Mágicas Ruinas
crónicas del siglo pasado

lecherías

Te espero en la lechería
La leyenda de la antigua Martona resucita con fuerza y ondas nuevas.

Después de algunos lustros de engullir al paso hamburguesas, salchichas, papas fritas y metros de pizza, los porteños han redescubierto una costumbre que hizo época cuando llevaban pantalón corto y destrozaban los Gomycuer en el patio del colegio. ¿Quién no recuerda con cierta nostalgia aquellas lecherías, tan blancas y limpias que parecían hospitales, con sus paredes azulejadas y sus enormes barras de mármol? Solamente de La Martona había entre 1945 y 1950, 202 lecherías en todo el país, listas para regalar el placer de tomar allí un vaso de leche batida con vainillas, a la salida de clases en la Cultural Inglesa. O un paquete de bay biscuit con una cuajada ("El yogur es un invento moderno”, dicen los habitués de aquel entonces), algo así como el lunch ticket de los trabajadores de los años 50. O un vaso de cacao, o el chocolate con churros, a la salida de los cines. Cómo serían de famosos estos locales, que por aquel entonces los porteños acuñaron la frase: ‘‘Cinco por ocho cuarenta, te espero en la lechería” (el "nada que ver” de hoy en día).
Después, el tiempo hizo lo suyo. Y aunque aquellas míticas lecherías no desaparecieron totalmente de Buenos Aires (todavía queda La Giralda, en Corrientes y Talcahuano, y hay otras en Córdoba y Uruguay, en Arenales y Esmeralda, en Esmeralda y Lavalle, en Lavalle y Uruguay), nuevos hábitos casi terminaron con ellas. Fue cuando empezaron a despachar vino, cerveza, gaseosas y los infaltables sandwiches de milanesa. Después se pusieron de moda los copetines al paso, los grills y muchos otros lugares de reunión que fueron cambiando la manera de comer de los porteños.
Pero ahora hay un retomo a las fuentes. La moda salud (gimnasia, vida al aire libre y una tendencia general a alcanzar el equilibrio psicofísico) no puede dejar de lado, obviamente, el qué y el cómo se come. Ya son muchos los que buscan alimentos naturales, sin aditivos químicos, sin envases de cartón o celofán. Y es dentro de esta filosofía que vuelven a tener un lugar las lecherías. La que abrió hace cuatro años en Reconquista al 1000, y que se llama simplemente La Lechería, fue el primero de esta nueva serie de locales que, apelando a la nostalgia pero con elementos supermodernos. se han convertido en una excelente alternativa desde el punto de vista alimenticio y a estar por algunas cifras que se manejan, en un negocio redondo.
A La Lechería le siguió La Lecherísima, que se inauguró hace un año en Santa Fe y Rodríguez Peña. Sus dueños son los hermanos Jorge y Carlos Miller, asociados al gastrónomo de la Recoleta Rodolfo Said. Los Miller comentaron a SOMOS: “Nosotros tomamos la idea de la tradicional lechería de Esmeralda y Lavalle y pensamos en reconstruir aquella época a partir de dos elementos: identidad y permanencia”. La Lecherísima tiene el aval de La Serenísima. aunque únicamente desde el punto de vista de la marca. "Lo que no es poco, si se tiene en cuenta que se trata de la empresa número 14 en el país, cuya planta de leche en polvo es una de las cinco más importantes del mundo”, aseguran. Allí se puede tomar todo tipo de leches: con crema batida, chocolatada, merengada (que es leche con helado batido, crema y canela), yogures. cereales, sandwiches de baguette con jamón, lomito ahumado, huevos en todas sus preparaciones, panqueques, waffles y la especialidad del lugar: blintzes (crepes rellenos de ricotta, con crema y canela). Y por si todo esto fuera poco, tostadas francesas, tartas caseras, dulce de leche, flanes, helados. . . Por este local de avenida Santa Fe ha pasado en su primer año de funcionamiento un millón de personas, y las estadísticas indican que, por ejemplo, allí la gente consume mayor proporción de leche que de gaseosas. Las paredes son blancas, azulejadas del piso al techo, con abundancia de plantas y enormes mesadas de mármol de Carrara. En el segundo piso funciona un autoservicio que está siempre repleto, como la planta baja. Sus clientes —el público de los cines América y Grand Splendid, chicas de 15 a 30 años y señoras que no se perdonarían saltear la hora del té— no son los mismos que caminan por Corrientes. Allí La Lecherísima también abrió un local, al lado del cine Gran Rex. y atrae a empleados de bancos y oficinas, cobradores, comerciantes y noctámbulos irrecuperables. En las horas pico tampoco cabe un alfiler. “El éxito se basa en la comida, que es de excelente calidad, y el lugar es limpio y atractivo. Además los precios son un 30 por ciento más convenientes que en un bar común o en un restaurante", asegura un flamante empleado, y lo apoya con cifras: “Un vaso de leche.
un plato caliente (plato del día) y un postre compiten por el mismo precio (1.100 pesos) con una gaseosa, un sandwich y un cafecito, si alcanza" . Pero además de rica y variada, esta comida ¿es sana? SOMOS se lo preguntó al doctor Carlos Capdevila: "La dieta láctea es muy sana por su aporte proteico y porque provee la cuota de calcio que el organismo necesita, mediante la cual se evita la osteoporosis, que es la descalcificación de los huesos, frecuente en mujeres de más de 50 años y en personas de vida sedentaria. Pero también exige un control respecto de la cantidad de alimentos que se ingieren, porque por tratarse en general de productos muy ricos y tentadores. hacen aumentar de peso, y su alto contenido graso también puede incidir en el aumento del colesterol, sobre todo a partir de los 40 años. Por eso hay que decirle sí a la dieta láctea, pero con equilibrio”.
Carmen María Ramos
Producción: A. S. V.
Fotos: Julio Giustozzi

-recorte en la crónica-
En litros y kilos
Solamente en el local de La Lecherísima de Santa Fe y Rodríguez Peña se despachan en el mostrador 3.000 litros de leche por mes (100 por día). Se consumen además 2.100 kilos de dulce de leche (70 por día), incluyendo en este promedio lo que se necesita para la elaboración de tortas. También 12.000 yogures por mes (400 por día) y 15.000 medialunas (500 por día). Allí ingresa diariamente un promedio de 2.000 personas, cifra similar a la que acude al local que acaba de inaugurar la misma firma en Corrientes al 800. A La Lechería de Reconquista al 1000 van unas 800 personas por jomada y al antiguo local de Esmeralda entre Corrientes y Lavalle, recientemente remodelado, ingresan 1.000 personas por día. Si bien estas cifras pueden parecer escuálidas al lado de las 202 lecherías que solamente la firma La Martona tenía distribuidas en todo el país hacia mediados de la década del 40, una cosa es evidente: porque se come rico y a un precio razonable, por la novedad, por la calidad de lo que se ofrece, por la limpieza o por la nostalgia, el de las lecherías es un fenómeno que crece como bola de nieve.

Revista Somos 24.05.1985

 

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