Mágicas Ruinas
crónicas del siglo pasado
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| ARTES Y ESPECTACULOS CEREMONIA SECRETA Una noche, hace algún tiempo, Noemí Manzano se alteró por la noticia: Griselda Gambaro, dirigida por Jorge Petraglia en el Teatro General San Martín. A partir de entonces, la actriz esgrimió una alegría que tenía hondos antecedentes. No sólo la ponían frente a un personaje de perfiles singulares, también a manes de la subsistencia; tenía la posibilidad de cobrar un sueldo importante. Aunque, en ese momento, Manzano hubiese florecido en su trabajo, sin cobrar un centavo. Es cierto. Dos meses más tarde, en el tercer piso del teatro, por el lado de Sarmiento, un grupo de actores descansa entre sorbo y sorbo de café. Ese brebaje elemental. Noemí M. está con ellos en la mesa. Fuman, hablan de la obra, de lo poco que se puede hablar, ya que existe la consigna de no anticipar el argumento. Sonríen. ¿Qué supone la formación de un elenco? ¿Cuáles son las preguntas que se hace un actor cuando es llamado para intervenir en un elenco rentado? ¿Implica algunas concesiones? ¿La seriedad del acontecimiento está determinada sólo por la del director y la calidad de la obra? ¿Priva esencialmente el trabajo como realización estética o interpretativa individual, o hay toda una confrontación principista que predomine en la elección? ¿Quizá las ansias de subir a un escenario, y más precisamente en el San Martín, pueden romper una serie de esquemas prefijados? ¿Es sólo la alegría de salir de una larga lista de actores que esperan igual suerte? Son demasiadas preguntas que nadie tiene por qué realizar en voz alta. Pero el encuentro de nuestros protagonistas no fue casual. El maestro de ceremonias los convocó y ellos obedecieron. Existe algún antecedente, quizá sin mucha consistencia, pero que de alguna manera permitiría el optimismo de soñar que este hecho fortuito, que en rigor no lo es, de un grupo organizado con un solo v determinado fin —la magia,. el fenómeno, el espectáculo— siguiera más allá de la función, ya que cuando Jorge Petraglia, 40,- “poseído, inmerso en el mundo fascinante y cruel de Griselda Gambaro”, concretó su visión, pensó en las características de los personajes, su búsqueda se orientó a conseguir actores que reunieran entre sí un denominador común. Así nació un elenco para el asombro. Petraglia ya había caminado en forma reiterada los senderos de la vanguardista escritora, logrando los climas precisos, gestados por la escriba. Ahora, entonces, le resulta fácil juguetear con certeza, en la sorpresiva galería de seres creados por una mujer talentosa, ubicada en el conflicto de su tiempo. NOSOTROS LOS PERSONAJES No siempre ocurre el milagro, aunque suele aparecer inesperadamente. La crisis se manifiesta por toda una gama de expresiones decadentes, seudo vanguardistas, comerciales; reflejo de un sistema que persiste en perpetuar su hegemonía en el tiempo y pese al tiempo; el teatro y el arte en general ejemplifican las contradicciones del establishment político-económico. Resulta imposible la independencia. Peor, la coherencia. No pueden surgir respuestas para tantos interrogantes. Compulsión, confusión, son los extremos donde padecen y mueren las buenas intenciones. Walter Vidarte, 40, idealiza el trabajo, con la euforia del profesional que coteja todas las posibilidades de la criatura que surge de cada ensayo. Cada día enriquece su pasado, lo capitaliza para un presente que genera la exactitud, la génesis, de aquello que, en principio, fue un cuento. Nada que ver, la obra, le significa a Vidarte un despojo total. Una entrega sublimada hasta las últimas consecuencias. Noemí Manzano, 33, arrastra sesiones de psicoanálisis, experiencias de laboratorio, clases de expresión corporal, estudios, paréntesis largos, trabajos de calidad (Atendiendo al señor Sloane), pero no puede desligarse de sus propias emociones. Lo que siente su personaje, es su propia vida. Su realidad, su vivencia, sus creencias, serán las mismas que le brindará Vidarte, Nora Cullen, Carlos Moreno. Para existir tienen que vivirse, con plenitud, sin trampas. El planteo supone una perfección familiar. La unidad sólo es posible con un previo conocimiento humano, de iguales riquezas. ¿Puede ser un grupo? Quizá. El grupo es el elemento vital de trabajo. Nada sirve cuando todo el criterio artístico o ideológico es abstracto. La conciencia de la importancia del teatro y demás manifestaciones artísticas como parte del proceso histórico queda muchas veces sepultada en intereses individuales, con la única consecuencia de una mentira más. Carlos Moreno, 32, asume la dimensión del trabajo con todas las limitaciones que implica un contrato, el tiempo para la realización y lo efímero del encuentro. Hoy es Nada que ver, mañana algo que, es probable, no tenga nada que ver con lo de hoy. Casi un ‘ bolero. Vive de su profesión. Rara avis. La subsistencia no le permite la selección a la que aspira todo actor consciente. Se confiesa limitado, las distintas faenas, los compañeros, heterogéneos, fugaces, la TV, el cine, la plata .. . Se asusta de los planteos que, con pretensiones de revolución, sólo quedan en verba grandilocuente. Rubén Fraga, 28, hace cuatro años que trabaja con Petraglia. En esta obra asume un papel chico. Registra un historial que bordea hasta la dirección. Los pies en remojo, en el teatro Payró, lo reveló en condiciones excelentes. Todavía no empezó a elaborar su papel, pero igualmente asiste a los ensayos; “me interesa venir —insiste— para integrarme más al equipo. El otro día abrí la puerta y me encontré con una cosa alucinante, vi que habían avanzado muchísimo, tanto que me emocioné”1. Exageraciones de un hipersensible. EL SECRETO ANTIPROFESIONAL Sobre el argumento, se niega toda información. Obedece a un solo motivo: mantener la incógnita ¿el desarrollo, como factor de maravilla. Es una argucia de folletín policial. Es probable que la oscuridad del tema se devele en el estreno. No importa. El sortilegio con que Griselda Gambaro pretende deslumbrar a los argentinos ’72 quizá sea más importante. “La temática —continúa Fraga— es vigente. Creo que esta obra la va a recibir una persona completamente desprevenida, se va a divertir, porque la pieza es atractiva al máximo.” Al decir de todo el elenco: es para todo público. Prácticamente, una calificación al uso oficial. Continúan los cafés. Por cada uno de los actores han desfilado escuelas, maestros. Grandes nombres. Stanislawsky, Grotowsky, Cray. Términos que nadie le sugirió. Planteos. ¿Popular o no? Nadie dijo pueblo. Se esbozaron las posibilidades de un público masivo. No se cuestiona el arte. Ni las posibles vertientes ideológicas de los integrantes. No son tan conceptuosas las frases como para dedicarles más espacio. Son derivaciones lógicas de una charla que demistifica la ceremonia. ¿La representación, nace, crece y culmina en el escenario? ¿Se edifica con los límites precisos que le impone la escena y trepa hacia las formas de imaginación más audaces, según el texto y los intérpretes? Impugnables, de acuerdo con los cristales de los hombres de teatro. “El teatro de Griselda es sereno, no responde por encargo investiga la realidad del ser humano.” Moreno continúa portando la voz del equipo con coherencia. Pero la encargada de la nota ’ inocente y bonachona es la señora Nora Cullen; se esfuerza por dar una explicación que clarifique en parte el misterio. “Estamos en el año *72, viviendo una época, yo, él, nosotros. Todo lo ha dicho esta mujer, Griselda, con palabras hermosas. Estoy segura de que el público lo va a entender, siempre entiende. Además, con sólo mirarnos a veces nos entendemos. ¿Cómo no va a comprender los símbolos tan sencillos de la obra? ¿Ahora ya le conté el argumento?”, chancea risueña. Falta poco tiempo. Surgirá de la Sala Casacuberta con escenografía de Leal Rey. Para ese entonces, todos los actores serán personajes. La idoneidad de Petraglia permite presumir que los resultados serán lo que exigió. ¿Será suficiente? ¿La magia ha de insertarse en la realidad que cerca al hombre de hoy, más precisamente, al argentino de hoy? ¿Alcanzará para paliar la necesidad de postulaciones más amplias, que esos perfectos planteos de formalidad esteticista que suele condecorar a nuestros talentos? Nunca se sabe bien qué es lo que falla entre las declaraciones y la acción. Sí, todos afirmamos que los hombres. Pero en el mundo del espectáculo, sólo hay héroes. Fueron muchas horas de ensayos. Muchos café tomados con poco tiempo. Para algunos, significará un trabajo más. Para otros, unos meses sin preocupaciones económicas. Pero todos insisten en que la obra es mágica. Ojalá que de la galera de Griselda Gámbaro, Petraglia pueda extraer algo más que los raquíticos conejos, de colorido pelaje, que suelen corretear por las modernas y confortables salas del teatro oficial. JOSE NICOLAS 7/III72 • PRIMERA PLANA Nº 475 |
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