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crónicas del siglo pasado

REVISTERO

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un mar de flores desbordó las calles frente al
ministerio de Trabajo y Previsión

AQUI YACE EVA PERON
(continuación)

 

PANORAMA se enorgullece de haber alcanzado, sin reparar en esfuerzos, esta primicia mundial en cuya demanda fracasaron, a lo largo de diez años, innumerables periodistas argentinos y avezados corresponsales extranjeros atraídos por un acontecimiento que, por su interés periodístico desborda y relega a segundo plano sus entretelones políticos. La documentación grabada en miles de metros de cinta magnetofónica y los testimonios firmados por testigos y protagonistas del drama -todo lo cual se encuentra depositado en un lugar seguro- fue logrado por un sagaz equipo de jóvenes periodistas encabezados por María Cristina Verrier, Ramón Nodaro, Antonio Monsi y -en la redacción y coordinación- por Rolando Hanglin.

 

 

MARTÍN GARCÍA

Diego Luis Molinari, que fue ministro peronista, entrevistó tiempo atrás al extinto Juan XXIII. Le preguntó si había conocido a Perón. Con una sonrisa, el Papa le respondió: "A lui no, ma lei si". De inmediato se interesó por el destino final de los restos de la esposa del dictador. cuando Molinari explicó que no sabía dónde estaba el cuerpo de Evita, intervino Santiago Copello: "¡Cómo! -exclamó- ¿No la enterraron en Martín García? ¡El Santo Padre se ha ocupado de averiguarlo, y siempre obtiene ese resultado!".
En efecto, no solo Juan XXIII tenía por cierta esta versión de la historia. Blanca Duarte, hermana de Eva Perón, asegura a sus íntimos que Arturo Frondizi le confesó el lugar donde habían enterrado el cuerpo: la isla de Martín García.
Cuando el equipo de PANORAMA reunió la documentación de esta segunda etapa de la pesquisa, pudo observarse que un amplio grupo de testimonios y evidencias podría probar que el cuerpo, efectivamente, se trasladó a la isla: si bien no había evidencia en sentido contrario, había serias dudas sobre la veracidad de esta tesis. Por lo menos, tan serias como las que hacían tambalear la hipótesis del entierro en Europa.
En una ocasión, uno de los cronistas entregados a esta tarea estuvo a punto de desertar. "¡Esto es un juego de brujas! -explotó- ¡Parece que hubiera una confabulación para confundirnos! Lo peor es que mucha gente jura y perjura, de buena fe, que ha enterrado a Eva Perón. O que sabe dónde está el cadáver. Y todo indica que se equivocan. Alguien los ha engañado, sin duda... Pero ¿quién? ¿cómo?

INCINERACIÓN

A medida que la investigación se prolongaba surgían nuevas, evidencias contradictorias. Una comando del movimiento peronista femenino llamada Graciela -no quiso dar a conocer su apellido- relató a un cronista de PANORAMA una historia alucinante. Quince meses atrás, esta joven alta, morena y muy atractiva, fue comisionada para una misión confidencial: averiguar el paradero del cuerpo de Evita. El relato de Graciela, que está documentado taquigráficamente, deja pocas dudas sobre su autenticidad: "Mis compañeras -dice- habían ubicado a un alto oficial de la Marina, que, según todos los indicios, sabía dónde habían enterrado a Evita, o lo que habían hecho con ella. Mi tarea fue conseguir que ese marino, un hombre maduro y muy capaz -confieso que, a pesar del abismo político que nos separaba, lo aprecié como persona- me confiase la verdad. Lo vi durante un año. Nunca hablábamos de política, pero en una ocasión le pregunté qué habían hecho con los restos de Eva. El contestó: Quemamos el cuerpo en la Escuela de Mecánica y tiramos las cenizas al Río de la Plata".
En un primer momento, se sospechó que el testimonio de Graciela solo fuera una fantasía. Se lo descartó, pero coincidía, singularmente, con algunas fuentes vinculadas a la Marina de Guerra.

EL JUEGO DE LA NUEZ

Habían sido agotadas todas las instancias. Cada pista había sido sopesada, y analizada cuidadosamente. Los investigadores de PANORAMA llegaron hasta el fin.
Toda la documentación se encarpetó. Con una gran coherencia, tres grandes posibilidades predominaban: entierro en Europa, en Martín García o la incineración.
Las pruebas se acumulaban por igual en estas tres pistas. A la vez, un cuarto grupo clasificaba evidencias aisladas, versiones que sugerían desenlaces totalmente distintos. Un grupo de dirigentes de la juventud peronista, por ejemplo, afirma haber entrevistado a Arturo Frondizi para preguntarle dónde estaba el cadáver de Evita. "Lo quemaron con ácido -habría respondido el ex presidente- y los huesos fueron sepultados en Europa". Un diplomático chileno, en cambio, estaba dispuesto a probar que Eva Perón había sido sepultada en Chile. Para ciertos sectores del Ejército, presuntamente bien informados, el cuerpo está enterrado en la estancia La Primavera, de los Duarte, en Monte, al borde del camino principal, sobre la vera oeste de un gran aromo. No faltan, en los medios responsables, quienes juran que Eva Perón fue sepultada en Campo de Mayo, o en Monte Grande, o incluso en la Recoleta, en el panteón de los Duarte, donde ha sido ubicado un misterioso ataúd cuyo tamaño correspondería al cuerpo de una mujer menuda.
El equipo de PANORAMA, como todos los investigadores anteriores, se debatía en este punto entre las tres hipótesis "mayores" y las teorías aisladas, investigadas todas minuciosamente. Con respecto a los responsables de la desaparición del cadáver, existía una confusión parecida. Testigos autorizados aseveran que el general Hector Cabanillas -por aquel entonces jefe del SIE- tendría en su poder una carpeta oficial con toda la documentación sobre el caso. En esa carpeta estaría fotocopiado un recibo que el coronel Moore-Koenig extendió a Alberto Patrón Laplacette, interventor de la CGT, después de retirar el cuerpo de la central obrera. También constarían los sobres lacrados que Ortiz y Díaz -los ya citados oficiales del SIE- llevaron a Europa para gestionar el entierro.
Otras fuentes no reparan en el papel cumplido por el huidizo general Cabanillas -se niega a ser reporteado- en el proceso, y prefieren dirigir su mirada hacia el capitán Francisco Manrique. Porque dicen recordar con precisión que, a fines de 1956, fue el temperamental marino quien había recibido de Aramburu la orden de resolver el problema de los restos mortales de Eva Perón.
Con la documentación enviada por los corresponsales en París, Roma y Nueva York y las pruebas recogidas por los enviados especiales en Chile y Uruguay, PANORAMA contaba, pues, con todo el material posible. Fue entonces que se dedujo, a partir de las evidencias, la estremecedora verdad: aquella montaña de documentos no era sino la prueba de una gigantesca maniobra, un magistral juego de la nuez y el garbanzo, que engañó al mundo durante diez años de intriga.
Consta que Arturo Frondizi dio tres versiones diferentes de este enigma. Las tres de buena fe. Porque, en realidad, ni Frondizi, ni Aramburu, ni ningún otro presidente argentino han sido informados del destino del cadáver de Eva Perón. Solo se les dijo que había sido sepultado cristianamente. En el Congreso circuló la idea de interpelar al Poder Ejecutivo sobre la cuestión, al incorporarse la bancada peronista. Porque tampoco los legisladores lo saben. Ni siquiera el propio Perón tiene una noción exacta del lugar donde reposan los restos de su segunda esposa.

Se arriba así, racionalmente, a una conclusión que luego será comprobada en los hechos, Eva Perón ha sido enterrada innumerables veces. Un crecido número de personas cree haberlo hecho. Pero todas ellas son víctimas de un engaño. Porque alguien creó deliberadamente, artificialmente, una nube de pistas falsas para ocultar el verdadero destino del cuerpo de Eva Perón. Por eso, cada vez que las investigaciones parecían llegar a un final sólido, indicios contradictorios alteraban totalmente el rumbo de la pesquisa.
Al arribar a esta conclusión, la investigación de
PANORAMA cambió, orientándose hacia los hombres claves, los personajes ocultos tras la cortina de humo. Son cuatro, solo cuatro, los que hasta hoy sabían la verdad, y que, a través de un cuidadoso plan, lograron frustrar las pesquisas con una superposición de pistas falsas. Esta última etapa de la investigación no tiene precedentes y solo fue posible encararla una vez agotadas todas las hipótesis y presunciones que lograron confundir a la opinión pública mundial.
Esa verdad, la última y esclarecedora verdad sobre el destino final de los restos de Eva Perón, está contenida en el informe que sigue.

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Señorans y Lago: ¿qué hacer?
Juana Larrauri: le pagó a Pedro Ara

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Pedro Ara: embalsamó el cadáver
Blanca: la hermana misteriosa

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Aramburu, Rojas, Labayru: el antiperonismo fuerte copa la Revolución y comienza el interrogante angustioso: ¿qué hacer con el cadáver de Evita?

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Manrique: una figura clave en el misterio
Un Perón compungido deja la sala mortuoria

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Llanto por Evita. Colas interminables serpentearon las aceras para ver a Evita

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La cureña fúnebre avanza escoltada por las tropas

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