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Gente y la actualidad
Revista Gente y la actualidad
27/07/1978

Director Ejecutivo Aníbal C. Vigil
Subdirector
Samuel Gelblung
Jefe de Redacción
Héctor D'Amico
DETRAS DE LA ESCENA
De los apuntes de un enviado especial:
“Al costado de la ruta que va desde Aimogasta a La Rioja ciudad hay un cartel que dice: ‘Al Señor de la Peña’. El Señor de la Peña es un punto que, en ciertas fechas, convoca a millares de peregrinos. Decidimos desviarnos, hacer los catorce kilómetros por esa senda angosta y poceada y sacar unas fotos. Ya caía la tarde, pero Legarreta calculó que todavía el último sol le daría tiempo. Pero no acertó. Porque al terminar la senda empieza un salar, y toda referencia se pierde. Es como entrar en un mar blanco, sólido, atroz. Por fin encontramos El Señor de la Peña. Pero, foto va, foto viene, se nos hizo de noche. Y perdimos el rumbo. Al principio tratamos de seguir nuestras propias huellas, pero el viento no tardó en borrarlas. Con nuestro coche, pequeño y sin tracción adecuada, empezamos a dar vueltas y vueltas. Esa calesita duró horas. Cuando el frío ya era insoportable, decidimos dormir dentro delauto. Pero en ese momento vimos una luz que avanzaba a los tumbos desde la lejanía. Media hora más tarde la luz llegó hasta nosotros. Era un habitante de la zona en su camioneta. Nos dijo: ‘Vi las luces del auto y me imaginé que estaban perdidos. Vengo a sacarlos’. Ya en la ruta, le preguntamos el nombre. No nos contestó. Simplemente nos dio un apretón de manos...
Esta es apenas una historia. Una de las cien historias que vivieron Manuel Caldeiro y Antonio Legarreta en su “descubrimiento” de La Rioja, una provincia que es, por sí misma, una novela.
Con los médicos se habla de medicina, con los abogados se habla de derecho, con los arquitectos se habla de casas y de puentes. Lógica pura. Pero a veces errónea. Con ese patrón, a Oscar Alberto Ortiz, wing izquierdo de River y de la Selección, lo hubiéramos tenido que ametrallar con preguntas sobre fútbol. Y las hubiera contestado, sin duda. Hubiera dicho que prefiere la punta izquierda a la derecha, o que en el partido contra tal o cual equipo jugó bien o mal por tal o cual causa. Sin embargo, a raíz de ciertas declaraciones, descubrimos otro Ortiz: un jugador de fútbol capaz de apuntar con lucidez, por ejemplo, las virtudes y los defectos de los argentinos. Entonces habló del país, de su gente, del exitismo, del individualismo, de la falta de impulso (“Teníamos que tener un Mundial para demostrar de lo que somos capaces..de la buena o la mala cultura, de todo. Una sorpresa. Porque Ortiz, en ese 1 terreno, se movió tan bien o mejor que en materia de fútbol. Es válido preguntarse —-muchos lo harán— si Ortiz es una excepción entre los jugadores de fútbol. Y entonces es justo contestar que no: que acaso Ortiz es el símbolo de un argentino diferente. De un argentino que ha dejado de vivir a espaldas de la realidad, que sabe quién es, qué quiere y dónde está parado. Si eso es cierto, poco importa que Ortiz sea jugador de fútbol o doctor en Filosofía y Letras...
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