Volver al Indice

crónicas del siglo pasado

REVISTERO

eva24.jpg (27763 bytes)
AQUI YACE EVA PERON
(continuación)

 

Rompiendo un enigma celosamente custodiado, PANORAMA revela la verdad sobre uno de los grandes misterios de nuestro tiempo. Con este excepcional documento periodístico que PANORAMA entrega hoy a sus lectores culmina una de las más arduas y singulares investigaciones emprendidas por la prensa argentina de nuestro tiempo. Fruto de cuatro meses de indagaciones, en las cuales muchas veces el hilo de la pesquisa se perdía en una maraña de contradicciones y en pistas falsas, o se estrellaba contra verdaderas conjuras de silencio, este informe constituye la verdad y nada más que la verdad de lo que, hasta hoy, fue uno de los más inescrutables misterios argentinos. PANORAMA presenta este documento -como es norma en su probada posición democrática- con espíritu estrictamente periodístico, en forma seria, objetiva, y con absoluta prescindencia de toda especulación política.

 

 

EL PEREGRINAJE

El camión guiado por Rodolfo Fráscoli llegó velozmente al Regimiento 1 de Infantería de Marina. El soñoliento oficial de guardia dio libre acceso al vehículo sin advertir nada anormal. En la oscuridad, con una voz tensa, en que denotaba el temor de que todo el operativo se derrumbara, Moore dijo:
- Mañana vendremos a buscar el camión.
El oficial de guardia no preguntó nada. Simplemente se cuadró e hizo la venia. Lo más difícil había pasado. Los protagonistas del rapto, ya en la calle, suspiraron aliviados.
Pero aquello no duró. Varios marinos vinculados a la intervención de la CGT informaron rápidamente de lo ocurrido. El capitán de fragata Enrique Green., jefe del regimiento, tuvo una crisis de cólera. Estaba en juego su responsabilidad. Sin sospecharlo, había dado alojamiento por una noche al cadáver de Eva Perón. Aplicó un duro arresto al oficial de guardia por dar libre acceso a un camión sin revisarlo previamente.
Cuando a la mañana siguiente Moore-Koenig y sus acompañantes volvieron al regimiento, Green los estaba esperando sentado en una silla tijera, con el rostro enrojecido por la furia. Sin más trámites, exigió a los militares que retiraran inmediatamente el camión. sin embargo, la exigencia no pudo cumplirse con la rapidez que hubiera deseado Green. Una mano misteriosa había aflojado las bujías del motor. Hasta que se localizó el desperfecto pasaron por lo menos veinte intensos minutos. Por fin, con el ataúd y los cuatro comandos a cuestas, el camión dejó atrás el cuartel y se perdió velozmente en la ciudad. Era una hermosa mañana de sol.
Un investigador de PANORAMA urgió a Green para que tratara de recordar ese lejano episodio de diciembre de 1955. Green abrió sus grandes ojos e hizo un gesto de inocencia.
-En esa época -dijo- llegaban camiones con explosivos. Pero cadáveres...
El camión, con su insólita carga, quedó estacionado el 23 de diciembre a las once en Viamonte y Rodríguez Peña. A cien metros escasos del Servicio de Informaciones del Ejército. "Si lo dejábamos frente al SIE -explica hoy Koenig- hubiera llamado la atención. En cambio, en esa esquina, pasaba inadvertido".
En esa época se veían camiones militares por todos lados. Durante los veinte días siguientes el cuerpo estuvo en Sucre 1935, en barrancas de Belgrano. Por fin una noche, lo llevaron a Saavedra, a casa del mayor Arandia; se trataba de evitar, con estos traslados, que los peronistas u otros interesados se enteraran del paradero del cuerpo de Eva Perón.
Cada vez que la situación política se encrespaba, el cadáver era trasladado para evitar problemas. Por último los restos de Eva Perón guardados en un simple cajón de embalaje reforzado, fueron a parar a la sede central del Servicio de Informaciones del Ejército, en Callao y Viamonte. Los depositaron en el cuarto piso, junto con otros dos cajones, frente al propio despacho del jefe. Sobre el que contenía los restos de Evita un letrero rezaba: "equipos de radio". Solo cuatro oficiales sabían su verdadero contenido.
En febrero de 1956, Moore-Koenig estuvo cinco días en Chile, enviado por el gobierno de Aramburu. su misión era dialogar con Juana Ibarguren, madre de Eva Perón, para que esta suscribiera una autorización legal que permitiese al gobierno disponer lícitamente del cuerpo de su hija. "Nuestra preocupación -recuerda Moore-Koenig- era la exigencia de Perón de hacer depositaria del cadáver de su esposa a Elsa Chamorro, según constaba en el telegrama que le había enviado a esta desde Panamá. Queríamos tener una contrapartida legal -agrega Moore-Koenig- porque por entonces la revolución aún no estaba afirmada. Si el cuerpo hubiese caído en poder de Elsa Chamorro y de los peronistas, el gobierno no hubiera podido impedir que se lo utilizara como instrumento político".
La madre de Eva Perón dio el permiso solicitado dos meses después, Arminia Duarte, hermana mayor de Eva, regresaba a Buenos Aires. El gobierno revolucionario había levantado la interdicción de los bienes de la familia Duarte. Era la compensación por la buena voluntad de los Duarte para colaborar en la solución del candente problema. Por ese entonces, Arminia Duarte viajó a la estancia de la familia, en Monte, provincia de buenos Aires, lo que motivó que, meses después, los investigadores sospecharan que, bajo un nombre supuesto, Eva Perón podría estar sepultada en esa localidad. Dos periodistas de PANORAMA llegaron hasta el cementerio de Monte y pudieron constatar, según declaraciones de testigos presenciales, que, efectivamente, un grupo de militares había enterrado con gran sigilo un bulto extraño en las propias tierras de los Duarte. Los mismos testigos corroboraron a los periodistas que, tres días después de ese suceso, un grupo de civiles había desenterrado, en el mismo lugar, un cajón que resultó estar vacío.
A comienzos de junio de 1956, un hecho modifica la situación. Inesperadamente, el teniente coronel Carlos Eugenio de Moore-Koenig es separado de su cargo y trasladado detenido a Comodoro Rivadavia, por orden expresa del comandante en jefe del Ejército, general Francisco Cerda. Coincidentemente son relevados también dos estrechos colaboradores de Moore-Koenig: los oficiales de informaciones Fráscoli y Arandia. La prensa explica que todo esto se debió a "problemas disciplinarios internos".
El 9 de junio se produce el alzamiento peronista del general Valle que terminó con el fusilamiento de los conjurados; la temperatura política vuelve a subir y el problema del cadáver de Eva Perón se convierte en una brasa. Al hacerse cargo de sus nuevas funciones, el coronel Mario Cabanillas, jefe provisional del SIE, recorrió las instalaciones de la dependencia. Era una tarea de rutina. En el cuarto destinado a depósito de equipos de radio advirtió un cajón de dimensiones insólitas (largo y angosto) que contrastaba con los otros bultos allí depositados. La curiosidad por verificar su contenido lo llevó a descubrir, en presencia de dos oficiales, el cuerpo embalsamado de Eva Perón. "El coronel Cabanillas se aterró -comentó un militar- y cometió el error de notificar su hallazgo en forma oficial, cuando todo había sido una maniobra secreta".
Este acontecimiento obligó al gobierno revolucionario a dar un corte definitivo al caso Eva Perón.

LOS SENDEROS SE BIFURCAN

Hay un juego mágico que proviene de los bufones orientales del Medioevo: se practica con cuatro medias cáscaras de nuez y un garbanzo. Mientras el mago juega con las cáscaras con increíble habilidad manual, el espectador trata de adivinar bajo cuál cáscara de nuez está el garbanzo, que en realidad permanece oculto en la mano del prestidigitador durante buena parte del tiempo. El espectador puede encontrarse, en determinado momento, absolutamente convencido de que el garbanzo se encuentra bajo una de las cáscaras. Tiene la certeza de haberlo visto, y sin embargo, se equivoca. Es víctima del escamoteo del ilusionista.
Algo semejante sucede a medida que se investiga el caso de la desaparición del cuerpo de Eva Perón.
Circula una multitud de teorías y testimonios. Numerosas personas aseguran haber sido testigos de escenas significativas, o incluso están dispuestos a documentar, aquí, allá y más allá su participación en el entierro del misterioso cadáver.
"Yo participé en el entierro de Evita", es una frase que los investigadores de PANORAMA escucharon repetidas veces. Otros, en cambio, tratan de borrar o atenuar su participación en el drama; no escasean tampoco las coartadas y desmentidas.
Es necesario, para arribar a la sorprendente revelación final, examinar cuidadosamente todas las pistas, seguirlas hasta sus últimas consecuencias. Y a veces, desandar lo andado y volver a empezar.

 

 

sigue

eva25.jpg (13581 bytes)
un diplomático espera en una antesala: Evita estaba atendiendo a unos obreros

eva26.jpg (13037 bytes)
Eva Perón al micrófono: una oradora llameante que enardecía a su gente: las masas sindicales de la CGT que veían en ella una bandera

eva27.jpg (31573 bytes)
Juana Ibarguren de Duarte, madre de Eva: ¿sabe dónde está el cadáver, o sospecha?

eva28.jpg (13566 bytes)
Laplacente: lo burlaron/Molinari: un testimonio

EN EUROPA

El subjefe del Servicio de Informaciones del Ejército, coronel Gustavo Ortiz, y el mayor Hamilton. Díaz, viajaron a Europa en 1957, en "misión reservada". PANORAMA pudo saber que los oficiales de información tenían en su poder tres sobres lacrados cuyo contenido era de vital importancia. Se trataba, en efecto, de gestionar en Bélgica, Alemania o Italia el ingreso del ataúd que supuestamente contenía los restos mortales de la esposa de Perón. En Buenos Aires se pudo constatar que, durante las gestiones, hubo permanente contacto en clave entre el jefe del SIE, general Hector Cabanillas, homónimo del nombrado anteriormente, y el coronel Ortiz.
En Europa, investigadores de PANORAMA registraron fichas y consultaron en medios diplomáticos hasta obtener ciertos datos que permiten completar la historia. El entonces embajador argentino en Alemania Occidental, Raúl de Labougle, despachó hacia Buenos Aires un mensaje donde decía: "No obedecerá las instrucciones que se me imparten. No participaré en este siniestro procedimiento mientras no me lo indique mi Cancillería". En Bélgica, también por esa fecha, se produjo un incidente que algunos diplomáticos recuerdan: el embajador argentino coronel Quaranta, y el coronel Bernardino Labayru -agregado militar- recibieron a militares argentinos y se negaron a colaborar en ciertas tratativas que aquellos oficiales pugnaban por llevar a cabo, por orden de las autoridades de Buenos Aires. Finalmente, se sabe que el Ortiz también realizó con el mismo propósito, gestiones diplomáticas en Italia, pero su visita no ofreció obstáculos ni provocó la alarma de los casos anteriores. Estas maniobras, pues, están ampliamente documentadas: sin lugar a dudas, los enviados del Servicio de Informaciones del Ejército trataron de posibilitar el ingreso del cadáver de Eva Perón a tres países de Europa.
Las "evidencias" no acaban ahí. Hacia fines de 1957, un buque de guerra estuvo amarrado en la zona sur del puerto, a pocos metros de la calle Brasil. Los estibadores se extrañaron al ver cargar en la nave tres cajones de madera d un metro y medio de largo por cuarenta centímetros de ancho, del tipo embalaje. El episodio está ampliamente probado, y solo resulta extraño el número de cajones que fueron cargados. ¿Por qué tres?. Un oficial de marina que cree poseer la verdad, brindó un dato esclarecedor. "Se enviaron tres ataúdes a Europa -dijo -para despistar. Solo uno de ellos contiene el cadáver de Eva Perón. Uno fue enterrado en Italia, otro en Bélgica y el tercero en Alemania. Al seguir esta pista -agrega- los investigadores se confundieron y no llegaron a saber dónde estaba el auténtico cajón".
A lo largo de 1956, el Corriere della Sera -como muchas publicaciones europeas y norteamericanas- ha insistido en investigar ese caso. La última información, que data de octubre de 1965, asegura que Eva Fournier, enviada especial de France Soir, conoce el destino final del cuerpo de Eva Perón. Su versión indica que fue enterrada en la campiña romana -¿un cementerio, un convento?- por un diplomático, luego de permanecer meses en Martín García.
Hasta este punto, parece probado que Eva Perón fue sepultada en Italia. Las evidencias son múltiples y las piezas del rompecabezas ensamblan a la perfección. Solo quedan algunos puntos débiles: la duda de los dos ataúdes falsos que servirían de cortina de humo o vías muertas. Indudablemente, existió la intención notoria de impedir que pudiera descubrirse el destino de los restos: investigadores internacionales han seguido cada una de las pistas hasta llegar a una confusión enmarañada y siniestra. PANORAMA hizo lo propio: en cierta etapa, el desaliento cundió en el equipo destinado a la investigación. En principio, la tesis del entierro en Europa resultaba casi probada; solo restaba confirmar que el ataúd llevado a Italia era el verdadero, pero surgieron nuevas pistas. Desconcertantes testimonios aseguraban que el cuerpo de Eva Perón había sido enterrado muy cerca de Buenos Aires. Otros hablaba de que el cadáver estaba en Chile. Y no faltó la teoría de que descansaba en Uruguay.