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Seducción sin palabras
Para atrapar al varón
¿Cuáles son los gestos y actitudes que debe desplegar una mujer para
desatar súbitas pasiones en el hombre? El lenguaje corporal es, muchas
veces, más elocuente que la voz humana
¿Cómo puede una mujer emitir mensajes sin palabras que encandilen al
hombre? ¿Qué técnica especial existe para seducir en silencio? Al
parecer, un rosario de gestos, expresiones y movimientos sabiamente
dosificados, constituyen un arma mortífera según una reciente ciencia:
la cinésica. Apoyado en sus cultores, Julius Fast, un ensayista
norteamericano, editó, a principios de año, una suerte de recetario de
la conquista, El lenguaje del cuerpo, opúsculo que agotó en EE.UU.
seis ediciones en otros tantos meses. Semejante manual del flirteo no
sólo está dedicado a las mujeres sino también a los hombres; a ambos
los adentra en el secreto de la conquista sin palabras, desplegando
toda la gama de artilugios que actúan sobre el inconsciente de la
"presa” codiciada.
“Que el cuerpo habla no es ninguna novedad. Cualquier persona que
conozca el ABC del psicoanálisis sabe que la actitud de pasear .a
lengua humedeciendo los labios significa solicitar un beso desde el
inconsciente”, teorizó ante SIETE DIAS el psicólogo clínico Odman
Kaputs (33), apoltronado en el diván de su consultorio, en Cangallo al
1600 de la Capital. Claro que, para Kaputs, sistematizar todo ese
lenguaje inconsciente en un tratado que facilite las actividades
donjuanescas de ambos sexos no es tarea positiva: "Vivimos en una
sociedad de consumo que nos aliena, y me parece deshonesto enseñarles
a hombres y mujeres técnicas que les permitan consumirse entre sí como
si fueran automóviles".
¿QUE ME DICE ESA MUJER?
Cuando una mujer pone en actividad sus brazos, piernas, tronco y
rostro ante un hombre, le trasmite, sin necesidad de hablar, una
variada gama de proposiciones, algunas positivas y otras negativas.
Así, para los psicólogos entrevistados, los brazos cruzados sobre el
pecho dan a entender una actitud defensiva que traducida en palabras
puede significar un “No me interesa lo que usted dice”, o bien “Soy
una frustrada”. Sentarse con las piernas abiertas es síntoma de
invitación al romance; una propuesta similar se indica con una leve
caricia sobre el seno. Los constantes cruces de piernas señalan un
negarse y ofrecerse. "Es como si con ellos la mujer dijera soy tuya y
no lo soy”, advirtió el psicoanalista Roberto Fariña (32, dos hijos).
Alejada quizá de esas proposiciones del inconsciente femenino, la
profesora de educación física y expresión corporal Mabel Diana (27)
observa, sin embargo, un curioso fenómeno que ha cobrado incremento en
los últimos años: el arribo masivo de mujeres —y hombres en menor
escala— a las cada vez más numerosas academias de expresión corporal.
"Desde el año pasado —contabiliza la Diana—, el desfile de mujeres por
mi academia se triplicó. Todas llegan con la idea de que la seducción
se ejerce con buenos movimientos.” Esa concientización del idioma del
cuerpo tiene mucho que ver —según la profesora— con la escalada
femenina. "Las mujeres antiguas limitaban la expresión de sus cuerpos,
no sabían el arma que tenían.”
Magister de una de esas academias especializadas en enseñarle a la
mujer cómo debe comunicarse con el cuerpo, el veterano actor Santiago
Gómez Cou dialogó con SIETE DIAS encaramado en el estrado que le
confió el Centro Integral Artístico, erigido en Entre Ríos al 600 de
la Capital. Rodeado por casi 30 alumnas cuyas edades oscilan entre los
15 y los 45 años, S.G.C. aseveró que ninguna de ellas concurría a su
aula movida por el interés de obtener trabajo como actriz al finalizar
el curso. "Aquí vienen por el solo hecho de aprender a manejar el
cuerpo. Para que se expresen bien con él, yo les hago recitar los
poemas de Juana de Ibarbourou, que deben ser acompañados con
movimientos de los brazos”, develó Gómez Cou. Esas prácticas se
complementan con otros consejos del educador: "Para que aprendan a
agradar les propongo que cuando sean invitadas a un cóctel en una
mansión privada, se paren al lado de un piano. Una mujer al lado de un
piano enamora”.
Si bien no todas las academias de expresión corporal recomiendan tan
victorianas prácticas, lo cierto es que, de todas ellas, las alumnas
egresan con renovados artificios para atrapar a los hombres que
ambicionan. “Las que vienen a la academia por primera vez no saben
pararse: sacan cola y panza afuera, no yerguen la cabeza en el cuello.
Al mes saben inclusive caminar sosteniendo el tronco en el rítmico
balanceo de las caderas”, se ufanó la profesora Diana. Esos logros no
parecen alegrar a la psicóloga Diana García (25), ayudante de
producción del programa televisivo El joven poder, que propala Canal
7. “A veces la actitud seductora devuelve a la mujer que ha actuado
corporalmente (con miradas y movimientos sugestivos) respuestas
inesperadas por parte del hombre. Es que éste suele requerirla
sexualmente y, como el planteo inconsciente de la mujer apuntaba sólo
a una revalorización de su ego herido, se produce el choque. Esto
demuestra que esa mujer no se hizo cargo de lo que había puesto en el
cuerpo.”
Allá por 1915 la sociedad de consumo comenzó a atosigar a la grey
masculina con sus productos seductores. Al sex-appeal de Theda Bara se
lo reemplazó cerca de 1922 con la flapper Clara Bow. Esa boca-corazón,
las sombrías ojeras, sus cejas en arco y la pollera corta fueron
desplazados en 1927 por el tono sensual de Mae West, quien perdió su
banca tras la posguerra a manos de las opulentas actrices portadoras
del glamour: Rita Hayworth, Jane Rusell, Lana Turner, Marilyn Monroe,
Silvana Mangano, Sofía Loren, Brigitte Bardot, Silvana Pampanini y
Gina Lollobrigida impusieron la contundencia de sus anatomías. Tras
ellas, el naturalismo sueco —cultor de un nudismo desembozado— obligó
a Hollywood a desempolvar sus baterías, que en 1964 impactaron con el
desenfadado y agresivo porte de Raquel Welch. Pertrechada con
abundante munición de lenguaje corpóreo, la diva no parece concitar la
atención de todas las femmes argentinas. “A mí no me termina de
convencer una mujer como ella, aunque no niego que su imagen pueda
atraer a los hombres. Personalmente, pienso que mejor es conquistar
con lo espiritual que con lo físico", entendió Ana María Contini (20),
Miss SIETE DIAS 1970, actualmente en ejercicio del modelazgo. Para la
plástica Marta Minujin (27, un hijo), todo ese bombardeo que el cine
descerrajó sobre el inconsciente masculino, esa variación del lenguaje
del cuerpo de la mujer, es motivo de humillación. “En una sociedad
burguesa acostumbrada a consumir hasta mujeres, era lógico que
triunfaran las que se cosificaban. Pero hoy la mujer no debe definirse
más con la palabra mujer, sino con la palabra ser. Por eso, tanto la
Welch, la Loren o la Bardot son figuras pasadas de moda. Actualmente
la idea perfecta de mujer la de Mike Jagger, porque reúne los dos
sexos en uno", aúna la Minujin.
Al margen de toda disquisición filosófica, doña Petrona C. de
Gandulfo, la eterna experta ecónoma, entendió que la actual sociedad
cambió sus pautas en materia de conquistar sin palabras: “En estos
tiempos que vivimos reconozco que el amor no entra más por el
estómago. Antes se conquistaba al hombre —sin que mediaran palabras—
con un plato fuerte, pero hoy se cumple muy bien el mismo cometido con
una dieta de bajas calorías”.
Natividad Gallego de Marcovecchio (49, dos hijos, presidenta del Club
Atlético Platense), atrincherada en su rol de mujer empresaria,
confesó a SIETE DIAS el secreto de su éxito cuando se expresa sin
palabras: “Yo, a mi edad, no pretendo conquistar al hombre. Sin
embargo, pienso que una personalidad como la mía, que trasunta
franqueza, también seduce a otros niveles y sin palabras. En mis
relaciones laborales —observando la cara de mis interlocutores sin
gesto adusto— he obtenido buenos resultados”.
LAS DUEÑAS DEL IDIOMA
Expertas en el arte de trasmitir mensajes con el cuerpo, modelos
publicitarias y vedettes suelen bucear, por razones profesionales,
dentro de sus personalidades, tratando de entender todos y cada uno de
sus gestos y movimientos. Ese análisis, una vez integrado, les
posibilita sintetizar el "tipo" que necesitan mostrar. “Los fotógrafos
y los camarógrafos, antes de filmar un corto, nos indican que pensemos
en un personaje similar al cual va destinado el aviso. Así, si la
publicidad es de tono sexy, en el momento de enfrentar la cámara y
para dar con la expresión corporal justa pensamos en el hombre amado”,
susurró ante SIETE DIAS Karim Pistarini (30, tres hijos), presidenta
de la Asociación de Modelos de la Argentina. Esa práctica profesional,
sin embargo, no le impide memorar los ardides que utiliza para seducir
en su vida privada. “En reuniones íntimas, observo a la gente que
habla a los ojos; los miro fijamente. Sé que esta actitud conquista,
aunque no la utilizo con ese fin sino porque es signo de buena
educación observar a quien habla". Con el lenguaje de sus manos no
parece estar conforme: "Tengo manos muy rosas, descarnadas; más
propias de una actriz que de una modelo. Pero lo
grave es que las muevo mucho, y así como mirar fijo es de buena
educación, mover las manos no lo es”. De las piernas prefiere no
hablar: “En última instancia, creo que seduzco por lo que tengo
adentro y mi simpatía, una conjunción de frescura y madurez a la vez.
Por eso, en el fondo me gusta que la gente me analice del mentón para
arriba”.
La vedette Nélida Lobato (36, un hijo) coincide con la Pistarini en
que, curiosamente, no gusta de utilizar el cuerpo para conquistar: Los
humanos transmitimos cosas con el rostro: los ojos mirando y la boca
sonriendo o seria, reflejan el alma prescindiendo de las palabras”.
Pero ese aparente desinterés por el resto de su anatomía no le hace
perder conciencia de la existencia real y concreta de un cuerpo que,
en movimiento, llena salas batiendo records de taquilla. “Pienso que
el ángel es un todo que se manifiesta en la mujer en integridad. Creo
que pueda definirlo como una cosa animal, llena de magnetismo. Pero
insisto: la platea que viene a verme se lleva una imagen mía mucho más
importante de lo que cree.
Porque aún en lo exterior se refleja algo del estado anímico de uno,
una pequeña porción de alma”. A esa causa y “a ser sexy sin llegar a
mostrarme muy agresiva”, achaca los dividendos de su fama. Un triunfo
que para N.L., además de conquistar al hombre, seduce a la mujer.
“Porque mi femineidad, que es lo que en última instancia comunica mi
cuerpo, posibilita que las señoras no vean en mí una competidora
desleal". Lo que se dice todo un éxito. Y logrado, desde luego, sin
palabras. ■
Siete Días Ilustrados
5/7/1971
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