Brigada A, el
programa más visto de la tevé local. Y Calabró, que generalmente es
menos que la suma de sus personajes, hoy tiene ganas de opinar como
ellos: con sencilla eficacia, con honesta fruicción.
-¿Alguna vez lo censuraron?
—Una sola vez. Fue en Canal 11. Íbamos a grabar una imitación de
Mirtha Legrand y nos avisaron que el sketch no podía ir. Nunca supe
por qué.
-¿Por qué no apela a cierto destape, como otros cómicos?
—No necesitamos desnudar chicas para que la gente nos vea.
-¿Pretende transmitir algún tipo de mensaje con Calabromas?
—No. Es netamente un programa de entretenimiento.
-¿Por qué jamás apela al chiste político, Calabró?
—No es nuestra especialidad. Será por eso que no disfruto tanto de
Tato Bores. No estoy muy compenetrado con la política, aunque estoy
siguiendo atentamente los juicios a los ex comandantes. Mis personajes
siempre se caracterizaron por los rasgos del porteño: Aníbal ahora, El
Contra en su época. Si hablo de billar o de fútbol es porque los
juego.
—¿Aníbal es un grasa?
—No. Es un tipo como hay tantos en las barras, que se creen ganadores,
que se las saben todas y, pobres, al final se las pierden todas.
-¿Hay personajes que no le gustó interpretar?
—Sí. El que tocaba la cometita en Los Chiquibún, por ejemplo. No me
sentía bien y lo eliminé.
-¿Y qué me dice del sketch de la Cocucha efervescente?
—Es distinto. Ahí soy un disc-jockey extravertido y divertido.
-¿Por qué los juguetes en los títulos y al comienzo de cada bloque?
—El juguete es como las papas fritas y la coca: les gusta a todos. Es
la ley de
Calabromas, además: tiene que gustarle también a los chicos.
-¿Qué le parece el show de Carlos Perciavalle?
—Busca la parte televisiva con el vestuario, pero el resto es radial.
Lo respeto profesionalmente, pero un tipo monologando es radio, no
televisión.
-¿Qué diferencia hay entre Calabromas y Las mil y una de Sapag?
—Ahí el protagonista es él. En mi programa, el que debe lucir es el
muñeco, el personaje que componga
-¿Le gusta lo que hace Woody Allen?
—No. No me hace reír. Para mí exagera, sobreactúa.
-¿Y Mel Brooks?
—No, no. Me gusta el humor que está en el borde pero que no se pasa al
otro lado. Con El Contra yo podría haber llegado a la exageración de
confundir a Piazzolla con El Soldado Chamamé, pero no me gusta entrar
en ésa. Si hago un curda, no me tiro al suelo ni me ando babeando: lo
hago curda de dos botellas, no de diez. Me cuido.
-¿Qué opina de Benny Hill?
—Es un talento, pero no puedo establecer comparaciones con lo mío.
Cuenta con elementos técnicos que no tenemos. Lo de Hill es celuloide
porque él hace cine en televisión, y lo mío es televisión.
-¿Cómo evalúa el desenvolvimiento de la tevé argentina actual?
—La gente se inclina más por el entretenimiento que por la cultura.
Por algo será. El público está enfermo.
-¿Enfermo. . . de qué?
—No sé. Será de tantos años de no haber visto una mujer desnuda en la
pantalla. Por algo triunfan esos bodrios de sexo y violencia gratuita.
-¿Lo afectaron esos años?
—Me afectan ahora, que me han sacado la venda de los ojos. Antes no me
afectaban por ignorancia, mientras yo hacía reír y mucha gente
lloraba. . .
-¿Le interesa una tevé estatal o una tevé privada?
—Yo creo que todas las empresas deberían ser privadas: ferrocarriles,
gas, teléfonos, luz, aerolíneas y canales de tevé.
R.G.L.
Entrevista: Walter Sequeira
-recuadro en la crónica-
Aníbal y el dios rating
Los adoradores del rating. ese áureo becerro que —mal o bien—
determina el valor de un producto en el mercado televisivo, saben lo
que significa permanecer en las orillas de los 20 puntos: éxito,
continuidad, publicidad, plata, alegría. Y si en 1978 La vida en
Calabromas tuvo un promedio de 10 puntos con picos de más de 15, tanto
como Calabromas en 1979 —las dos veces por Canal 11y tomando como base
el período julio-setiembre—,1980 y ATC aparejaron una largada de 7.12
en abril, un pico de 25.1 en agosto y una meseta de 21.6 en setiembre.
El 21 de setiembre de 1984 hubo un superpico de 34 puntos. 1985 viene
así: febrero-marzo con 8 puntos, abril con 18.2 y mayo con 20.9. según
las cifras de IPSA y Mercados y Tendencias.
Ergo, Juan Carlos Calabró y sus muñecos son un negocio redondo.
Un negocio que admite a Aníbal, un pelotazo en contra, como su figura
patronímica actual. Un negocio que es sinónimo de la atracción que el
tal Aníbal ejerce sobre la teleaudiencia, y que está hecho de
muletillas hilarantes que todos recuerdan: ser lenteja (lento), pasear
con el Topolino (auto), hablar con las Pirulas del barrio (las chicas)
o con los Pichis (chicos), ser un gil de estopa (tonto), amenazar con
El Babero (personaje que se lleva a los bobos) o decirle a una Pirula:
“Tu ruta es mi ruta" (Aníbal jura que con esa frase “caen muerrrtas").
Otros adjetivos anibalescos son: alquitranado, pava a gasoil y mamerto
granulado. ¿Qué tal?
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